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Incorpóralos a tu rutina

4 pequeños cambios que modificarán tu vida

La suma de todos ellos es lo que conduce a resultados positivos y a una transformación personal consolidada en el tiempo.

Gema Salgado

Un conocido poema del Tao Te Ching dice que un viaje de mil li (unidad de distancia equivalente a medio kilómetro) comienza con un paso. Este humilde pensamiento refleja el poder que puede ejercer la sucesión de pequeños actos o gestos cuando siguen una dirección coherente.

También es una imagen clarificadora que debiera ayudar a rescatar la voluntad adormecida y el compromiso personal para crear, paso a paso y sin cejar en el empeño, la mejor versión de uno mismo. En un momento dado todos necesitamos mejorar algún aspecto de la vida: alimentación, condición y aspecto físico, relaciones de trabajo o personales...

Pero a menudo elegimos metas excesivamente ambiciosas. Aunque se suele comenzar con ilusión, al tratarse de objetivos poco concretos y difíciles de conseguir, fácilmente se abandonan a medio camino o bien se acaban aplazando por falta de tiempo, de resultados positivos o por simple aburrimiento.

Para que los cambios lleguen a buen puerto es importante plantearse objetivos alcanzables más que utópicos e inaccesible

¿Qué ocurriría si camináramos paso a paso, si dedicáramos una semana a cambiar un aspecto de la alimentación o a incorporar un ejercicio físico en nuestra rutina; otra semana a mejorar algo de nuestro entorno laboral; otra, a rescatar una antigua relación personal o a trabajar algún aspecto de nuestro interior... hasta completar todas aquellas cosas en las que no acabamos de sentirnos satisfechos?

Pues que la vida se iría transformando, paulatinamente y casi sin ser conscientes, en una realidad estimulante y creativa, en ese sueño que antes parecía imposible. Para que estos cambios lleguen a buen puerto es importante plantearse objetivos alcanzables y sensatos antes que otros utópicos e inaccesibles, por seductores que resulten.

Es fundamental trazarse metas concretas, y depara mejores resultados acometer aquellas que parecen insignificantes. En este artículo se ofrecen algunas propuestas de este tipo.

1. Gestos saludables

Alimentarse equilibradamente es, junto al ejercicio físico, una de las principales fuentes para ganar energía y sentirse sano y optimista. Abandonar el sedentarismo también refuerza el cambio de hábitos dietéticos, ayuda a quemar calorías y toxinas y hace ver la vida de una forma más positiva.

Un pequeño gesto como apuntar las comidas y las tablas de ejercicios que se hacen a diario, con nuestras impresiones sobre cómo nos sentimos, puede ser un buen punto de partida para consolidar los progresos.

  • No sobrecargar el organismo. Se puede comenzar la semana con el propósito de disminuir sensiblemente o eliminar, si no es complicado, aquellos nutrientes que resultan más perjudiciales para el organismo y de los que se tiende a abusar: azúcar, cereales refinados (pan blanco, bollería), platos grasos, café y refrescos. También se puede optar por cambiar la forma de cocinar reduciendo las frituras y guisando al vapor o al horno.
  • Alimentarse con inteligencia. Se trata de buscar hábitos positivos y estables con una alimentación que aporte los nutrientes necesarios. Se puede dedicar una semana a comer más frutas y hortalizas, al menos tres raciones diarias de frutas y dos de hortalizas. Los productos del huerto son importantes fuentes de vitaminas, minerales y tienen un elevado contenido en fibra. Durante otra semana se podría dedicar otra semana a mantener una ingesta de grasas saludables con predominio del aceite de oliva.
  • Comer con los cinco sentidos. El placer es uno de los ingredientes de la felicidad y tiene un componente sensorial. Gracias a los sentidos es posible disfrutar conscientemente de la comida. La clave es gozarla poco a poco. Si realmente se disfruta es lógico no excederse y quedar satisfecho con menos. Para que la comida sepa divinamente en cada bocado no hay nada como atender a los cinco sentidos: masticando bien, saboreando el alimento, apreciando y observando su textura, con calma, sin prisa, y haciendo de la experiencia de alimentarse un verdadero momento para nutrirse y agradecer, como un gesto de amor, a la vida, al sol, a la lluvia, a la tierra y al agricultor que hayan hecho posible que esos alimentos estén en nuestro plato. De esta forma, al ser más conscientes, nos sentiremos más saciados y menos ansiosos.
  • Caminar o pedalear a buen ritmo. Siempre es aconsejable practicar ejercicio con regularidad, como caminar a buen ritmo durante 30 minutos, ir en bicicleta, disfrutando del contacto con la naturaleza, hacer yoga, ir al gimnasio, bailar...

Estas actividades preparan para afrontar el día con mayor energía si se realizan a primera hora de la mañana, antes de trabajar, o para reducir el estrés si se practican una vez concluido el trabajo.

Además de mejorar la condición física se obtiene mayor tonificación muscular, beneficios sobre el sistema cardiovascular (reduce los índices de colesterol y glucosa) y debido a las endorfinas que se generan constituye un antidepresivo natural eficaz, como destaca el psiquiatra Christophe André en su libro Los estados de ánimo (Ed. Kairós).

2. Relaciones más positivas

La forma de enfrentarse a la jornada laboral es distinta si se incorporan al día a día estímulos que rompan la rutina y permitan ganar experiencias positivas en el desempeño de las tareas y de las relaciones personales.

  • Elegir un camino diferente para ir de casa al trabajo evita lo previsible, incita a estar más atento al momento presente y permite conocer nuevos paisajes, otras escenas cotidianas y una visión más "aventurera" del día. Dependiendo de la distancia, también se puede intentar ir en bicicleta o caminando, con lo que, además, se comienza la jornada mucho más activo.
  • Dar lo mejor de uno mismo. Empezar el día con una actitud positiva respecto al trabajo, con ilusión por lo que se hace y realizando las tareas de forma impecable, aunque no se trate de una labor vocacional, nos hace sentir en el camino correcto. Por otra parte, ser generoso, respetuoso con los compañeros, evitando malentendidos, sin dejar de ser asertivo, ayuda a mejorar aspectos de la personalidad.
  • Buscar nuevos alicientes. Llevar una taza nueva de té al trabajo para preparar infusiones, sorprender a los compañeros con un pastel casero o realizar pausas breves a lo largo de la jornada para intercambiar impresiones son pequeños detalles que nos hacen sentir bien y permiten transmitir sentimientos positivos en el entorno laboral. También se puede aprovechar el mediodía para escaparse, leer un libro interesante o dar un paseo y relajarse con la luz del sol y los árboles en un parque cercano. Lo interesante es encontrar una motivación que permita cambiar de rutina.

3. La importancia de los demás

Numerosos estudios han demostrado que las personas que cuentan con una red de relaciones importante y que tienen vidas activas viven más tiempo y gozan de mayor salud. Por eso y porque necesitamos amar y sentirnos amados es importante dedicar pequeños momentos a enriquecer las relaciones con la pareja, los familiares y los amigos, así como a crear nuevos lazos.

  • "No crítica" y "no autorreflexión". Agustín Orea, chamán mexicano asentado en España, recomienda un ejercicio eficaz para ganar conciencia y controlar a los principales enemigos de uno mismo y de las relaciones con los demás: la crítica y la importancia personal. Se trata de realizar el ejercicio de no criticarse ni criticar a otros negativamente, ni mantener pensamientos repetitivos sobre nadie durante tres días a la semana, así como tampoco dar consejos, aunque sean constructivos. Y también por otra parte, intentar durante tres días no hablar a los demás de uno mismo, de lo que se hace o se siente. De esta forma se aprende a observar lo que acontece sin juzgar y se centran los pensamientos y conversaciones en algo que trascienda la importancia personal y que nos enriquezca de igual modo.
  • Cuidar los detalles. Cada persona necesita de atención y cuidados. Quien se deje arrastrar por las obligaciones pensando que las relaciones se mantienen solas puede reconducir este hábito y dedicar un día a la semana a llamar por teléfono o a encontrarse con aquellos familiares o amigos a los que no se ve desde hace tiempo. Quizá baste con enviar un correo personal para indicarles que se los tiene presentes o, si se dispone de tiempo, prepararles una pequeña sorpresa o algún detalle. Recordar las fechas de los cumpleaños o estar disponible cuando a uno le necesitan son esos pequeños gestos que permiten mostrarse activo en el devenir de la vida y atento a lo que ocurre, por tanto, más comprometido.


4. Crecimiento personal

"La vida es eso que ocurre mientras estamos haciendo otros planes", decía John Lennon. Y no debería ser así. Tendríamos que sentir que avanzamos y crecemos interiormente mientras trabajamos o nos relacionamos. Hay pequeños gestos que se pueden incorporar en la rutina diaria que nos acercan al objetivo de aceptarnos, sentirnos felices y estar en paz con lo conseguido y lo aportado al mundo.

  • Desarrollar la propia creatividad. Tener aficiones es una fuente de alegría y de felicidad y debería ser un tema prioritario, especialmente si el trabajo no permite expresar del todo el propio talento o no hay suficiente tiempo para ocuparse del crecimiento interior. Se puede dar un primer paso reflexionando sobre lo que nos gustaría estudiar o practicar. Las aficiones enriquecen y las posibilidades son infinitas.
  • Una vida más comprometida. Cuando se vive una vida solidaria esta se llena de sentido y se experimentan emociones positivas. Colaborar con una oenegé o en un proyecto social o medioambiental puede despertar una visión más amplia sobre el sentido de la existencia. Sentirse útil y dedicar una parte del tiempo libre a los demás es una de las experiencias más gratificantes para el ser humano.

Los pequeños grandes cambios, en definitiva, siempre serán el fruto de un despertar, de tomar parte activa en aquello que nos sucede a distintos niveles de nuestra vida, de prestar atención a los acontecimientos y de atreverse a ir más allá de lo ordinario, lo establecido y lo rutinario, reinventándose a cada paso y aceptando los problemas como retos que ayudan a crecer.

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