Libertad sexual deseo maternal salud

Salud integral

Vivir la sexualidad y la maternidad sin inhibiciones

La libertad sexual y la maternidad natural responden a los instintos de reproducción, supervivencia y búsqueda del placer. No reprimirlos es un pilar de la salud holística.

Jesús García Blanca

El instinto sexual forma parte de nuestra respuesta vital necesaria para la autoconservación y refleja la tendencia natural biológica hacia el placer y el bienestar. Las interferencias en la sexualidad se reflejan en nuestro cuerpo y nuestras emociones y condicionan nuestra salud física, mental y emocional.

El sexólogo y psicólogo clínico Xavier Serrano considera que la sexualidad es un instinto de autoconservación y supervivencia equiparable al hambre o al sueño, solo que con una regulación distinta, mucho más sutil.

Del mismo modo que se puede morir de hambre o de frío, se puede sufrir y enfermar por culpa de los tabúes que limitan la sexualidad.

Vivir y expresar tu sexualidad, básico para la salud integral

Serrano explica que la diferencia entre las sociedades primitivas matriarcales y las patriarcales es que, en las primeras, el sexo se regulaba de modo directo y no existían tabúes relacionados con el cuerpo.

En cambio, en las sociedades patriarcales, del mismo modo se han alterado todos los instintos, incluyendo la alimentación y los biorritmos naturales, se producen de modo explícito o implícito una regulación cultural y una represión sexual que trastornan el desarrollo energético.

La energía sexual y la energía vital

La importancia del instinto sexual viene dada por su relación con la "energía vital". El psiquiatra y pionero de la crianza ecológica Wilhelm Reich, autor de obras como La revolución sexual y La función del orgasmo (Ed. Paidós), descubrió que la sexualidad es nuestra forma de regular la energía vital.

Desde este ángulo, abandonarse al instinto es recuperar el aspecto salvaje, la capacidad de autorregulación energética, la armonización con los biorritmos, que tanta influencia tienen sobre la salud física, mental y emocional.

El instinto sexual existe y se adapta a cada uno de los ecosistemas en los que desarrollamos nuestra vida: el útero, el cuerpo de la madre, la familia, la escuela, la sociedad.

Si el entorno se muestra agresivo contra la expresión de la sexualidad, nos adaptamos al precio de no satisfacer nuestros instintos, lo que crea problemas en el flujo de energía vital y da lugar a lo que Reich llamó "coraza", así como a diferentes trastornos emocionales y físicos.

Un instinto distorsionado o reprimido

En su libro Las funciones de los orgasmos (Ed. Ob Stare), el obstetra francés Michel Odent equipara el reflejo de expulsión del feto y de la leche materna con el reflejo del orgasmo femenino. Todos estos reflejos están regidos por el cerebro arcaico y modulados por el mismo complejo hormonal: oxitocina, endorfinas, adrenalinas y prolactina.

Odent considera que el desarrollo del neocórtex resulta un impedimento en determinadas situaciones, ya que inhibe procesos inconscientes, en particular en los nacimientos y en los encuentros sexuales. De ahí su insistencia en respetar la intimidad de la mujer parturienta, porque las luces o la presencia de terceras personas estimulan el neocórtex y, por tanto, interfieren con la acción refleja del cerebro primitivo y con el flujo de hormonas.

Durante milenios hemos distorsionado el proceso perinatal y la sexualidad mediante infundios sobre la peligrosidad del calostro, mutilaciones genitales rituales, matrimonios concertados, represión y tabúes sexuales de todo tipo…

En definitiva, se ha coartado la sexualidad libre en todas sus formas. Recuperarla es un factor clave para el bienestar integral de todas las personas.

Ser madre, la liberación del deseo maternal

María Jesús Blázquez, bióloga y fundadora de la asociación Vía Láctea, considera que el placer que acompaña a la maternidad guiada por el deseo está reprimido, y cuando se manifiesta, provoca reacciones de incomprensión.

Hay madres que han logrado transformar el miedo en deseo. Son las llamadas madres salvajes: protegen su naturaleza instintiva y escuchan y responden a las necesidades de sus criaturas por encima del dictado de los "expertos".

Estas mujeres "insumisas" paren con gozo dejando fluir su instinto, que facilita el proceso. Lo hacen en un hábitat con intimidad, calidez, confianza y libertad de movimientos acompañadas por personas respetuosas que confían en su capacidad para parir y en la de sus criaturas para nacer.

El abrazo madre-criatura, el dar de mamar, amar y dejar aflorar los instintos, despierta una sabiduría instintiva que nadie puede controlar y que empuja a las mujeres hacia cambios profundos que recuperan el sentido de la maternidad para la humanidad.

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