Mecanismos de defensa y adaptación

Nuestro organismo frente al misterio de los virus

Sus secuencias de información les permiten reproducirse infiltrados en el cuerpo. Pero en muchos casos el organismo sabe hacerles frente, e incluso utilizarlos en su beneficio.

Pablo Saz
Dr. Pablo Saz

Médico naturista. Investigador en la Universidad de Zaragoza

La palabra virus permite comprender el origen de un buen número de dolencias, ya sean gripes, gastroenteritis o herpes. También sirve para explicar el problema que se infiltra en nuestro ordenador como información no deseada y que es capaz de parasitar o destruir el sistema informático.

Envuelto en un halo de misterio, en la actualidad el conocimiento de los virus está planteando preguntas de sumo interés.

Nuevas formas de verlos se están uniendo a las tendencias de una microbiología positiva, que intenta entender que estos microorganismos forman parte de nuestra vida y, en general, nos benefician más que nos perjudican.

¿Qué es un virus y cómo afecta al organismo?

La palabra virus deriva del latín virus, que significa toxina o veneno.

Se trata de una entidad biológica capaz de autorreplicarse utilizando para ello la célula de otro organismo, pero también bacterias e incluso otros virus.

Están compuestos por una cápsida de proteínas que envuelve al ácido nucleico, que puede ser ADN o ARN. Esta estructura puede a su vez estar rodeada por la envoltura vírica, una capa grasa con diferentes proteínas.

Los virus han demostrado siempre una gran capacidad de contagio y en algunos casos han multiplicado la mortalidad, en especial en periodos de hambre y elevado deterioro ambiental.

Hasta no hace mucho la medicina se limitó a observar este problema, a controlarlo con vacunas y, actualmente, a preparar medicación antiviralcuya eficacia y toxicidad generan cierta polémica.

Hay que observar que ante las enfermedades víricas siempre ha habido supervivientes. El cuerpo está bien equipado y repele ataques de virus probablemente varias veces al día.

Posee además una memoria indeleble para los microorganismos, de modo que, una vez invadido por un virus determinado, queda inmunizado de por vida e incluso puede transmitir genéticamente mecanismos de defensa contra él. Por eso los niños, desprovistos de células de memoria, deben afrontar muchas infecciones víricas.

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Los microbiólogosobservaron que las bacterias que aislaban en los casos del sarampión, la gripe o la viruela no guardaban relación alguna con la enfermedad. Llegaron así a laconclusión de que existían enfermedades infecciosas causadas por agentes más pequeños.

En los primeros tiempos de la bacteriología, el holandés Beijerinck descubrió que el agente productor de la enfermedad del mosaico en las plantas del tabaco atravesaba los poros de un filtro de porcelana que retenía todas las bacterias.

Hacia finales del siglo XIX, dos investigadores alemanes observaron que el germen de la glosopeda del ganado atravesaba también esos filtros; de ese modo determinaron la existencia de virus que afectaban a los animales. A eso siguió un período en el que se achacó a los virus toda enfermedad manifiestamente infecciosa que no se pudiera asociar a microorganismos visibles o cultivables.

Hoy sabemos que los virus se encuentran en todas partes y no siempre causan síntomas de enfermedad.

La moderna clasificación de los virus se basa en las características de unas partículas víricas, los vibriones, que transfieren la infección de una célula a la más próxima.

El criterio básico es la naturaleza del ácido nucleico y su número de genes. También es importante la forma geométrica en que se disponen las moléculas proteínicas en torno al ácido nucleico.

El objetivo inicial de la virología médica era aislar el agente de la enfermedad y establecer su autenticidad mediante los ensayos incluidos en los postulados de Koch:

  1. el microorganismo debe estar presente en todos los casos de la enfermedad;
  2. debe propagarse en un cultivo;
  3. los organismos obtenidos deben causar la enfermedad al ser inoculados en animales y ser recuperados después.

Como cultivos se han utilizado animales a los que se inyectaba el virus, más tarde el embrión de pollo o huevos y después cultivos de células de estos animales, incluyendo células embrionarias y una gran variedad de células adultas. En investigación se utilizan mucho estas estirpes de células; la mejor conocida es el tipo HeLa del cáncer humano.

La mayoría de los virus matan las células en las que se multiplicaron. Los signos de la lesión celular, conocidos como efectos citopáticos, permiten determinar el crecimiento del virus mediante un microscopio de poca potencia.

Estos métodos se pueden adaptar para ensayar si un suero dado neutraliza o no al virus.

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¿Cómo detectar un virus?

Pero uno de los resultados más importante del desarrollo de los métodos de cultivos celulares ha sido la comprobación inesperada de que los virus relativamente inofensivos son casi tan abundantes como las bacterias inofensivas.

Si observamos cuidadosamente un número bastante grande de micrografías electrónicas de cortes procedentes de un animal cualquiera, ya sea sano o enfermo, estamos expuestos a encontrarnos unas cuantas partículas virósicas.

Los virus son ubicuos y lo más frecuente es que no produzcan ningún daño a su huésped.

Todo esto coincide con el hecho, hace ya tiempo conocido, de que hay infecciones subclínicas por virus y bacterias que son capaces de causar enfermedades en otros individuos.

La detección de anticuerpos llamada serología es la clave para la interpretación serológica de las enfermedades virales. Conviene entender que se trata de un análisis retrospectivo, cuando la infección ha pasado, ya que detecta los anticuerpos que se desarrollaron tras una infección viral. Cuando ha habido cambio después de unos días, la seroconversión tiene valor diagnóstico.

¿Cómo se transmiten los virus?

Los virus se contagian normalmente por contacto humano, ya que no pueden sobrevivir mucho tiempo lejos de un organismo -eso los diferencia de las bacterias-.

Les gustan los tejidos cálidos y húmedos, como la mucosa nasal. Una vez en el cuerpo, ciertos virus tienen predilección por determinados tejidos y emplazamientos (los de la gastroenteritis, por el intestino; los de la polio, por las células nerviosas de la espina dorsal).

Numerosas enfermedades virales del hombre proceden de reservorios de mamíferos o aves y son portadas por artrópodos, como los mosquitos o las garrapatas. Merece la pena recordar que la fiebre amarilla se erradicó de Cuba y de la zona del canal de Panamá antes de que se determinara si la causaba un virus: bastó controlar a los mosquitos y las garrapatas.

A partir de este hecho se deduce que esos virus deben ser lo bastante versátiles como para poder crecer en las células de los insectos. Y también en una gama considerable de células, desde las de los mamíferos o las aves hasta las del hombre.

La mayoría de los insectos y otros artrópodos tienen sus propias infecciones virales, limitadas por lo general a un pequeño grupo de especies. Se dice que estos virus no dan saltos de especie a especie, pero la historia nos ha demostrado lo contrario.

La transmisión a través del agua insalubre unida a la desnutrición es un caldo de cultivo óptimo para enfermedades víricas con mal pronóstico.

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¿Son útiles los virus para nuestro cuerpo?

Los estudios moleculares de los genomas animales y vegetales están arrojando resultados sorprendentes. En todos ellos se han identificado abundantes secuencias de ADN que son "virus endógenos".

La mayoría se consideran derivados de virus exógenos que "infectaron" las diversas especies en el pasado y que se han convertido en endógenos mediante la inserción en células germinales.

La cantidad de ADN que se descubre de origen viral aumenta constantemente (intrones, secuencias repetidas...). Pero lo más asombroso son sus aspectos funcionales: los elementos móviles inducen reordenamientos cromosómicos y cambios en la expresión y regulación génica, en genes relacionados con la histocompatibilidad, con las alfaglobulinas, con la activación de oncogenes...

Incluso transposones (secuencias de ADN capaces de replicarse) transmitidos por bacterias producen en animales y plantas cambios en células germinales que transforman la proporción de sexos de la descendencia, de modo que hasta el 90% son hembras.

Este fenómeno se produce como respuesta a condiciones ambientales adversas y, por cierto, explicaría el fenómeno de feminización observado recientemente en peces y cocodrilos.

Hoy muchos consideran que los virus suministran material genético para ayudarnos en cierta manera a adaptarnos a las dificultades medioambientales.

En cuanto a los virus endógenos, claramente reconocidos, se expresan, entre muchas otras, en funciones tan significativas como las siguientes: partículas retrovirales defectivas son las responsables de los mecanismos de "impronta" paterna y materna que hacen posible la placentación.

Otros antígenos de origen retroviral se han encontrado implicados en el proceso de diferenciación de células trofoblásticas de la placenta humana. En conjunto, más de mil secuencias génicas, perfectamente conocidas, que se expresan en 37 tejidos humanos, se han identificado como correspondientes a retrovirus endógenos. Se expresan como parte constituyente en cerebro, embrión, pulmón, riñón...

Este hecho nos puede hacer pensar, no solo que formamos parte de un equilibro ecológico en el que tienen importancia los virus, sino en establecer planteamientos más cuidadosos al emplear antivirales con grandes efectos secundarios.

También nos hace pensar en los conceptos que otras medicinas han tenido sobre la infección y cómo estas nos ayudaban a adaptarnos al medio.

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El cuerpo fabrica anticuerpos para neutralizar específicamente a un virus. La propia célula contaminada produce grandes cantidades de interferón, que aumentan con la fiebre, e induce a las de alrededor, a la vez que envía mensajes a los linfocitos para que envíen anticuerpos y, si no los hay, los produzca en concreto para ese tipo de virus.

Libros para saber más de los virus

  • Las fronteras del virus; Robin Marantz. Ed. Acento
  • Vivir con hepatitis; Gregory Everson. Ed. Neo-Person

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