6 claves

Obesógenos: 6 formas de evitar las sustancias que te hacen engordar

Dr. Leornardo Trasande, especialista en salud pública

Los obesógenos son sustancias químicas que nos hacen ganar peso y que llegan al cuerpo a través de los alimentos, sus envoltorios, las bebidas y el menaje. Descubre 6 maneras efectivas de evitarlos.

La ciencia señala que el aumento de la obesidad pueden ser consecuencia de la exposición a sustancias químicas que ahora se conocen como obesógenos. Los obesógenos son contaminantes invisibles que actúan como disrupores endocrinos, alterando las propias hormonas y favoreciendo la ganancia de peso.

Estudio tras estudio, se ha demostrado que la mayor incidencia de estas afecciones se puede relacionar directamente con las sustancias químicas presentes en nuestros alimentos, en el medio ambiente y en los productos del hogar y de cuidado personal que utilizamos.

¿Qué sustancias químicas hacen engordar más?

Las sustancias químicas sobre las que se dispone de evidencias más sólidas en cuanto a sus efectos sobre la salud son los pesticidas, los plastificantes y los bisfenoles, los cuales se utilizan en el revestimiento de las latas de alimentos y bebidas.

Por ejemplo, en un estudio de impecable ejecución publicado en el Nurses’ Health Study, los expertos observaron una evidencia sólida en cuanto al papel de los ftalatos –una sustancia química utilizada en la producción industrial envoltorios y envases de alimentos– en el desencadenamiento de la obesidad en adultos.

Piensa en las botellas de agua y los envases de comida rápida que pueden incluirlos. Estas sustancias pueden migrar desde el interior del material y desprenderse con el tiempo, entrando así en el entorno y, a menudo, en el cuerpo humano.

Ahora observamos que, a pesar de que las propias sustancias suelen ser excretadas a los pocos días de entrar en el cuerpo, dejan tras de sí una serie de efectos duraderos.

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¿Cómo nos engordan los obesógenos?

No es fácil ni cómodo aceptar estas ideas, y puede que te lleves las manos a la cabeza cuando descubras que estas sustancias químicas se producen y distribuyen a gran escala, que están sometidas a una regulación mínima y que seguirán sembrando el caos en nuestras vidas durante generaciones.

Este es un fragmento del libro que he publicado Enfermos, gordos y pobres (Ed. Paidós, 2020), en el que cuento mucho de lo que hemos descubierto los científicos que investigamos las sustancias conocidas como disruptores endocrinos.

¿Cómo reducir la exposición a los obesógenos? Estas son algunas de la medidas prácticas que ayudan a ello.

1. Reducir el consumo de alimentos procesados

Los envases de la comida procesada son ricos en este tipo de sustancias. Al calentarlos se propicia su paso al alimento, y acaban en el interior del cuerpo.

Por ello, alimentarse de comida rápida –que viene en envases– se asocia con unos niveles de ftalatos en la orina mucho más elevados (desde un 20 hasta un 40% más elevados).

2. Llevar una dieta más ecológica

Contrariamente, incrementar el consumo de alimentos frescos, de cultivo ecológico, reduce la exposición a obesógenos como los pesticidas. Consumir alimentos ecológicos es especialmente importante en el caso de las verduras y hortalizas de hoja verde porque te comes la parte de la planta que entra en contacto con el pesticida.

Ningún método de limpieza es cien por cien efectivo cuando se trata de eliminar los residuos de los pesticidas por completo.

Cuando adquieres alimentos con la etiqueta de "ecológico", puedes estar seguro de que no contienen ningún organismo modificado genéticamente (OMG), sobre todo teniendo en cuenta que algunos cultivos modificados genéticamente se han tratado con herbicidas como el glifosato.

Deja que te cuente algunas cosas sobre cómo te puede ayudar comer alimentos ecológicos.

  • Menos exposición. En un estudio de 2006, Chensheng Lu y sus compañeros, entonces en la Universidad Emory, observaron a un grupo de alumnos de primaria durante quince días y les dieron exclusivamente alimentos ecológicos. ¿Cuál fue el resultado? Los científicos demostraron que "una dieta ecológica proporciona un efecto drástico e inmediato contra las exposiciones a los pesticidas organofosforados de uso frecuente en la producción agrícola".
  • Menos vía de entrada. También concluyeron con contundencia que los niveles más elevados de pesticidas hallados en la orina de los niños antes del estudio se debían a la exposición recibida a través de los alimentos que ingerían. Así, la dieta constituye una vía de entrada de los tóxicos al organismo.

Un estudio más reciente, de 2015, llevado a cabo por Asa Bradman y sus compañeros de la Universidad de California en Berkeley, también confirmó la efectividad de una intervención dietética ecológica en las comunidades urbanas y agrícolas de rentas bajas.

El éxito del estudio es una muestra del valor que tiene hacer un esfuerzo específico para comprar productos ecológicos cuando se trata de las frutas y verduras que están más expuestas a los pesticidas.

Y es que las trazas de metabolitos de organofosforados, así como el herbicida 2,4-D (que se ha asociado con el linfoma no Hodgkin y el sarcoma), también disminuyeron.

3. Evitar envases alimentarios con bisfenol A (BPA)

Seguro que al bisfenol A (BPA) ya lo conoces. Los estudios en laboratorio sobre el BPA han mostrado que presenta muchas de las características prototípicas de los obesógenos: aumenta el tamaño de las células adiposas, es un estrógeno sintético y puede alterar el funcionamiento de la tiroides.

También puede bloquear la función de la adiponectina, una hormona que nos protege contra las enfermedades cardiacas. ¿Dónde está?

  • Se usa en el revestimiento de las latas de alimentos y bebidas, así como en el papel térmico que se emplea para los recibos, aunque se ha prohibido en los biberones y botellas para bebés.
  • Los bisfenoles se utilizan en los envases metálicos de alimentos y bebidas para evitar la corrosión. Lo que los fabricantes no sabían es que se degrada y se desprende de los revestimientos de las latas y penetra en los alimentos que contienen.

Pásate al cristal y evita los plásticos en la cocina, especialmente en los recipientes para almacenar alimentos grasos. Así se evita que ftalatos, estirenos y bisfenol A pasen al alimento.

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4. Evitar los envases con sustitutos del bisfenol

Fíjate en las botellas de agua y otros envases que llevan una etiqueta que dice "sin BPA". A medida que se ha puesto de moda la retirada del BPA, también han aparecido un puñado de sustitutos: el BPP, el BPF, el BPS, el BPZ y el BPAP, por nombrar unos cuantos, los cuales plantean amenazas similares, si no peores.

Lo mejor es evitar los envases de plástico duro (policarbonato) por completo, evitar latas y envases con recubrimiento de BPA interior, siendo el cristal la mejor opción. Familiarízate con los distintos tipos de plástico. El código de reciclaje que llevan los envases te ayuda a conocerlos mejor.

Códigos obesógenos
  • PETE (1): Polietileno, puede contener tereftalato. Común en botellas de plástico de agua. Mejor no reusarlo.
  • HDPE (2): Polietileno de baja densidad, presente en envases, botellas y tápers. De un solo uso.
  • PVC (3): Cloruro de polivinilo o PVC, contiene ftalatos. Evitar en contacto con alimentos y bebidas.
  • LPDE (4): Polietileno de alta densidad, en bolsas de plástico y algunos envases. Mejor evitarlo.
  • PP (5): Polipropileno, es el único plástico que la OMS da como bueno para contacto con alimentos.
  • PS (6): Estireno, presente en bandejas de comida envasada y vasos para llevar. Mejor evitarlo.
  • Otros (7): Bisfenol A, bajo la denominación de «otros» se esconden el bisfenol A y sus sustitutos.

5. Utilizar sartenes y utensilios sin PFOA

Las sustancias perfluoroalquiladas (PFAS), contienen múltiples átomos de flúor en su estructura, lo que les proporciona unas características antiadherentes que las hace atractivas para su uso en menaje de cocina, y también tejidos y muebles. El ácido perfluorooctanoico (PFOA) es uno de los PFAS de "cadena larga" y se utiliza en el teflón.

Estas sustancias interfieren con la fijación de la hormona tiroidea. Aunque algunos estudios con humanos han demostrado efectos potencialmente nocivos sobre el desarrollo cerebral, la evidencia es más contundente en cuanto a sus efectos sobre el crecimiento fetal y el peso en el nacimiento.

Revisa los que tengas en casa con materiales antiadherentes, y comprueba que no incluyen obesógenos como el PFOA.

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6. No lavar ni reutilizar los plásticos

No laves nunca los plásticos en el lavavajillas ni los metas en el microondas. Con el calor, se degrada el plástico y se liberan las sustancias químicas que acaban en los alimentos, el agua u otras sustancias.

Evita reusar si el recipiente está pensado para un solo uso, no lo uses más de una vez. Cuando observes que un plástico está "arañado", deja de utilizarlo y recíclalo.

Una tendencia a engordar que se hereda

Los compuestos químicos obesógenos actúan a dosis muy bajas y los daños que afectan al organismo de un progenitor no solo se manifiestan en sus hijos y sus nietos, sino también en sus bisnietos.

A pesar de que los estudios sobre el tema todavía se centran en una capa superficial del fenómeno, sí sabemos que el bisfenol A puede inducir obesidad en los bisnietos de los animales expuestos, en la tercera generación apartada de la exposición.

Cada día, miles de sustancias químicas afectan de forma negativa a nuestros cerebros, a nuestros cuerpos y al medio ambiente. Estas sustancias invisibles al ojo humano no solo están alterando las hormonas más importantes de nuestro cuerpo y nuestro cerebro, sino que también están allanando el camino a múltiples enfermedades que en el futuro afectarán a nuestros hijos y a nuestros nietos durante décadas.

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