Paz mental en casa: 9 gestos sencillos que tranquilizan en segundos

Algunos hábitos o gestos en casa tienen el poder de tranquilizarnos rápidamente. Ponerlos en práctica en determinados momentos hace que surja lo mejor de uno mismo.

paz mental en casa

Convertir nuestra mente y nuestro hogar en remansos de calmano es algo que podamos aspirar a conseguir de un día para otro. Sin embargo, implementar poco a poco una serie de hábitos como los que sugerimos a continuación puede ir haciéndonos más fácil mantener la serenidad a pesar de las prisas y la incertidumbre y conseguir paz mental.

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¿Cómo lograr paz mental en casa? En un ambiente ruidoso o desordenado difícilmente se logra la paz necesaria para sentirse relajado, pensar con claridad y poner en orden las emociones. Algunas medidas ayudan a crear un espacio propicio para la calma.

Cualquier hogar puede beneficiarse de contar con un rincón donde dar la vuelta a situaciones dominadas por emociones negativas. En cuanto se desbordan, se acude a este lugar para realizar un ritual calmante. Por ejemplo, se cierran los ojos, se realizan unas respiraciones profundas, se enciende una vela, con calma se repasa lo sentido y se decide afrontar la situación con serenidad. humaniza tu entorno.

Del misso modo, no podemos controlar aquello que hay más allá de nosotros y que supone una fuente de estrés: el ritmo vital, las presiones del trabajo, la incertidumbre generalizada, la situación socioeconómica o sanitaria... Pero si queremos mantener la serenidad en mitad de todo este bullicio, podemos trabajar en nuestro entorno inmediato.

Aparte de los consejos generales, cada persona sabe qué cosas le aportan unos minutos de paz en medio de una jornada atareada. Leer, pasear, escuchar música, jugar con niños, escribir, pintar, cantar, un baño caliente... Las posibilidades son infinitas. En este artículo te damos ideas que pueden ayudarte, sean cuales sean tus aficiones e intereses.

1. Tensar y soltar los músculos

En situaciones de estrés el cuerpo incrementa la producción de adrenalina y noradrenalina. Estas hormonas provocan que los ritmos cardiaco y respiratorio se aceleren, así como la sensación de alerta. Se trata de una respuesta fisiológica que prepara para una solución física a la situación: la lucha o la huida.

Pero en el mundo civilizado no hay donde escapar, ni parece ético pelearse. Así que, cuando el estrés es provocado por la autoexigencia, solo quedan dos alternativas: relajarse o dar rienda suelta a la energía acumulada.

Una manera de controlar las situaciones de estrés agudo es tomar conciencia de las zonas del cuerpo donde se acumula la tensión. Suelen ser la mandíbula, la nuca, los músculos faciales, la zona del pecho, la espalda y las piernas. Una vez descubierta una tensión, hay que contraer aún más los músculos afectados durante unos segundos y luego destensarlos para sentir su relajación.

Esto se puede hacer en cualquier momento, por ejemplo, mientras se espera ante un semáforo o en la cola del mercado. Después de repetir un par de veces la contracción y la relajación de los músculos aumentará la tranquilidad.

El otro método de eliminar tensión es dirigirla contra un objeto exterior, por ejemplo dando puñetazos a un cojín. Pero es preferible un ejercicio físico pacífico e intenso.

2. Quitarnos los zapatos

Quitarse el calzado para andar o descansar descalzo siempre que se tenga ocasión (en casa, en el campo, en la playa) representa una liberación. El zapato simboliza de alguna manera el corsé de la vida social, la importancia de la apariencia, la coraza que se necesita para pisar fuerte, y su suela alberga un sinfín de contaminantes. Conviene descansar de todo eso.

El pie desnudo, vulnerable, no aspira a ser nada más que él mismo.

3. Intentar escuchar el silencio

El dominico alemán Maestro Eckhart escribió «no hay nada en la creación tan parecido a Dios como el silencio». Todos los días deberían reservarse unos instantes para experimentarlo.

Podemos tumbarnos, cerrar los ojos e intentar escuchar hasta el mínimo ruido que se produzca alrededor. Luego escucharemos el silencio entre los más leves sonidos. Después, se puede llevar la atención al silencio interior y disfrutarlo.

4. Moverse despacio

«Vísteme despacio que tengo prisa» es una máxima de la sabiduría popular de alcance universal. La cadena de acontecimientos es obvia: el estrés lleva a la aceleración y la aceleración a los errores y la ineficacia.

Además, la rapidez en el pensamiento y el comportamiento –fruto de la activación del sistema nervioso simpático– permite que se abran muchos frentes, pero no que se aborde ninguno con profundidad. Es como intentar ponerse los zapatos, la chaqueta y el sombrero ala vez, lo que puede dar lugar a una escena cómica, vista desde fuera, y trágica si uno es el protagonista.

Conviene echar el freno de mano, es decir, poner en marcha el sistema nervioso parasimpático, el responsable de la relajación.

Se puede hacer realizando todo más despacio durante el día, lo que significa poner más atención y precisión, y menos ansiedad, ya sea en el trabajo o en el momento de recoger la mesa y lavar los platos después de cenar. Conviene acostumbrarse a cocinar y comer lentamente. A hablar despacio, a escuchar las razones de los demás antes de exponer las propias y a no contrariarse por un semáforo en rojo.

Pero sobre todo implica dedicar más tiempo a lo esencial, no dejándose arrastrar por lo banal. Por ejemplo, podemos dedicar el tiempo a leer correos electrónicos, navegar por internet o ver un programa de televisión, o podemos tomar un té o dar un paseo con un amigo. La pregunta es: ¿qué proporciona más satisfacción y paz?

Ocurre un fenómeno curioso: al ir más lento, el tiempo se dilata y da más de sí. Esto es porque la vivencia del momento se hace más consciente, la percepción, más clara, y con ello aumenta la capacidad de concentración. Así se acaba ganando tiempo, ya que gracias a la nueva tranquilidad interior el pensamiento y la acción se armonizan. Se hacen más claros y estructurados, de manera que las cosas se resuelven con más eficacia.

Quizá no haya mejor consejo que recuperar la lentitud, pues permite reencontrarse con uno mismo –a cierta velocidad, la sombra parece que no puede seguir al cuerpo–, lo que produce una gran sensación de serenidad.

5. Meditar ante un mandala

Cuelga un mandala en la pared a la altura de los ojos cuando estés sentado. Las formas y colores de los mandalas aportan orden y equilibrio a la mente.

Respirando lenta y profundamente, recorre con la mirada el borde del círculo y deja que vaya progresivamente hacia el centro, siguiendo una espiral imaginaria. La mirada debe sobrevolar la imagen, sin detenerse en analizar símbolos ni colores.

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6. Poner el móvil en modo avión durante una hora

Mirando alrededor se puede observar que los teléfonos móviles, las consolas, las tabletas y otros artilugios atrapan la atención de muchas personas cuando consiguen separarse del ordenador. El éxito de estos aparatos se halla en una interactividad que resulta estimulante, incluso adictiva.

Vale la pena pararse a pensar en si no debiéramos dedicar todo ese tiempo, o al menos una parte de ese tiempo, a otras cosas más humanas, o simplemente a no hacer nada. Pon el móvil en modo avión durante una hora y te sorprenderás.

7. Añadir aceites esenciales al vaporizador

Los aromas llegan hasta zonas profundas del cerebro, las menos racionales, y favorecen el bienestar.

Conviene tener a mano un pequeño botiquín de aceites para añadir unas gotas en el vaporizador cuando sea necesario.

  • La bergamotacalma la ira y alivia la ansiedad.
  • El geranio relaja y anima.
  • La albahacacentra la mente.
  • La pimienta negra aumenta la energía disponible.

8. Hablarse en positivo

Las personas con estrés suelen sufrir el efecto de bola de nieve: la ansiedad crece a medida que desciende por la ladera. Como esta «bola» es sobre todo una realidad interior, existe una posibilidad de pararla. Consiste en tomar distancia, detener el tiempo y abandonar el personaje que corre delante.

Esto se hace tomando conciencia de los propios pensamientos, observándolos tan fríamente como si pertenecieran a otra persona. En el diálogo interior probablemente abundan frases como: «No lo voy a conseguir », «¿Cómo voy a hacer esto?» o «Va a salir mal y estaré acabado». Son ideas negativas que aparecen en relación con el trabajo o las situaciones familiares.

Después de observarse, el primer paso consiste en cambiar automáticamente cada reproche por una palabra amorosa, cada reflexión pesimista por otra alimentada de esperanza. Ideas como «Mantente tranquilo», «Haz una cosa detrás de la otra», «Ya he salido de situaciones similares » o «Debo tomármelo como un reto» sirven para disipar la ansiedad y fortalecerse.

Al principio puede parecer que domar el pensamiento es una tarea titánica, pero hay que tener paciencia porque funciona. Su efecto debe complementarse con el resto de iniciativas a favor de la calma.

9. Decir «no».

Entre el «sí» y el «no» debe haber un equilibrio. Acceder a todas las peticiones y favores que nos piden nos hace quedar muy bien, pero nos quita tiempo y suma responsabilidades. Además puede hacernos sentir mal si se trata de peticiones que no nos apetece atender.

Se debe hacer un esfuerzo para aceptar solo aquello que de verdad nos motiva y rechazar amablemente lo que nos suponga una carga.

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