Intestino y cerebro

Pensar con el estómago

Dr. Emeran Mayer

Seguro que alguna vez has tomado una decisión importante basada en la intuición, o has sentido mariposas en el estómago antes de una entrevista. Así se expresa el diálogo que existe entre el cerebro, el intestino y las bacterias intestinales. Pero hay mucho más, su relación es clave para mantener un buen estado de ánimo y la salud mental.

Extendido, el sistema digestivo mide lo mismo que una pista de baloncesto y está repleto de miles de pequeños sensores que codifican una vasta cantidad de información. Y es que cerebro e intestino están conectados a través del sistema nervioso y se transfieren la información en ambos sentidos.

Más del 90 por ciento de la información sensorial que recogen los intestinos nos pasa desapercibida. Para la mayoría de nosotros es fácil ignorar las sensaciones diarias, pero gracias al cerebro que existe en el intestino se monitorizan y quedan bien registradas todas ellas.

Artículo relacionado

microbiota

Nutre bien la flora intestinal para proteger tu salud

El cerebro no olvida las sensaciones que se generan en las tripas y que quedan almacenadas en las grandes bases de datos del cerebro, para que puedan ser utilizadas más adelante, cuando tengamos que tomar una decisión. Es decir, literalmente

Lo que sentimos en las tripas podría no solo afectar a la toma de decisiones sobre lo que comemos o bebemos, sino también sobre la gente con quien pasamos el rato y nuestra forma de evaluar información importante, ya sea como trabajadores, miembros de un tribunal o líderes.

Los intestinos son el segundo cerebro

El intestino, desde el esófago hasta el recto, está envuelto por una red importantísima de cincuenta millones de neuronas que se conoce como el sistema nervioso entérico (SNE).

  • Segundo cerebro. El SNE funciona como un auténtico “segundo cerebro”, que no solamente se ocupa de los asuntos cotidianos que tienen que ver con la digestión.
  • Central de alerta. Cuando intuimos una amenaza o nos sentimos asustados o enfadados, el centro emocional del cerebro avisa al segundo cerebro, al SNE, para que se desvíe de su rutina cotidiana e intervenga. Una vez pasada la alerta, el sistema digestivo vuelve a su control de la digestión, pasada la emoción.

La ansiedad puede nacer en las tripas

Cuando las emociones actúan en el teatro de los intestinos, trabaja un gran elenco de células especializadas. Las tramas giran en torno a lo sucedido durante el día, tanto las anécdotas positivas como las negativas.

Muchas veces sentimos en el estómago las preocupaciones por los hijos; la irritación de cuando el tipo del carril de al lado se nos cruza en la autopista; la ansiedad por llegar tarde a una cita; el miedo a ser despedido; los problemas económicos, etc.

Artículo relacionado

microbiota-carla-zaplana

La microbiota intestinal influye en tus emociones

Las células intestinales de una persona con ira y ansiedad crónicas, siguiendo un guion que viene de la infancia, pueden representar tramas tenebrosas día tras día.

Con el tiempo, muchas de las células intestinales de estas personas se amoldan a la dirección escénica: las conexiones nerviosas del SNE cambian, los sensores del intestino se hacen más sensibles, la maquinaria que produce la serotonina en el intestino aumenta su velocidad, e incluso los microbios intestinales se vuelven más agresivos.

Cambiar la flora para mejorar el ánimo

Entendemos muchas cosas sobre estas reacciones intestinales asociadas a emociones negativas, como la ira, la pena y el miedo, pero todavía se sabe poco de las respuestas intestinales a las emociones positivas como el amor, el apego y la felicidad.

Cambiar el guion de la obra de teatro parece una buena forma de abordar emociones y algunos trastornos de salud. Si se cambiara el programa teatral del cerebro por historias más positivas, se conseguiría un futuro más prometedor con el objetivo de alterar las reacciones intestinales y, por consiguiente, invertir los cambios celulares en el intestino.

Artículo relacionado

Xevi-Verdaguer

"La falta de energía tiene que ver con el intestino"

En la actualidadestán llevándose a cabo estudios para determinar si los cambios en la flora intestinal van asociados a intervenciones positivas. Como en la meditación, se estudia qué tipo de bacterias se asocian a estados más favorables para la salud mental.

Cuando mi grupo de investigación de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), dirigido por Kirsten Tillisch, finalizó nuestro propio estudio sobre individuos sanos, pudimos confirmar los resultados de los estudios publicados previamente en animales a cerca de cómo la interacción entre la flora intestinal y el cerebro puede afectar a nuestras emociones, a las relaciones sociales o incluso a nuestra habilidad para tomar decisiones. Y cuando estas conexiones entre la mente y el intestino se ven alteradas, incluso pueden aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades cerebrales crónicas.

Autismo, depresión y flora intestinal pobre

La flora intestinal tiene un papel relevante en la salud. En la última década se ha documentando cómo se ha aumentado la frecuencia de casos del espectro autista, las enfermedades autoinmunes, el alzhéimer, el párkinson y los trastornos metabólicos. Las similitudes en el desarrollo de estas nuevas epidemias sugieren un mecanismo subyacente común relacionado con un cambio en la flora intestinal durante los últimos cincuenta años.

Cambios en el estilo de vida, la dieta y el uso extendido de antibióticos están como posibles causas. La diversidad y la abundancia de los microorganismos intestinales varía a lo largo de la vida y en cada individuo. Es baja durante los tres años de vida, mientras se establece un microbioma estable, llega a su punto álgido durante la edad adulta y disminuye a medida que envejecemos.

Artículo relacionado

dieta-neuronas-antialzheimer

La dieta de las neuronas y antialzhéimer

El primer periodo de baja diversidad coincide con la ventana de vulnerabilidad a los trastornos en el neurodesarrollo, como el autismo y la ansiedad, mientras que la última etapa de baja diversidad coincide con el desarrollo de alteraciones neurodegenerativas, como el párkinson o el alzhéimer. Así, la baja diversidad puede ser factor de riesgo.

Nutrir las bacterias para mejorar la salud mental

Mantener la diversidad y abundancia de las bacterias buenas es clave para un buen “diálogo” intestino-cerebro, y vivir con salud. Estos hábitos ayudan a nutrir las bacterias buenas:

  • Tomar alimentos fermentados porque contienen probióticos, microorganismos vivos, como el kimchi, el chucrut, la kombucha, el yogur o el miso.
  • Tomar verdura y fruta fresca, muy rica en fibra, si es de cultivo ecológico mejor, porque no contiene tóxicos químicos.
  • Comer menos cantidad ayuda a limitar las calorías –adecuándolas a las necesidades reales del cuerpo– y eso es más óptimo para el aparato digestivo.
  • Ayunar para que la flora intestinal pase hambre, limpiando el intestino y eliminando toxinas.

Artículo relacionado

Probióticos para alimentar la flora

8 probióticos y prebióticos para tu flora intestinal

  • Comer sin estrés, sin estar enfadado o triste. Recuerda que las emociones tienen profundos efectos sobre el digestivo y su entorno de bacterias. Un estado emocional negativo desequilibrará: puede permeabilizar los órganos digestivos, activar el sistema inmunitario o liberar hormonas del estrés.
  • Disfrutar en compañía de las comidas. Es muy probable que el sentimiento de afinidad y de bienestar resultante afecten a la digestión e influyan en la respuesta de la flora intestinal a lo que comemos.

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de cuerpomente?