Por qué cuidar la piel mejora la inmunidad y cómo potenciar esta función de barrera protectora

La piel es la frontera donde el organismo se defiende tanto de las agresiones externas como internas.

Función protectora de la piel
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Conocemos la importancia que tiene el sistema inmunitario para proteger el organismo de agentes infecciosos. Bien, pues basta con centrarse en el cuidado de la piel para que ayudemos al sistema inmunitario en su magna labor.

Para ello, solo hay que aplicar una serie de hábitos alimenticios, de higiene y protección centrados en la salud de nuestra envoltura cutánea.

Las funciones protectoras de la piel

"La piel es lo más profundo" dice un verso del poeta francés Paul Valéry. Nada más acertado para expresar la función de este órgano tan resistente y a la vez permeable a las alteraciones interiores.

Los aproximadamente dos metros cuadrados de piel con los que se viste un adulto no son un simple escudo protector estático. La piel está compuesta por células, glándulas y vasos sanguíneos que trabajan a todas horas desempeñando las más variadas funciones. La piel:

  • mantiene la humedad y la temperatura corporal;
  • absorbe oxígeno y provitamina D;
  • elimina toxinas (la piel se conoce como el "tercer riñón");
  • almacena energía procedente de los nutrientes que se ingieren con los alimentos;
  • protege de las radiaciones gracias a la pigmentación de la melanina;
  • combate el desarrollo de gérmenes debido a su revestimiento ácido;
  • impide que entren microorganismos dañinos ...

Y, mientras nos defiende, también tiene que cuidarse ella misma.

4 hábitos para mejorar la función protectora de la piel

Si mantenemos la piel sana ayudaremos a prevenir trastornos que a veces no relacionamos con este órgano tan exterior. Veamos a continuación los hábitos que nos ayudan:

1. Cuidar la alimentación

Las vitaminas y minerales de frutas, verduras y hortalizas son imprescindibles para una buena conservación de la piel, así como las proteínas y grasas en la proporción adecuada.

En cuanto a los suplementos dietéticos, para la nutricionista Maite Zudaire, del centro de asesoramiento dietético Nudieva (Pamplona), "los que más influyen en la buena salud de la piel son el germen de trigo, rico en vitamina E y proteínas, y la levadura de cerveza, rica en vitaminas del grupo B, pero siempre que se tenga en cuenta que son complementos de la alimentación y no sustitutos de esta".

Las carencias de vitaminas y minerales pueden reflejarse en el aspecto de la piel y afectar incluso a su salud. Una dieta variada y rica en alimentos frescos permite evitarlas. Ciertos ácidos grasos pueden ser muy útiles.

  • Vitamina E. Es un poderoso antioxidante y ayuda a la piel y al cabello a mantener su equilibrio graso. Su aporte reduce las arrugas y retarda el envejecimiento. Está presente sobre todo en el aceite de germen de trigo (una cucharada cubre las necesidades diarias) y en menor medida en los aceites vegetales, frutos secos, aguacate, maíz y legumbres.
  • Vitamina A Ejerce también una importante acción antienvejecimiento, evita la desecación de la piel y las mucosas y previene las infecciones cutáneas. . Aplicada sobre la piel acelera la renovación celular y estimula la producción de queratinocitos y colágeno. Abunda en la zanahoria, el boniato, el albaricoque, el perejil, la calabaza y las espinacas.
  • Vitamina C. Favorece la síntesis del colágeno y contribuye a que la piel mantenga su elasticidad. Sus mejores fuentes son los cítricos, la fresa, el kiwi, los pimientos y las coles.
  • Vitaminas B. La riboflavina (B2) influye positivamente en los casos de acné; abunda en la levadura de cerveza y los cereales integrales. La B3 o niacina mejora la circulación de la sangre; se obtiene del cacahuete y los cereales integrales. El ácido fólico (B9) fortalece las células de la piel; se halla en las verduras de hoja verde, la naranja, la remolacha y la soja.
  • Cinc. Ayuda a mantener la piel en buen estado y se recomienda particularmente en el tratamiento de la psoriasis. Abunda en las semillas de sésamo y calabaza entre otros alimentos.
  • Ácidos grasos omega- 3 Los ácidos omega-3 actúan de modo similar al aceite de onagra, cambiado el carácter de las prostaglandinas inflamatorias del organismo. Pueden ser muy eficaces en caso de dermatitis o eccema. Se hallan sobre todo en las semillas de lino además de la nuez, pero suelen tomarse en suplementos.

Muy relacionada con la alimentación, no se puede olvidar la importancia de la hidratación para la salud de nuestra piel; recordemos que conviene beber un litro o un litro y medio de líquido (agua, caldos, infusiones, zumos... ) al día como medida hidratante interna.

2. Lavar la piel de forma adecuada

Una ducha a una temperatura que no supere los 37-38 ºC o que alterne el agua caliente y la fría para que se estimule la circulación ayuda a que la piel no tenga impedimentos a la hora de ejercer sus variadas funciones.

Asimismo, se moderará el uso del jabón, que no debe ser alcalino y debe mantener el manto ácido de la piel.

Tras la ducha, se puede aplicar una crema o aceite hidratante, como el de almendras dulces.

3. Evitar los 3 enemigos de la piel

Los grandes enemigos de la piel son el alcohol –afecta al metabolismo–, el tabaco y la exposición prolongada al sol.

4. Darse baños de mar

Además de ejercer un efecto estimulante, la cantidad y variedad de minerales y oligoelementos que posee el agua marina (sodio, magnesio, calcio, potasio, azufre, sílice, yodo ... ) ayuda a compensar los nutrientes por una posible mala nutrición.

Asimismo, el agua del mar tiene poder desinfectante, mientras sus sales limpian la piel y la regeneran.

Los baños de mar y aire ayudan a que la piel respire, y esto es de vital importancia, por lo que se evitará comprimir y aislar la piel con ropa demasiado ajustada o tejidos sintéticos.

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