La base para permanecer y avanzar

Los pies son clave para el equilibrio emocional

Cuando dudes sobre dónde tienes apoyos en esta vida para seguir adelante, no mires alrededor: mira abajo y toca tierra. Tus pies son la clave de tu equilibrio.

Pablo Saz
Dr. Pablo Saz

Médico naturista. Investigador en la Universidad de Zaragoza

Somos un animal que se levanta y se mantiene sobre los pies, que se mueve en la vertical. Esta nos define y nos presenta ante la sociedad y los demás animales.

Para que nuestras manos puedan expresarse con libertad y poder trabajar o crear con ellas necesitamos esos apoyos. Para expresar nuestra palabra con sentido, fuerza, resistencia e inteligencia también los necesitamos.

La pose, el porte, la elegancia y la dignidad forman parte de esa verticalidad, que se sustenta en los pies.

Para disfrutar de un buen equilibrio físico hace falta un buen apoyo de los pies, o algo que nos conecte con el suelo; una buena vista, un buen funcionamiento del oído y del cerebelo, y sobre todo, y lo más inmediato: sentir que los pies vuelven a tomar contacto con el suelo, que hay seguridad en el apoyo para poder iniciar la marcha a nivel físico y psicológico.

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Los pies te sostienen física y mentalmente

Los pies son los encargados de restaurar nuestro equilibrio corporal y psíquico. Su capacidad de adaptación al terreno, a sus condiciones e irregularidades, pone en marcha recursos físicos y psíquicos que estimulan todo el cuerpo.

Guardar el equilibrio es un arte ante la constante atracción de la gravedad, es saber estar en medio de los desequilibrios. Esto lo realizamos a diario con mayor o menor esfuerzo y cuando no somos capaces de ello, todo se derrumba. Levantarse y andar, levantar la moral, el ánimo, el tono, es el arte de recuperar el equilibrio. Y todo comienza desde el apoyo de nuestros pies.

Aplacar el desequilibrio con pastillas y con medicamentos que anulan sensaciones es perderse en el problema. Cuando uno se ve caído y hundido debe volver la conciencia a los pies y confiar en esa capacidad que demostraron para sostenernos de pie desde el primer año de vida.

Empezar de nuevo

Admiro a las personas que por accidente o enfermedad han sufrido problemas en los pies. Han tenido que reencontrar el valor y la osadía para recuperar estos apoyos, a veces ayudados por prótesis, otras por sí mismos.

En esa recuperación de su sostén han movilizado tanta fuerza física y psíquica que se podría decir verdaderamente que son unos campeones de la vida.

Cuando se sufre una lesión en el pie o incluso una amputación, volvemos a revisar nuestra capacidad de apoyo, nuestra misión en la vida, las capacidades que aún nos quedan para poder ser nosotros mismos.

Revisamos nuestros apoyos, las partes de nuestro cuerpo con las que nos apoyamos en la tierra, las personas que nos apoyan a nivel psicológico, pero sobre todo el punto de apoyo desde el que podemos volver a coger impulso.

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Conectar con el propio impulso

Desde ese punto de equilibrio podemos recuperar la verticalidad física, pero también la fuerza que nos impulsa a ser lo que verdaderamente queremos y podemos ser.

Sentir y amplificar la base que forman nuestros pies, mejorar y ampliar esta capacidad ele apoyo (la fuerza del talón, el impulso de los dedos, la tensión de la bóveda del pie), es recuperar y ampliar la base de nuestro movimiento, la capacidad ele desenvolvernos en nuestro medio a nivel físico, psicológico y social.

Por eso, si sientes que te faltan apoyos, sea en el plano físico o en el psicológico, deja a un lado los zapatos, los tacones o las sandalias y, con los pies en la tierra, toca y siente el fondo de la evidencia.

Me gusta apoyar el pie descalzo y sentir el peso del cuerpo. Disfrutar de la libertad de mi pie desnudo y de mi cuerpo apoyado sobre él, parado en cuclillas, de pie, andando, girando, bailando. No entiendo, ni me llevo bien, con el pie encerrado y apretado en el zapato; y mucho menos con los tacones y el pie de puntillas.

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