Huerto medicinal

¿Qué plantas medicinales puedo cultivar en casa?

Jordi Cebrián

Disfrutar de un pequeño jardín medicinal está al alcance de casi todos. Si no se tiene terreno, bastan un balcón o una terraza, incluso unos ventanales donde ubicar unas pocas macetas

Una terraza o un balcón son suficientes para cultivar un pequeño jardín medicinal en casa. El jardín medicinal será más o menos completo y generoso en función del espacio de que se disponga, de la calidad de la tierra, de la regularidad en el riego, de la temperatura y la exposición al sol que presente. En las tiendas de jardinería se venden semillas o esquejes de gran variedad de plantas, empezando por las aromáticas.

Los esquejes son más adecuados para plantas leñosas como salvias y lavandas; las especies anuales y bianuales se suelen propagar mejor por semilla Si se cuenta con un patio, terraza grande –que aguante peso– o jardín, será posible plantar pequeños árboles y arbustos, entre los que abundan los medicinales, como el digestivo laurel, el astringente rosal silvestre, el diurético enebro, el antioxidante granado o el sauzgatillo, de uso ginecológico.

El mirto, muy aromático, es un arbusto propio de la cuenca mediterránea que permite formar barreras en el jardín, aunque crece bien en macetas grandes, sobre todo en zonas del litoral. Con las hojas, antisépticas y muy ricas en esencia, se preparan infusiones o vahos para tratar afecciones respiratorias.

Sus frutos son comestibles. Además se pueden cortar ramilletes para perfumar las habitaciones y ahuyentar a los insectos.

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Las plantas leñosas

Las plantas aromáticas se pueden disponer juntas, siempre que tengan requerimientos de suelo, humedad y sol similares. Las matas leñosas, ideales para formar barreras o setos densos en el jardín, o para orlar caminos, también crecen en jardineras y macetas.

Son muy apreciadas la lavanda, la salvia, la santolina, el romero, la hierbaluisa, la ajedrea o el hisopo. Y no puede faltar el tomillo.

El tomillo necesita sol y resiste bien la sequía. Se puede plantar con semillas y a partir de esquejes (en verano) o acodos (en otoño) y se adapta tanto a macetas como a jardineras medianas y grandes. Se usa como condimento y para la elaboración de sopas tonificantes, ideales en invierno.

La decocción de sus sumidades floridas mejora problemas digestivos, catarros, bronquitis y alergias. En uso tópico resulta útil frente al dolor reumático, el dental, contracturas o hematomas. Forma parte de numerosos productos cosméticos.

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Plantas aromáticas menores

Entre las aromáticas de menor porte existe también una gran variedad. Es el caso de la mejorana, la melisa, las distintas mentas, el poleo, la verbena, el cebollino o el estragón. Son plantas muy fragantes, de floraciones bellas pero discretas, que en su mayor parte proporcionan grandes usos en la cocina.

Todas, salvo la albahaca, se pueden encontrar en la naturaleza. Pueden adquirirse en tiesto o por semillas. La albahaca prefiere ambientes cálidos con intervalos largos de sombra. Se planta cada año, por semilla, germina a las dos semanas y requiere riego abundante.

Se aconseja podarla de vez en cuando por su extremo superior para favorecer su expansión hacia los lados y retrasar la floración. Acepta compartir espacios con otras medicinales –cebollinos, perejiles y cilantros– y es ideal para alféizares, balcones y patios protegidos del viento.

Sus hojas en infusión pueden aliviar los gases, la halitosis o los espasmos gastrointestinales, aparte de dar un sabor excelente a las ensaladas y salsas a base de tomate.

El orégano se planta a media sombra, con insolación matinal, junto con otras aromáticas no expansivas. Los ramilletes, recogidos en plena floración, se indican en caso de gases, halitosis, diarreas y alteraciones hepáticas leves.

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El hinojo y su familia

A la familia del hinojo (las umbelíferas) pertenecen otras muchas especies populares por su uso tanto gastronómico como medicinal: cilantro, perejil, apio, perifollo, alcaravea, anís verde, eneldo, zanahoria silvestre, angélica… En su mayoría poseen inflorescencias en forma de umbela, con florecillas blancas o rosadas, y un aroma anisado.

Destacan por sus virtudes estomacales y carminativas. La alcaravea, de la que se siembran las semillas, quiere sol y un suelo bien drenado; resiste las heladas, pero no el azote del viento, y se adapta a macetas. Tomada en infusión alivia los gases, la hinchazón abdominal y leves alteraciones hepáticas. Sus frutos dan sabor a bollos, panes y bizcochos.

Plantas curativas que vienen de países lejanos

El toque exótico del jardín medicinal lo pueden dar un tiesto de aloe (amigo de la piel), la equinácea (que estimula las defensas), las vincas de Madagascar (hipotensoras) y, en suelos arenosos, la útil onagra (reumatismos, trastornos de la mujer). La bellísima capuchina es otra opción.

Antes de adquirir una planta conviene asesorarse sobre sus necesidades de suelo, riego y sol para favorecer su pleno desarrollo.

La capuchina, originaria de Sudamérica, posee alegres flores naranjas con manchas y forma acampanada. Precisa espacios amplios para extenderse, a media sombra y con breves intervalos de sol, pero también crece en macetas y tiestos colgantes.

En medicina se usan hojas y flores, que se secan a la sombra. Se indica en problemas digestivos e infecciones renales y urinarias, pero sobre todo en uso externo sobre heridas, eccemas y para fortalecer el cabello.

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Curarse con flores

Cultivar plantas medicinales no implica renunciar a disfrutar de una floración hermosa e incluso espectacular en determinados momentos del año.

Basta cultivar plantas anuales y bianuales como la caléndula y la boca de dragón (indicadas para la piel), el aciano (ojos), las distintas amapolas (nervios e insomnio), el hipérico (ansiedad y quemaduras solares), la vincapervinca (tensión alta), las violetas y las prímulas (tos), pero también otras más modestas, como la manzanilla, la matricaria o la margarita.

La matricaria, cuyos capítulos florales recuerdan a las margaritas, gusta de suelos rocosos, pero también crece bien en maceta o tiesto, en el alféizar o el balcón. Prefiere ambientes sombreados, con ratos de insolación directa, y pide riego regular.

Se recomienda sobre todo para la jaqueca, pero también en dispepsias, espasmos gastrointestinales y molestias menstruales. Se preparan en infusión sus sumidades floridas, junto con menta o melisa para atenuar su amargor.

La amapola de California ofrece una explosión de color naranja cuando florece en primavera. Como es expansiva, va bien para parterres y grandes superficies, pero se adapta a jardineras o macetas grandes. Debe recibir sol y regarse con regularidad, pero sin excesos. Se usan los pétalos en infusión para diversos problemas nerviosos: insomnio, taquicardias, ansiedad leve, neuralgias y migrañas.

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