Aceptación personal

Por qué es importante tener confianza en uno mismo

Saber descubrir la confianza y cultivarla enriquece el mundo y nuestra vida. Descubre los pilares esenciales para mantener la seguridad en uno mismo y 8 pasos para cultivarla.

La confianza es una poderosa energía. Se apoya en la esperanza y proporciona seguridad, optimismo, alegría. La confianza dota de fortaleza y libertad. Por el contrario, el recelo alienta el temor, el malestar, la insatisfacción.

La duda nos impide actuar, dificulta que tomemos iniciativas y nos paraliza. La confianza es la base de las diferentes actividades que emprendemos con intención de superarnos y madurar o de llevar a cabo nuestros proyectos vitales. Por ello, cuanta mayor sea nuestra confianza, mayores serán probablemente nuestras facultades.

Por qué desarrollar la confianza

Desarrollarla requiere ser absolutamente honrados sobre quiénes somos, sin emitir juicios de valor ni desear cambiarse para encajar en los ideales de otras personas. Cuando logramos saber quiénes somos y aprendemos a confiar en nosotros mismos, accedemos a un nuevo nivel de intimidad.

Esa confianza es una poderosa fuerza que reside dentro de cada ser humano. Brinda un sentimiento de mayor control sobre la propia vida y la capacidad de aceptar sus desafíos.

Quien lo posee, experimenta:

  • Mejor capacidad para pensar y afrontar los retos básicos de la vida.
  • El sentimiento de ser digno, de merecer, de tener derecho a afirmar las propias necesidades.
  • Crecimiento interior, predisposición hacia el alcance de objetivos más exigentes y que implican una mayor satisfacción personal.
  • Mayor autoconocimiento, mayor autoestima. Plena aceptación de los defectos y limitaciones propios, con el sobrio reconocimiento de las aptitudes y destrezas.

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Una cita pendiente con los miedos

La confianza se construye poco a poco. Exponerse gradualmente a los propios miedos e ir aumentando la dificultad de las situaciones temidas conforme se gana en seguridad genera la base para superarlos. Una forma es seguir estos pasos:

  1. Haz una lista de las situaciones que evitas o que te producen malestar por ansiedad o miedo.
  2. Ordénalas de menor a mayor dificultad a la hora de enfrentarte con cada una de ellas.
  3. Empieza por la más sencilla y práctica.
  4. No te desanimes si sientes ansiedad. Es normal al intentar algo nuevo para ti. Estas aprendiendo a enfrentarte a ella en lugar de evitarla.
  5. Repítela hasta que la manejes sin dificultad.
  6. Pasa más adelante a la siguiente situación.

Los tres pilares de la confianza

La confianza puede ser mejorada a lo largo de la vida, especialmente cuando se toma conciencia de uno mismo y se decide cambiar la forma de pensar, sentir y actuar. Modificar ese modelo supone:

  1. Conocerse. Sabiendo cómo somos nos sentiremos más seguros. Es importante bucear en uno mismo, conocerse genuinamente y de una forma continuada, ya que cambiamos con el tiempo. A partir de un diálogo interno podemos empezar a mejorar, a superarnos, a ganar confianza. Existe una relación muy estrecha entre la conciencia de uno mismo y el grado de confianza. Cuanto mayor es uno, mayor suele ser el otro.
  2. Creer en uno mismo. La confianza personal está muy ligada a la capacidad de actuar. No es algo que responda objetivamente a las capacidades reales, si no más bien a lo que se cree que se puede llegar a hacer con ellas. Por sí sola la capacidad no basta para garantizar el desempeño óptimo: es necesario creer en ella para poder sacarle el máximo provecho.
  3. Afrontar gradualmente el cambio. En el proceso de cambio de las actitudes y forma de ser suelen presentarse dificultades que pueden influir en el proyecto personal. Es ahí donde será necesario recurrir a la fuerza de voluntad que permitirá perseverar para lograr el objetivo.

8 pasos para cultivar la confianza

La confianza abriga cierta dosis de intuición de que lo mejor está todavía por llegar. Cultivarla requiere tener una actitud receptiva hacia lo inesperado.

  1. Interés por uno mismo. Aunque el altruismo y el preocuparse por otras personas sea necesario, en determinados momentos o situaciones, en general, el interés por uno mismo debe ser superior al interés que se preste a los demás.
  2. Interés social. Vivimos en comunidad y una parte importante de nuestras gratificaciones se derivan de la interacción social; es necesario actuar moralmente y defender y respetar los derechos de los demás.
  3. Autonomía. Las personas sanas suelen asumir la responsabilidad de dirigir y gobernar su propia vida sin «necesitar» constantemente el apoyo de los demás. El responsable último de su vida es uno mismo.
  4. Tolerancia a la frustración. Es necesario concederse a uno mismo y a los demás el derecho a que las cosas sigan un curso diferente al deseado. No hay que emitir frases de condena cuando eso sucede. Es mejor procurar cambiar la manera de vivir las emociones negativas y aceptar su lado desagradable.
  5. Compromiso creativo. Las personas tienden a sentirse más sanas cuando se implican vitalmente en algún proyecto ajeno a sí mismas y asumen algún compromiso humano importante para ellas.
  6. Aceptarse. La felicidad de estar vivo se refleja en las personas cuya estima y confianza es positiva. Se aceptan y tienen capacidad para divertirse. No hacen valoraciones globales de sí mismas en función de sus logros externos o del juicio ajeno. Eligen aceptarse incondicionalmente.
  7. Asumir riesgos. Es importante saber asumir los riesgos que a veces acompañan a la consecución de ciertos objetivos a pesar de que, a menudo, exista la posibilidad de fallar.
  8. Realismo. Las utopías suelen ser inalcanzables. Por tanto, no siempre se obtiene todo lo que se desea ni es posible evitar sentir en ocasiones sufrimiento o dolor.

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