Después del pronóstico

Qué hacer tras un pronóstico desfavorable

Los médicos realizan pronósticos basándose en estadísticas de pacientes similares, pero la evolución de cada paciente es personal; sus decisiones, también.

Pablo Saz
Dr. Pablo Saz

Médico naturista. Investigador en la Universidad de Zaragoza

Es fácil predecir que todos moriremos, pero la dificultad estriba en saber cuándo. Y, sobre todo, ante el diagnóstico de una enfermedad que suele ser en sí misma un proceso curativo, discernir cuándo es real ese proceso y cuándo no. En esto consiste el pronóstico médico.

¿En qué consiste el pronóstico médico?

El pronóstico es una predicción del curso futuro y resultado de una enfermedad.

Se puede hablar de un pronóstico favorable si se espera que este responda bien al tratamiento, o de un pronóstico desfavorable si es probable que la situación sea difícil de controlar.

Influyen numerosos factores: tipo, ubicación y etapa de la enfermedad, edad y salud general del paciente, la respuesta al tratamiento…

Solo una cosa es segura: no se puede estar cien por cien seguro sobre el futuro del paciente.

¿En qué se basan los médicos para hacer un pronóstico?

De hecho, el pronóstico puede variar con el tiempo. Hoy el médico utiliza estadísticas basadas en grupos amplios de personas que están en una situación similar a la del paciente.

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Las tasas de supervivencia indican cuántas personas con cierto tipo y en cierta etapa de la enfermedad sobreviven por un periodo dado tras el diagnóstico.

No sirven para predecir qué pasará con un paciente concreto, pues no hay dos personas iguales, y el tratamiento y la respuesta varían mucho.

El pronóstico puede cambiar si progresa, sea con el tratamiento o con la evolución espontánea.

Qué hacer tras un pronóstico desfavorable

A la pregunta de qué pasa y cómo se cura la enfermedad, siguen la de si es grave, si tiene remedio y si este no es peor que la enfermedad.

En la Grecia antigua el pronóstico del médico iba unido a su éxito como médico, incluso se exponía a ser condenado por una mala actuación. Ante un pronóstico no favorable, se abstenía de actuar.

Hoy en día esto se vuelve a considerar con los enfermos terminales y se entiende que, si la actuación médica no es favorable, a veces es mejor no actuar ni causar más perjuicio: primero, no dañar (primum non nocere).

A esta actitud se opone el llamado "encarnizamiento terapéutico", que nos recuerda que los mejores cuidados no son aquellos que agotan todas las opciones técnicas disponibles sino los que se ajustan a los deseos y necesidades de cada paciente específicamente.

Por otro lado, la ley dice que el enfermo debe estar lo mejor informado posible para que tome decisiones y asuma responsabilidades: es el principio de autonomía del paciente.

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Tras el diagnóstico y el pronóstico: gestionar la incertidumbre

Los pacientes y sus seres queridos se enfrentan a numerosas incertidumbres; pero solo él tiene derecho a conocer el diagnóstico, el pronóstico y el tratamiento. Los familiares o amigos solo serán informados si él lo desea.

El futuro es incierto para todos. Y también lo son los pronósticos.

A algunos les es más fácil decidir con las estadísticas en la mano; otros las encuentran confusas, inquietantes e impersonales.

El médico más familiarizado con la situación del paciente es el más indicado para discutir con él el pronóstico y ayudarle a interpretar las estadísticas.

Pero es importante que el paciente entienda que ni siquiera el médico le puede decir exactamente qué se puede esperar.

Cuando el paciente pide certezas para poder planificar el tiempo que le queda, puede recordársele el dicho "actúa como si hoy fuera tu último día y como si fueras a vivir mil años".

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