Qué es el efecto placebo según la ciencia, por qué funciona y cómo potenciarlo

Creer que se está recibiendo un tratamiento médico y confiar en que puede resultar eficaz a menudo basta para desencadenar el proceso curativo. ¿Cómo sucede?

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Más allá del tratamiento que la persona reciba, lo importante es la confianza que se tiene en él.

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¿Qué es el efecto placebo? El fenómeno del efecto placebo consiste en que el mero hecho de tener conciencia de que uno está recibiendo un tratamiento clínico puede inducir cambios hacia la mejoría –si bien no de la misma forma en todos los trastornos ni en todos los pacientes–, según explica el Dr. Villagrán, psiquiatra del Hospital de Jerez.

Según el efecto placebo, la mente desempeñaría un papel fundamental, tanto a la hora de perder la salud como de recuperarla. Por tanto, no solo tiene que ver el que a uno le administren un determinado fármaco o tratamiento (aunque en realidad no lo sea) sino que entran en juego sus expectativas.

"La persona espera y confía en que obtendrá alivio de los síntomas o efectos curativos y eso induce a una reducción de la ansiedad, una concentración en las sensaciones positivas y prestar menos atención a las negativas, una actitud optimista y de control de los síntomas en lugar de un estado depresivo y de indefensión", comenta Juan Antonio Cruzado, psicooncólogo de la Universidad Complutense de Madrid.

Así, cuanto más crea el paciente en la eficacia del tratamiento tanto mayor será el efecto; cuanto mayor confianza tenga depositada en el médico, el hospital y la terapia mucho mejor.

¿Por qué funciona el efecto placebo?

Corría el año 1890 cuando una dama británica demandó ante los tribunales a su médico por haberle inyectado agua en lugar de morfina para calmar sus dolores.

El tribunal condenó al médico, pero al mismo tiempo reconoció que los dolores habían cesado tras la administración de tan insólito tratamiento.

Este sería, según los expertos, el primer caso documentado de efecto placebo en su acepción actual. Desde entonces hasta nuestros días este fenómeno no ha dejado de estudiarse.

Los científicos aún no tienen una respuesta clara pero lo cierto es que el simple hecho de creer que estamos recibiendo un tratamiento y que este puede ser efectivo, aunque en realidad solo sea una "golosina", es capaz de modificar la bioquímica cerebral y mejorar el cuadro de síntomas de una patología.

Pero el placebo no consiste solo en usar una sustancia inocua que a pesar de eso provoca cambios y mejoras en los pacientes al creer estos que se trata de una medicina.

Una operación, aunque solo consista en abrir y cerrar, puede actuar como un placebo si la persona "operada" siente el corte, la sutura y experimenta un alivio del mal que sufría, sin pasar por una cirugía convencional.

Del mismo modo, una terapia también cumple a veces las funciones de placebo. En este sentido, algunas terapias alternativas son consideradas aún por gran parte de la comunidad científica como un placebo.

Hay otros efectos causados por la sugestión que pueden solaparse con el placebo:

  • Efecto Hawthorne. Definido en 1974, sucede antes de que pueda hablarse de placebo, y consiste en que muchos pacientes mejoran con solo saber que serán objeto de un estudio médico.
  • Síndrome de la bata blanca. Ciertos pacientes sufren una alteración en la tensión sanguínea (casi siempre hacia valores superiores) cuando la medida la efectúa un médico o una enfermera en vez de someterse a una máquina automática como las de la farmacia.

El efecto placebo, pese a su probada eficacia, no goza de buena prensa. Cuando se habla de mejoría por sugestión e interviene el poder de la mente en la curación, son muchos quienes se apresuran a ponerle el calificativo de engaño, en lugar de utilizarlo como un recurso más en el camino hacia la curación.

En efecto, muchas veces la medicina oficial ha preferido obviarlo e incluso en determinados momentos ha llegado a considerarlo molesto a la hora de estudiar la eficacia de tratamientos farmacológicos.

Además, le ha servido para acusar a la medicina natural de curar únicamente por efecto placebo o lo que se cura por sí solo. Sin embargo, los estudios realizados con homeopatía, fitoterapia y acupuntura, por ejemplo, han demostrado que no es así, por lo menos no más que con tratamientos farmacológicos.

¿Cómo se aplica un placebo?

Las espectaculares respuestas fisiológicas que se han hallado frente al placebo ponen de manifiesto algo que en otros ámbitos de estudio del ser humano está perfectamente aceptado: se trata de la interconexión cuerpo-mente.

Importa bien poco si se trata de agua coloreada o de terrones de azúcar, lo verdaderamente importante es que quien reciba el tratamiento piense que puede ayudarle y que es su mente y, por tanto, sus pensamientos, creencias, sugestión... lo que desencadena el proceso curativo.

Cómo se administra un placebo

En función de las expectativas, se ha podido comprobar que:

  • Un placebo administrado mediante una inyección tiene efectos mayores que si se administra de forma oral.
  • Si se da de forma oral y la pastilla es de color rojo surte más efecto que si es blanca. Y es que los fármacos de color blanco son percibidos por los pacientes como más débiles, mientras que los rojos, al igual que los amarillos o anaranjados, se consideran estimulantes, según estima un estudio de la Universidad de Amsterdam.
  • Asimismo, también parece influir el tamaño: si la pastilla que se prescribe es grande es más efectiva que si es pequeña.

¿Qué medicamentos tienen efecto placebo?

El efecto placebo es el resultado que se puede observar y medir; sin embargo, por qué un medicamento, cirugía o terapia falsa hace efecto todavía no ha sido completamente explicado.

Se sabe, eso sí, que tiene un valor cercano al 30%, es decir, un tercio de la población es susceptible a su efecto, y que la respuesta mayor se da en las enfermedades y síntomas en los que están implicados factores psicológicos y estados emocionales.

Así, en la depresión la proporción de pacientes que responden al placebo puede llegar a ser muy alta (hasta el 50%). Se estima que solo un 25% de la mejoría observada en los estudios con antidepresivos es atribuible al principio activo, otro 25% se debe a la historia natural de la enfermedad y un 50% al efecto placebo.

Otro ejemplo es el dolor: en un 55- 60% de los casos, el placebo presenta una eficacia similar a la mayor parte de los medicamentos activos. Y, precisamente, las últimas investigaciones al respecto tienen lugar en este campo y han arrojado un poco de luz a un fenómeno que se consideraba meramente psicológico.

Hasta ahora, diversas investigaciones habían visto que cuando a un paciente se le da un fármaco que espera que alivie el dolor, el cerebro reaccionaba al falso tratamiento. Sin embargo, no se había identificado el mecanismo cerebral responsable de estas reacciones.

Un estudio de la Universidad de Michigan demuestra que el efecto placebo no es un fenómeno puramente psicológico sino que tiene una explicación física.

El experimento se llevó a cabo con 14 voluntarios a los que se aplicó una inyección dolorosa en la mandíbula. Después, se les administró al mismo tiempo una sustancia para aliviar el dolor, aunque en realidad se trataba de un compuesto inactivo (placebo).

Se registró la actividad cerebral de los participantes en ambos momentos, mediante escáneres, y se comprobó que cuando creían recibir el analgésico, les podían administrar una cantidad mayor de la sustancia dolorosa, porque su tolerancia al dolor aumentaba.

La conclusión: con solo pensar que un fármaco aliviará el dolor es suficiente para que el cerebro libere sus propios analgésicos naturales (las endorfinas). Se trata , por tanto, de la primera evidencia directa de que esas sustancias cerebrales intervienen en el efecto placebo analgésico.

Eso sí, para que un placebo pueda alterar esta actividad en ciertas zonas del cerebro es necesario que la persona crea en la utilidad de la sustancia y que dicha creencia sea traducida en cambios bioquímicos relacionados con los mecanismos del dolor.

Y es que "cuando se informa al paciente de que el tratamiento que recibe es un placebo, generalmente pierde su efectividad", recalca el Dr. J .A. Martín, médico del Grupo de Trabajo en Neurología, de la Sociedad Española de Medicina General.

¿Cómo se mide el efecto placebo?

El efecto placebo desempeña un papel clave para determinar la eficacia de un medicamento y por eso se utiliza mucho en la investigación.

Para distinguir el efecto real del efecto placebo de un fármaco, los investigadores comparan fármacos con placebos en los ensayos terapéuticos.

En estos estudios se administra el fármaco experimental a la mitad de los participantes y un placebo, de aspecto idéntico, a la otra mitad.

Lo habitual es que estos ensayos sean a doble ciego, es decir, ni los participantes ni los investigadores saben quién ha recibido el fármaco y quién el placebo. Sin embargo, algunos pueden ser a simple ciego: el paciente no sabe lo que recibe pero el medico sí.

Para la evaluación de los efectos químicos reales del fármaco experimental, se restan los efectos del placebo a los obtenidos con el fármaco.

"La acción del fármaco que se investiga debe ser sustancialmente mejor que la del placebo, con el fin de justificar su uso", comenta Pilar Hereu, médico especialista en farmacología del Instituto Catalán de Farmacología.

"Las autoridades reguladoras, en muchos casos, así lo exigen para poder comercializar los fármacos que tratan enfermedades tan diversas como el asma, la migraña, la psoriasis o la depresión", explica.

Así, por ejemplo, en estudios de fármacos nuevos que alivian la angina de pecho (dolor de pecho debido a un riego sanguíneo anormal en el músculo cardiaco) es frecuente que los efectos positivos de éstos con respecto al placebo sobrepasen el 50%.

La respuesta al placebo puede variar mucho en las distintas dolencias, pero lo cierto es que cada vez que se realiza un ensayo clínico con un nuevo medicamento, el placebo se revela eficaz y en dolencias de índole tan distinta como podrían ser la calvície o las alergias.

"Está claro que el efecto placebo existe y no se entiende que haya quien lo niegue", lamenta el Dr. Masgrau.

En investigación el placebo es clave para probar la eficacia de un fármaco; sin embargo, su uso en la práctica clínica plantea dudas de carácter ético.

Factores que influyen en el éxito de un tratamiento placebo

El poder del placebo depende de factores relacionados con el paciente y el médico, la enfermedad y la intervención terapéutica concreta que se realice, pero existen otros factores, como el color del fármaco, que también influyen.

Pero el paciente no es el único actor implicado en el efecto placebo. Aparte de las esperanzas y creencias positivas que éste puede tener, son un factor fundamental las que tenga el médico y la relación que se establezca entre ambos.

Es de sobras conocido cómo el simple acto de acudir al médico puede resultar terapéutico en sí mismo: "Me he encontrado con casos de personas que simplemente por llamar y pedir hora, o sentarse en la sala de espera han notado un alivio significativo de sus síntomas" comenta el médico Miguel Masgrau.

Además, es básica la forma en que el profesional enfoca la situación y se relaciona con el paciente, ya que éste le transmite una información a nivel subconsciente de lo que desea corregir y, con ello, sugiere el camino de la curación.

"Cuanto más convencido esté el terapeuta de la eficacia del tratamiento que prescribe, tal convicción parece constituir el mensaje más efectivo para despertar en su ánimo la confianza en su alivio o cura. Mientras mayor sea el convencimiento del paciente sobre el éxito del tratamiento, mayor será el efecto placebo", argumenta Cruzado.

Pero la forma en que muchas veces tienen lugar las consultas médicas, rápidas y mecánicas, es un obstáculo para que la relación médico-paciente desencadene las expectativas positivas que favorecen la curación.

"El médico suele dedicar una media de siete minutos por paciente, de ahí que un 40% de las personas que acuden a visitarse no lleguen a la farmacia a adquirir el medicamento, pues ni siquiera conocen los efectos secundarios que puede tener", explica Antonio Cano, psicólogo y presidente de la Sociedad Española para el estudio de la Ansiedad y el Estrés.

Estos factores influyen en el tratamiento con placebo:

Grado de complicación

En una investigación ya clásica (Lowinger y Dobie, 1969) se estableció que el efecto placebo puede incrementar la eficacia de una terapia médica en entre un 25 y un 75%, siempre que concurran estos tres factores a la vez:

  • Que el médico diga al enfermo que el tratamiento al que se somete es muy potente.
  • Que la administración del mismo sea algo complicada.
  • Que se le explique que la terapia que debe seguir es muy moderna y eficaz.

Precio y reputación

Del mismo modo, también se ha comprobado que si el tratamiento lo prescribe un médico de pago se consiguen mejores resultados.

Si el profesional, además, tiene una buena reputación, el grado de efectividad también aumenta.

Del mismo modo, parece ser que los analgésicos más caros son los que mejor curarían el dolor de cabeza, mientras que las pastillas más baratas, cuando la persona sabe que lo son, a veces no resultan tan eficaces.

Actitud para curarse: así se potencia el efecto placebo

La forma en que una persona afronta su enfermedad puede resultar determinante para lograr el efecto curativo deseado. En este sentido, mantener una actitud positiva y no rendirse ante la situación son actitudes favorables.

Según la experiencia del Dr. Andrew Weil como testigo de algunas curaciones espontáneas, destaca que pueden identificarse hasta siete actitudes o estrategias frente a la enfermedad que podrían llegar a incidir en la curación:

  1. No aceptar un "no" por respuesta. Esto significa no renunciar a la esperanza de que es posible encontrar ayuda y solución en alguna parte, aunque los médicos no vean posibilidad alguna de curarse y hayan salido de sus bocas palabras desalentadoras.
  2. Buscar ayuda activamente. Los pacientes que tienen éxito buscan posibilidades de tratamiento y ayudas. Indagar, leer, preguntar ... , aun a riesgo de resultar pacientes difíciles para algunos médicos, es básico.
  3. Buscar a otras personas que se han curado: ésta es, sin duda, una de las maneras más eficaces de neutralizar el pesimismo de los médicos. Además, aportan su consejo y orientación al enfermo.
  4. Relacionarse bien. Aliarse con los profesionales de la salud que confían en uno y en la posibilidad de sanarse a uno mismo. Que hagan sentir que uno no está solo. Un buen aliado podría ser sencillamente el que dice: "No sé que está haciendo, pero ¡adelante!"
  5. No bloquearse a la hora de hacer cambios. Modificar ciertas situaciones -relaciones, trabajo, lugar de residencia, hábitos ... - puede ser un paso necesario para recuperar el equilibrio perdido.
  6. Considerar la enfermedad como una oportunidad para reorientar el rumbo personal y corregir hábitos vitales y patrones negativos de conducta.
  7. Cultivar la aceptación de uno mismo, con sus virtudes y defectos, incluida la enfermedad, con el fin de superarla.

Cuestiones éticas sobre el tratamiento con placebos

Habitualmente, los médicos evítan el uso deliberado y secreto de los placebos, en contraste con lo que sucede en la investigación clínica, pues administrar un procedimiento o sustancia a un paciente a sabiendas de que no posee efecto específico contra una dolencia no sería éticamente admisible.

Además, se mezclan otros factores tales como que un resultado decepcionante puede deteriorar la relación médico-paciente.

Además, el médico puede malinterpretar la respueta del paciente, creyendo que sus síntomas no están basados en una enfermedad real o que son exagerados.

Aunque no es frecuente que los médicos prescriban placebos, algunos lo hacen de manera fácil y clara.

"Por ejemplo, si un paciente con ansiedad está creando una dependencia a un tranquilizante que provoca adicción, se le puede sugerir el tratamiento con placebos", explica Antonio Cano. "En principio, el paciente y el médico están de acuerdo en realizar tal experimento para ver si realmente se necesita el fármaco en cuestión".

Además, la mayoría de médicos atiende a sus pacientes convencidos de que el uso de algunas sustancias previene o alivia sus enfermedades, aun sin tener evidencias científicas que confirmen esta creencia.

Por ejemplo, algunas personas que han oído decir que sus calmantes suaves son fuertes experimentan a menudo un alivio significativo del dolor y están convencidas de que dichos fármacos son más más eficaces que cualquier otro que hayan,usado antes.

Otro ejemplo sería el de personas que por determinadas creencias prefieren una inyección, aunque sepan que un comprimido es igual de eficaz.

En estas situaciones, a los médicos les preocupan estos efectos no científicos y algunos se sienten incómodos al prescribirles, pero reconocen que como determinados pacientes son tan dependientes de los placebos, privarlos de ellos sería más perjudicial que positivo, "siempre teniendo en cuenta, claro está, que el placebo utilizado presente un margen de seguridad alto", matiza Cano.

Repetidos y depurados estudios han de mostrado que los experimentos con placebo son significativos en los seres humanos y nulos en animales, lo que conduce a pensar que el psiquismo superior tiene su papel en la efectividad de lo que farmacológicamente es inefectivo. Además, estos experimentos son reproducibles y mesurables.

A la vista de estos datos, quizás habría que preguntarse si en lugar del gasto económico en nuevos medicamentos, no sería mejor invertir antes en algo mucho más barato, totalmente inocuo y sumamente eficaz: ganarse la confianza de los pacientes en el tratamiento y establecer con ellos una relación de confianza.

Para ello es importante que la actitud del médico cambie y se replantee su relación con el enfermo, en vez de encontrar en los espectaculares resultados del placebo una manera de acusar a las terapias alternativas, como ocurre por ejemplo con la homeopatía, que, al contrario de lo que sucede con los placebos, sí que resulta bastante efectiva en los animales.

El Dr. J. Martín-Ballestero, médico homeópata, afirma: "En toda consulta médica se da cierto efecto placebo, más aún si la consulta es larga y la persona afectada relata toda su historia sin el impedimento del tiempo a emplear. La escucha del médico, sus explicaciones y consejos, en mayor o menor medida, tienen un efecto placebo en el tratamiento posterior de cualquier especialidad médica".

En este sentido, el Dr. Villagrán también añade: "Lo que distingue a un buen médico de un médico mediocre no es tanto los fármacos o procedimientos técnicos que utiliza (generalmente los mismos) sino cómo utiliza estos procedimientos técnicos y, por tanto, cómo maneja esos aspectos inespecificos que constituyen, en definitiva, el efecto placebo".

Libros sobre el poder curativo de la mente

  • La curación espontánea; Andrew Weil. Ed. Urano
  • Enfermar o curar por la mente; Paul Martin. Ed. Debate

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