¿Qué hacer en la playa? 8 sugerencias para aprovechar el día para ganar salud

La sabia combinación de la naturaleza del agua salada, el clima, las algas e incluso la arena hacen que en la playa el organismo recupere el equilibrio perdido.

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Asesora: Dra. Mayte Suárez Santos, especialista en termalismo y talasoterapia

Pasar una jornada junto al mar resulta reconstituyente, pero es posible aumentar sus efectos positivos sobre el cuerpo y la mente si se sigue una rutina, en lugar de darse un baño y tumbarse en la arena sin más.

Las características principales del clima marino son: temperaturas con oscilaciones diarias débiles, presión atmosférica alta, vientos cálidos y húmedos, y radiaciones solares intensas a causa de la reverberación del mar.

Todo ello unido a la acción del agua de mar se convierte en un cóctel de múltiples elementos que podemos aprovechar en un día de playa. Te lo contamos a continuación.

1. Nadar en el agua del mar

Simplemente caminar por la orilla, reafirma los tejidos y ayuda a eliminar líquidos, y todo ello de una manera mucho más cómoda gracias a la flotabilidad.

Después, nos zambullimos en el mar durante media hora, nadando o simplemente, flotando. Tras un baño, se depositan sobre la piel unos 20 ml de agua con sus ingredientes mineralizantes. Es importante remarcar que para que su acción se prolongue es mejor no secarse enseguida ni aclararse con agua dulce. El último baño se aconseja realizarlo hacia las doce del mediodía con una duración máxima de unos quince minutos.

El agua aporta un cóctel de sustancias necesarias para la salud (como el yodo, el potasio, el azubre, el calcio o el silicio) que el cuerpo puede absorber en pequeña proporción a través de la piel y que tienenprobados efectos positivos sobre la salud. La prueba es que muchas afecciones experimentan una clara mejoría si quien las sufre está una temporada en la costa.

  • Aumento de la capacidad respiratoria. En el agua, la práctica neutralidad de las presiones permite un aumento de la capacidad pulmonar y una mayor movilidad del diafragma. Así, mejora la capacidad respiratoria y oxigenación.
  • Elimina toxinas. Sumergirse en el agua de mar produce un efecto drenante. Se estimula el circuito venoso y linfático por que la presión del agua es mucho más alta que la del aire. El resultado es una movilización del agua extracelular que favorece la eliminación de líquidos.
  • Activa la circulación. La densidad y resistencia del agua, así como la arena, ejercen un masaje y. al ejercitar los músculos dentro del agua y caminar por la orilla, se favorece el retorno venoso y se previenen varices, celulitis, hemorroides...
  • Mejora huesos y músculos. Los oligoelementos disueltos en el agua de mar se pueden absorber a través de la piel. Así, se ha comprobado que el medio marino mejora la fijación de calcio y fósforo en los huesos. Gracias a ello una fractura se consolida más rápidamente. Además, mejora la movilidad muscular y articular, y es efectivo en la prevención y tratamiento de la osteoporosis.
  • Para el estrés. En épocas de estrés y cansancio el organismo pierde muchas sales y minerales. Los baños de mar suplen estas carencias y el sistema nervioso se recupera antes.
  • Beneficia a la piel. Los eccemas, el acné, cicatrices, heridas y otras alteraciones cutáneas debidas a problemas alérgicos mejoran gracias a sus minerales y oligoelementos. También la psoriasis se beneficia de los baños de sol y mar.
  • En convalecencias. El contacto con el clima marino estimula la médula ósea, lo que aumenta la producción de glóbulos rojos. Por eso beneficia a gente convaleciente de una intervención o enfermedad, y si se sufre anemia. Además, respirar la brisa marina aumenta las defensas del organismo.

2. Flotar en el mar

Por las características cinéticas del agua de mar, como es su continuo movimiento ondulatorio, un baño marino se asemeja a una completa sesión de masaje que activa el sistema muscular, al tiempo que proporciona una mayor elasticidad y firmeza a los músculos.

La mejoría del estado del sistema circulatorio es otro de los beneficios derivados del oleaje marino.

Durante el baño, la presión hidrostática del agua provoca una compresión de las zonas del cuerpo que se encuentran sumergidas en el agua y, por lo tanto, también del sistema venoso, cuya circulación resulta activada.

Por esta razón, los baños de mar constituyen una terapia idónea para aquellas personas que sufren problemas de varices y circulación en general.

Además, las sales y el masaje de las olas son un eficaz tratamiento anticelulítico. Para aprovecharlo, podemos tumbarnos en la orilla una media hora al día y dejar que el oleaje haga el resto.

3. Caminar descalzos

Caminar descalzos por la arena mojada y por aquellas zonas de playa en las que está más firme es una práctica ideal que repercute positivamente en la circulación sanguínea y el sistema nervioso, fortalece la musculatura de pies y tobillos, y realiza un suave y saludable masaje a la planta.

Además, se experimenta una placentera sensación que favorece el equilibrio energético del organismo. Y hacerlo dejando que el agua rompa a la altura de los tobillos es ideal en caso de varices, pesadez, cansancio en las piernas...

Igualmente, cubrirse con arena diez minutos, además de un juego divertido, es beneficioso para la salud. La arena elimina toxinas, es excelente para el sistema músculo-esquelético y relaja, pues contiene las mismas sales que el mar y se mantiene caliente por el sol.

Para realizarlo se debe cavar un poco, de modo que el cuerpo quede introducido en el suelo, y cubrirlo con una gruesa capa de arena, dejando fuera solamente la cabeza. Esta conviene mantenerla a la sombra de una sombrilla.

Al salir de la arena se aconseja efectuar un baño en el mar y reposar un rato antes de volver a tomar el sol o proseguir la actividad.

Por otra parte, la arena de playa también se puede aplicar en forma de cataplasmas, que resultan muy efectivas en caso de sufrir dolor muscular.

5. Tomar el sol de forma saludable

A las virtudes del agua, el aire y la arena queda añadir las que proporciona un baño de sol.

Tomado con moderación es necesario para el buen estado de los huesos (favorece la síntesis de vitamina D y, gracias a ello, la calcificación de los huesos) y mejora dolencias cutáneas como la psoriasis, el acné o el eccema atópico. Además, activa la circulación sanguínea.

Pero el sol no solo resulta positivo a nivel orgánico, sino que la mente y el estado de ánimo se ven muy favorecidos por sus efectos: se sabe que las personas deprimidas mejoran mucho si se someten diariamente a periodos de exposición solar.

De hecho, en los países nórdicos, donde se disfruta de muy pocas horas de luz natural al año, se registra en general un número más elevado de depresiones y suicidios.

A la hora de tomarlo, eso sí, hay que tener en cuenta que la línea que separa los efectos benéficos del sol sobre el organismo de los potenciales riesgos es la dosis o tiempo de exposición.

En el caso de la vitamina D, por ejemplo, bastan entre 20 y 30 minutos diarios para obtener los niveles óptimos y necesarios.

Es básico, además, evitar las horas de máxima insolación (entre las 12 h y las 16 h) y utilizar una crema de protección solar (en función de nuestro fototipo) con un factor de 15 como mínimo.

5. Buscar momentos para el relax

La primera hora de la mañana, aprovechando el amanecer y el silencio, es el mejor momento para relajarse. Es suficiente con tumbarse en la arena húmeda escuchando el sonido de las olas, que evoca el flujo respiratorio.

Un almuerzo ligero y una siesta son imprescindibles. Sumergirse de nuevo en las aguas marinas resulta muy placentero cuando empieza a caer el sol. Recuerda que cuanto más cálida sea el agua, mejor, pues más se absorbe su composición química.

6. Yoga en la playa

Pasear no es lo único que podemos hacer junto al mar. Las ventajas de practicar yoga en la playa, al aire libre, están sobre todo relacionadas con el trabajo respiratorio que acompaña a las posturas corporales, que resulta mucho más efectivo.

Además, un entorno abierto y natural, con el reconfortante calor del sol, la visión del cielo azul y el sonido del mar predisponen al cuerpo y a la mente a un estado de armonía y relajación que, de practicar yoga en casa, deberíamos intentar crear.

De hecho, se recomienda realizar siempre el yoga en un lugar bien ventilado, en una superficie no muy dura y en un ambiente adecuado que predisponga a una actitud mental positiva. Algo que la playa, a las horas de poca concurrencia, ofrece de forma natural.

Lo ideal es acudir a primera hora de la mañana o última de la tarde vestidos con ropa blanca y cómoda para tener libertad de movimientos y, a poder ser, de algodón o tejidos naturales que faciliten la transpiración.

Puede ser importante colocarse sobre una toalla e ir bebiendo agua no demasiado fría.

Algunas posturas fáciles de yoga que se pueden hacer en la arena:

  • El señor de los peces: siéntate y estira las piernas. Ahora flexiona la rodilla derecha y abrázala con el brazo izquierdo mientras la mano derecha se apoya en el suelo. Inspira y empieza a rotar: cuello, dorsales y lumbares hacia la derecha. Al exhalar, descansa. Realiza este ejercicio durante siete respiraciones. Luego, cambia de lado.
  • El puente: estírate en el suelo boca arriba y flexiona las rodillas. Inspira y, ejerciendo presión con los pies en el suelo, eleva las nalgas y el tronco. Exhala al bajar. Apoya primero la zona lumbar, luego el coxis y, por último, las nalgas. Realízalo siete veces.

7. Contemplar el mar

También podemos dedicar unos minutos a meditar en la arena de la playa. De hecho, detenerse a escuchar las olas relaja el cuerpo y la mente y es una práctica muy recomendable para personas sometidas a estrés.

Entre los beneficios psicológicos que aporta se ha comprobado que es capaz de atenuar los síntomas de trastornos como el insomnio. Es más, una de las visualizaciones más aconsejables para sentirse mejor consiste en evocar la imagen del mar.

Por tanto, si lo tenemos delante, nada mejor que sentarse frente a él y contemplar el vaivén de las olas, mientras respiramos:

  • Siéntate y apoya las manos en el vientre (que se rocen las puntas de los dedos).
  • Inspira hasta llenar los pulmones, dejando que se hinche el estómago y nota cómo tus dedos tienden a separarse.
  • Exhala, vaciando primero la parte superior de los pulmones. Luego contrae el estómago y expulsa todo el aire. Repite el ejercicio varias veces.

Con estas respiraciones estaremos inhalando las gotas de agua en mar en suspensión con las ventajas que ello supone para la salud.

Si añadimos las que proporciona el contacto del agua con la piel y las mucosas, la acción dinámica de las olas, el efecto de la arena y los baños de sol, aprovecharemos todos los elementos que la playa pone a nuestro alcance. Un auténtico regalo para el organismo.

8. Respirar la brisa marina

Si el agua tiene beneficios, la brisa marina no se queda atrás, gracias a su riqueza en iones negativos. Estos predominan en plena naturaleza, donde nos encontramos más llenos de vitalidad.

En el aire fresco hay hasta 4.000 iones negativos por centímetro cúbico y cerca de una cascada o en alta mar, por ejemplo, pueden contabilizarse hasta 10.000. Sin embargo, en las grandes ciudades su número a veces apenas supera los 100.

Si tenemos en cuenta que ayudan a oxigenar todo el organismo, estimulan el metabolismo celular, equilibran los niveles de serotonina (neurotransmisor cerebral cuya liberación produce sensación de bienestar), actúan sobre el sistema hormonal y ayudan a reajustar las funciones biológicas alteradas, entenderemos por qué resulta tan beneficioso respirar la brisa marina.

Por el contrario, una carga excesiva de iones positivos en el ambiente es posible que cause dolores de cabeza, nerviosismo, insomnio, fatiga, irritabilidad o congestión nasal. Incluso puede favorecer reacciones alérgicas o un envejecimiento prematuro.

Otro aspecto destacable del aire marino es su gran pureza: en alta mar no contiene gérmenes, en la orilla unos 100-200 por metro cúbico, y a tres kilómetros tierra adentro el número se eleva a unos 10.000.

Además, está saturado de microgotas de agua de mar en suspensión que como auténticos aerosoles penetran en las vías respiratorias. Y es rico en yodo y ozono, lo que le confiere propiedades antibióticas, calmantes del sistema nervioso y estimulantes de las defensas.

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