Respiración consciente

En la respiración empiezan las defensas: cómo respirar bien

Respirar de forma consciente nos conecta al presente, reequilibra y fortalece el sistema respiratorio y nos da un extra de oxígeno.

Pablo Saz
Dr. Pablo Saz

Médico naturista. Investigador en la Universidad de Zaragoza

Al nacer respiramos, y a partir de ese momento el "aire" constituye nuestro ambiente esencial. El cuidado de los pulmones y de las vías respiratorias es, pues, relevante en la calidad de vida.

La respiración superficial, por la ventilación inadecuada que conlleva, nos hace más sensibles al estrés. Contrariamente, una respiración correcta favorece nuestra salud y protege nuestro organismo.

La respiración está relacionada con las defensas

Cuando nuestras vías respiratorias no son capaces de adaptarse al medio en su funcionamiento normal aparecen reacciones o formas de respirar que nos pueden asustar. Pero, si las entendemos, veremos que constituyen una respuesta positiva del organismo a una nueva situación.

Además de practicar hábitos saludables, podemos confiar en los recursos que pone en marcha el propio cuerpo. Por ejemplo, la respiración produce lisozima y alfa-1-tripsina para que las bacterias no se multipliquen, o interferón para que los virus no penetren en las células.

También disponemos de "barrederos respiratorios", como los leucocitos polimorfonucleares, monocitos y macrófagos, que son asimismo mecanismos defensivos de gran importancia. Todo preparado para mantenernos saludables.

Lógicamente, la defensa suele comenzar por las partes más externas de la mucosa: nariz, faringe, laringe y tráquea. En ellas se producen las primeras reacciones: la tos, los estornudos y la secreción nasal, que serán seguidas de otras si el problema persiste.

  • La tos es un mecanismo de defensa. La tos es un reflejo que limpia los bronquios y la tráquea, pero también los alvéolos y vías respiratorias altas. Por lo tanto, hay que pensarse muy bien el uso de antitusígenos, que rompen este mecanismo de defensa. La tos puede ser favorable y productiva incluso si no saca moco. Podemos suavizar la sensación molesta de la garganta con tomas de agua caliente y miel, eficaces para reducir la tos nocturna derivada de infecciones respiratorias de las vías aéreas altas.
  • La mucosidad es útil. El moco va unido en su acción defensiva eficaz al llamado transporte mucociliar. Debajo de su manto están las células ciliadas, con cilios que oscilan entre 1.000 y 1.500 ciclos por minuto, de forma coordinada, para arrastrar el moco hacia fuera.

Debes tener en cuenta que la actividad física favorece el transporte mucociliar. Sin embargo, lo entorpecen el alcohol y contaminantes como el monóxido de carbono, el anhídrido sulfuroso, el dióxido de nitrógeno, el ozono o el tabaco.

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Cómo la respiración nos conecta con el ambiente

Con cada respiración inspiramos miles de microorganismos, pero al exhalar expulsamos solo el 1,5% de lo introducido. A pesar de ello, las consecuencias no se ven salvo alguna vez al año. Lo mismo ocurre con las partículas atmosféricas. Todo ello nos da idea de que en las vías respiratorias hay mecanismos de relación con el medio que nos permiten acoplarnos a él perfectamente.

  • Termostato natural. Gracias a la evaporación constante de vapor de agua que se produce en estas vías, actúa como un regulador de la temperatura corporal y sanguínea. También controla las presiones intratorácica, intraabdominal e intracraneal, y forma y mantiene el porte, el saber estar físico y psíquico en cada sitio y momento.
  • Reacción ante un problema externo. Las vías respiratorias poseen la capacidad de reaccionar y resolver los problemas que le plantea el medio externo, ya sea de forma normal o mediante una crisis depurativa.
  • Fuente de vitalidad. La respiración es el medio fácil y asequible que la naturaleza nos brinda para obtener el desarrollo integral y completo de nuestro ser y nuestra energía. Permite que desarrollemos nuestros potenciales latentes.
  • Conexión con el exterior. Las vías respiratorias tienen muchas funciones dentro de nuestro organismo. Son un punto de comunicación con el ambiente que nos rodea. Nos hace integrarnos y sobrevivir en él, tomando el oxígeno, vital para nuestras células. Además, nos sirve para desembarazar nuestro cuerpo de sus gases tóxicos, como el anhídrido carbónico; con esta función reequilibra el pH sanguíneo, de gran importancia para el medio interno de nuestro cuerpo.

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  • Respiración alterna

Calma tu mente. Para practicar este pranayama del yoga («nadi shodana») cierra la fosa nasal derecha con el pulgar e inhala por la izquierda. Libera la fosa derecha y cierra la izquierda con el anular. Exhala por la derecha. Inhala por la derecha, libera la izquierda y tapa la derecha. Exhala por la izquierda. Hazlo 6
veces.

  • Respiración abdominal

Llena la parte baja del pulmón. Cuando el abdomen se expande hacia fuera, el diafragma se aplana hacia abajo y permite que entre más aire. Acuéstate boca arriba en una posición cómoda. Puedes usar una esterilla de yoga o tumbarte en la cama. Descansa una mano sobre tu abdomen y la otra sobre tu pecho. Respira lentamente y deja que el abdomen se expanda hacia fuera. Exhala por la boca contrayendo los músculos abdominales para expulsar todo el aire. Vuelve a inhalar por la nariz. Inspira en 7 segundos y exhala en 8. Repítelo 5 veces.

  • Abrir costillas

Expándete. De pie, exhala hasta vaciar los pulmones. Inhala poco a poco hasta llenarlos tanto como te sea posible. Retén el aire 20 segundos o más, con las manos en las caderas y los pulgares apuntando adelante. Exhala lentamente. Repite 3 veces.

  • Expandir pulmones

Llega al máximo de tu capacidad. De pie, con los pies en paralelo y las rodillas relajadas, inclínate lentamente hacia delante, por la cintura, para ir vaciando todo el aire de los pulmones. Luego incorpórate poco a poco e inhala hasta que los pulmones lleguen al máximo de su capacidad. Siente cómo se abren en todas las direcciones, llenos de aire.

Mantén la respiración durante 20 segundos, o todo el tiempo que puedas, mientras levantas suavemente los brazos por encima de la cabeza. Una vez hayas acabado de contar, baja poco a poco los brazos al tiempo que exhalas por la boca y regresas a una posición relajada. Repítelo 4 veces y sentirás que tu energía se renueva. Puede que incluso bosteces porque te habrás relajado.

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