Superar enfermedades y ganar bienestar

Recupera la salud gracias a la naturaleza

Heike Freire

Cada vez más estudios científicos nos demuestran que alejarnos del verde de la naturaleza y de los animales es un grave error que pagamos con nuestra salud.

Hace muchos años, cuando mi abuela llegó a la menopausia, irrumpieron con fuerza en su conciencia los recuerdos de experiencias traumáticas que había vivido durante la guerra civil. Sufría de insomnio, fuertes angustias y, en ocasiones, incluso tenía alucinaciones. Al terminar un breve tratamiento farmacológico, el médico le aconsejó que pasara una temporada en el campo. Con el aire puro y la paz de las montañas asturianas, mi querida güeli fue, poco a poco, recuperando el equilibrio.

Desde tiempos remotos, el ser humano ha acudido a la naturaleza en busca de salud y bienestar.

El clima y los elementos, los minerales, las plantas y los animales son una fuente inagotable de remedios en todas las tradiciones terapéuticas, antiguas y modernas. Y cuando se encuentran enfermas o estresadas, muchas personas buscan espontáneamente descansar, pasear o realizar alguna actividad en contacto con la tierra.

“La naturaleza sana por sí misma”, afirma un antiguo proverbio de origen hipocrático para destacar su asombrosa capacidad curativa.

Retenidos en el asfalto

Actualmente, las ventajas de esta conexión con el medio ambiente vuelven a ocupar un lugar importante en los discursos y la práctica médica, psicológica, social y educativa, y son muchas las líneas de investigación que analizan sus beneficios para distintos tipos de personas y dolencias.

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Pero ¿este repentino interés es solo una moda o se trata de algo más profundo?

Por diversas razones, los seres humanos necesitamos hoy, más que nunca, el contacto con la naturaleza:

  • La creciente urbanización de los territorios (el 50% de la población mundial vive en grandes ciudades y, en veinte años, lo hará el 75%) nos ha ido alejando cada vez más de una convivencia con el entorno y los demás seres vivos que antes era mucho más frecuente.
  • El estilo de vida “artificial” en las urbes, dominado por las prisas, la sobreestimulación y la creciente dependencia de la tecnología (el 42% de los norteamericanos tiene claro que no podría vivir sin su móvil), tiende a embotar nuestros sistemas sensoriales (auténticas antenas con las que nos vinculamos al mundo y a nosotros mismos) y a generar estados de tensión atencional y nerviosa que producen malestar, fatiga, estrés y una profunda desorientación existencial.
  • La transformación de las estructuras sociales tradicionales (grupo familiar, pueblo, barrio...) en formas de relación más amplias y globalizadas, pero también más inestables, compromete la posibilidad de establecer lazos sólidos y deja a muchas personas con una sensación de falta de enraizamiento.

Gran parte de nuestros “síntomas” de enfermedad son, según algunos autores, una consecuencia directa del alejamiento de la tierra, y podrían evitarse simplemente volviendo a establecer el contacto con ella.

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Así lo indican los numerosos estudios que, desde hace más de treinta años, muestran cómo los entornos con árboles y plantas:

  • Proporcionan una estimulación sensorial suave y no invasiva que afina nuestros sentidos.
  • Contribuyen a renovar nuestra capacidad de atención.
  • Equilibran nuestras emociones y nos ayudan a minimizar el impacto de la ansiedad y el estrés.
  • Potencian las funciones cognitivas.
  • Favorecen la empatía, el buen humor y la sociabilidad.
  • En general, proporcionan una sensación de bienestar que mejora todos los indicadores fisiológicos, aumentando las defensas del organismo.

Sus efectos son palpables en la recuperación de numerosas dolencias, contribuyendo especialmente a aliviar los síntomas de trastornos como la fibromialgia, el alzhéimer o la hiperactividad, y a la prevención de enfermedades.

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Encuentra el camino de vuelta

Aún no sabemos con certeza si estos efectos, y muchos otros, son debidos a:

  • Las cualidades del aire o la luz
  • La presencia de bacterias “amigas” en la tierra, que fortalecen el sistema inmunitario y favorecen la producción de serotonina
  • La acción de los fitoncidas, compuestos que emiten los árboles para protegerse de agresiones, utilizados en aromaterapia
  • Las cualidades vibratorias de plantas, árboles y animales
  • O a la acción conjunta de estos y, quizá, otros elementos
  • Lo que sí parece claro es que para recuperar el contacto será preciso superar –a nivel individual, grupal y social– el miedo, la aversión y la adicción a “sensaciones fuertes” inducidos por la forma de vida urbana hipertecnológica.

Tendremos que modificar las estructuras físicas y mentales en las que nos movemos habitualmente y empezar a considerar a los demás seres que habitan el planeta, no solo como un recurso a nuestro servicio, sino como compañeros en el viaje de una vida más grande que hemos de cuidar en beneficio de todos.

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