La experiencia estimula la confianza

Se puede aprender de las heridas

Pablo Saz

Las heridas, ya sean físicas o emocionales, siempre dejan una cicatriz en la persona. Hay que lograr convivir con las cicatrices y saber aprender de ellas.

Cuando tenemos una herida sangrante y dolorosa, lo primero que pensamos es que algo ha fallado. Lo siguiente es que aún podemos sobrevivir.

La experiencia nos enseña que todos sangramos cuando nos pinchan y que hay que alejarse de lo que pincha o aprender a esquivarlo.

También el cuerpo aprende que tras la herida viene la recuperación y que para ello a veces hay que hacer un alto en el camino e instaurar un descanso para recuperarse y reflexionar sobre lo que ha sucedido.

Es importante conocer la gran capacidad que tiene el cuerpo para curar las heridas, para cicatrizar y restaurar los tejidos agredidos.

Para curar una herida, disminuir las molestias y evitar las complicaciones, habrá que echar mano de todo lo que conocemos: desde suturas, adhesivos tópicos, bandas de sutura incruenta, películas de poliuretano, apósitos o gasas, hasta pomadas o ungüentos que ayuden a la cicatrización y eviten la infección.

También resultan útiles plantas como el hipérico (Hipericum perforatum), la sábila o aloe (Aloe vera), la caléndula (Calendula officinalis), la uña de gato (Uncaria guianensis) y la centella asiática (Hidrocotile asiatica), o el azúcar y la miel de calidad.

Pero hemos de saber que el mejor tratamiento es confiar en el propio cuerpo y que el segundo en eficacia es limpiar la herida con agua limpia –mejor que cualquier antiséptico– y dejarla secar al aire.

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Cicatrices para el recuerdo

Es importante ver la parte positiva de la vida y de la herida, sobre todo si se han sufrido operaciones por heridas graves o si se es una madre a quien se ha practicado una cesárea o una episiotomía complicada.

La cicatriz deja un recuerdo para avisar de la experiencia que supuso la herida y el recuerdo del dolor pasado puede estar marcado por el miedo a que se repita.

Las cicatrices nos recuerdan esa capacidad regenerativa del cuerpo, nuestra capacidad para sobrevivir y sobreponernos a los ataques y a las agresiones más fuertes.

Toda situación de riesgo vital conlleva un estrés psicológico grave. A veces los profesionales de la salud no son conscientes del sufrimiento psicológico que pueden generar estas situaciones.

A menudo se puede experimentar tristeza o rabia, o pensar que el cuerpo o los reflejos nos han fallado y que por eso hemos quedado heridos… o incluso que no seremos capaces de responder a una nueva situación.

Pero ocurre que la siguiente situación ya no es igual y que el cuerpo ha adquirido experiencia para afrontarla.

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Recomendaciones para curar las heridas

  • La herida produce tristeza, que aumenta a veces por la debilidad provocada por la hemorragia o la misma agresión o traumatismo. Y el agotamiento puede intensificar esos sentimientos y llegar a causar una depresión.
  • Hablar de los sentimientos que rodean una herida facilita su curación en lo emocional y en lo físico. Al hablar, transmitimos nuestra experiencia y aprendemos de ella.
  • La limpieza de la herida con agua también puede ayudar tanto en lo físico como en lo emocional.

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