Terapias naturales

Síndrome de fatiga crónica: tratamientos naturales que ayudan

Muchas personas repiten cada día que el cansancio no las abandona desde que se levantan hasta que se acuestan. Para quien sufre fatiga crónica la vida diaria se hace especialmente cuesta arriba. Los tratamientos naturales pueden ayudar mucho en estos casos.


"Estoy cansada de decir que estoy cansada, pero es la realidad". Esta frase refleja la queja principal de las personas que padecen síndrome de fatiga crónica (SFC), una situación que afecta seriamente a la salud física, mental y emocional de quien la padece. Con frecuencia, se debe abandonar el trabajo ante la imposibilidad de realizar las tareas diarias.

Cambios en el estilo de vida, ciertas plantas medicinales adaptógenas como la Rhodiola, alimentos funcionales como hongos nutricionales y bayas, y recibir un acompañamiento terapéutico y psicoemocional personalizado puede suponer un alivio significativo con mejora de la calidad de vida de las personas que sufren esta situación.

¿Síndrome de fatiga crónica o simple cansancio?

Los casos de SFC son complejos debido a la variedad de manifestaciones satélite que pueden confluir con la fatiga crónica, entre ellos, desequilibrios hormonales, afecciones autoinmunes, hipersensibilidad, dolor de difícil manejo como los casos de fibromialgia.

Los primeros casos de síndrome de fatiga crónica se comenzaron a diagnosticar como síndromes de fatiga postviral, con cansancio extremo físico y mental, dolor corporal y febrícula. Por ello se llamó Síndrome de Fatiga Crónica PostViral (SFCPV) y también Encefalomielitis Miálgica (EM) nombre que producía confusión y temor por siglas coincidentes con Esclerosis Múltiple y por centrarse solo en el dolor. Finalmente el nombre más aceptado es SFC.

Se considera que un caso puede ser SFC cuando la fatiga dura más de seis meses consecutivos, no es consecuencia del ejercicio físico y no se alivia con el reposo.

Sin embargo, si tras unos días de descanso como, por ejemplo, en vacaciones, la vitalidad y la energía nos vuelven a sonreír, entonces, aunque llevemos una larga temporada sintiéndonos cansados y pensemos que es una situación crónica (por prolongada), no es probable que tengamos «fatiga crónica».

La fatiga en el caso del síndrome de fatiga crónica (SFC) presenta la característica de que "no se alivia por el descanso ni por el reposo". Esas ansiadas vacaciones no producen el efecto deseado y no encontramos razón objetiva ni subjetiva para estar tan cansados. Desde los años 90, el SFC afecta en mayor proporción a mujeres que a hombres, a nivel global.

Según define el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Atlanta (EEUU), estaríamos ante un caso de SFC cuando:

  • La fatiga dura más de seis meses consecutivos, cuando no es consecuencia de actividad física y no se alivia con el reposo.
  • El malestar después del ejercicio físico dura más de 24 horas sin que haya variación.
  • Se han descartado enfermedades o afecciones preexistentes o de sintomatología similar.
  • Coinciden cuatro o más síntomas, a parte de la fatiga, de manera persistente o con recaídas o agudizaciones durante seis meses consecutivos.

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Tratamiento natural del síndrome de fatiga crónica

El abordaje terapéutico natural e integral del síndrome de fatiga crónica tiene como objetivos la modulación del sistema de control central y la normalización de la fatiga funcional orgánica y tisular mediante acciones principalmente adaptógenas, antiinflamatorias, moduladoras del sistema inmune y revitalizantes.

Este abordaje terapéutico integral del SFC implica dos puntos principales: la regulación de las causas y del eje funcional del sistema de control central según la teoría The Liver Link (que parte de la aplicación de la teoría básica de la medicina china a la fisiopatología convencional con el fin de buscar causas, explicaciones y pautas terapéuticas principalmente, pero no solo, a los retos de salud en la mujer) y el apoyo personalizado a las manifestaciones.

  • Sustancias adaptógenas

Existen distintas sustancias naturales que pueden ayudar, entre las que destacan adaptógenos naturales que muestran acción global sobre el sistema de control central como: Rhodiola rosea, Ganoderma lucidum, Astragalus membranaceus, Lentinula edodes o Poria cocos.

  • Alimentos funcionales

Alimentos funcionales como la cúrcuma y el jengibre que ofrecen acciones analgésicas en tejidos diana normalmente afectados, como el sistema digestivo y locomotor.

Dentro de los alimentos funcionales cabe destacar la acción moduloinflamatoria, desensibilizante y antioxidante de frutos como: fresas, frambuesas, arándanos, moras, papaya que aportan bioflavonoides, vitaminas y minerales como zinc, cobre, magnesio claramente necesarios para la obtención de energía.

Los frutos secos son una excelente opción nutricional y energética, si no existe sensibilidad hacia ellos.

  • Cuidado de la flora intestinal

El cuidado de la flora intestinal y del resto de las biotas de cavidades y mucosas es clave pues además favorece al sistema linfático, al equilibrio inmunológicoy a las funciones cerebrales. Para ello, es importante seleccionar alimentos de calidad, libres de tóxicos, fácilmente digeribles, ricos en nutrientes y enzimas.

Es interesante destacar este aporte desde los alimentos de origen vegetal y además las setas y hongos nutricionales como Shiitake (Lentinula edodes) o seta de cardo (Pleorotus sp.) que pueden incorporarse en la dieta cocinados con ajo y jengibre para potenciar sus acciones. Las setas y hongos ofrecen una acción prebiótica, detoxificante e inmunomoduladora, además de micronutrientes antioxidantes y catalizadores enzimáticos como por ejemplo, catalasas y peroxidasas. Los probióticos aportados con alimentos fermentados o cepas probióticas facilitan la sinergia con los prebióticos y así el cuidado de la inflamación subyacente.

Ciertos casos pueden requerir un aporte enzimático de enzimas digestivas en modo de complemento que ayudará a evitar las fermentaciones y acidificaciones en el medio interno, a sostener la integridad de la pared intestinal y a facilitar la obtención de energía, la reparación de tejidos y la creación de neurotransmisores y sustancias coenzimáticas mediadoras.

  • Acupuntura

Dentro del tratamiento natural podemos destacar así mismo el uso de la acupuntura que puede favorecer agilidad en el movimiento, calidad de sueño, resiliencia biológica y normalización de las funciones globales.

A medida que el equilibrio global se recupera paulatinamente, la persona con SFC percibe una mayor sensación de vitalidad y de energía física, mejora el estado de ánimo y la vida se comienza a afrontar con más ilusión y menos fatiga.

Manifestaciones del Síndrome de Fatiga Crónica

El SFC puede manifestarse de varias maneras pero todas ellas tienen en común el cansancio intenso, tanto físico como mental, que no se alivia con el reposo.

La variedad de signos y síntomas en el SFC es tan peculiar que suelo mencionar la fatiga crónica y «su corte de manifestaciones». Por todo ello, utilizo también la denominación síndrome de fatigas crónicas múltiples (SFCM).

Algunas de las formas de SFC son bastante complejas porque se presentan simultáneamente afecciones que nos parecen inconexas. De hecho las personas afectadas tienden a pensar que padecen diferentes enfermedades a la vez y que no tienen nada que ver la una con la otra. En los grupos en redes sociales leemos comentarios como este: "Y ahora me han diagnosticado celiaquía, ahora artritis reumatoide, ahora fibromialgia, ahora depresión, ahora tengo alergias, y ahora síndrome de Sjogren, y ahora tiroiditis autoinmune."

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Las personas que padecen SFC pueden sufrir problemas hormonales como alteraciones del tiroides, alteraciones de los niveles de cortisol, estrógenos, progesterona y/o prolactina. Así mismo, pueden sufrir otra serie de afecciones como: endometriosis, mastopatía fibroquística, ovarios poliquísticos, miomas, sequedad en boca, ojos y/o piel, que tiene un tratamiento más difícil que si no hubiera SFC.

El sistema inmune se desequilibra pudiendo dar lugar simultáneamente a reacciones de hipersensibilidad de tipo alérgico o autoinmune: alergias varias, sensibilidad química, sensibilidad electromagnética, intolerancias alimentarias, artritis reumatoide o tiroiditis autoinmune y debilidad del sistema inmune para defender de infecciones bacterianas como las colibacilosis; micosis persistentes como candidiasis vaginal y/o intestinal; víricas como las relacionadas con EBV, CMV, VHH, VHC, SARS-CoV-2 y otros virus que pueden cronificar creando síndromes postvirales con reactivaciones de los mismos.

En este contexto, es frecuente encontrar además:

  • Ansiedad
  • Depresión
  • Insomnio
  • Estreñimiento o diarreas
  • Dolor persistente como fibromialgia
  • Migrañas
  • Diabetes de difícil manejo
  • Pérdida de memoria
  • Disminución de la capacidad de concentración y de aprendizaje,
  • Torpeza física y turbidez mental…

La presencia del SFC impregna a estas afecciones que nombramos con una característica de mayor complejidad: es decir, una persona puede padecer artritis reumatoide pero si ocurre en un contexto de SFC la situación es más compleja.

No es extraño que personas que padecen SFC vean perjudicada la capacidad de realizar sus actividades diarias; algunas incluso deben abandonar su trabajo y requerir ayuda para tareas habituales.

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