Nutrición

7 claves para potenciar el sistema inmunitario

Jaume Serra

El organismo dispone de un complejo mecanismo de defensa: el sistema inmunitario. Conocerlo y reforzar la acción de cada uno de sus componentes es fundamental para mantenerse sano.

La inmunidad es la capacidad del organismo para luchar contra agentes extraños o antígenos que intentan dañar sus tejidos y sistemas. Los identifica y reacciona frente a ellos, ya sean bacterias, virus, parásitos o células tumorales.

Pero, a su vez, el sistema inmunitario ha de reconocer lo que es propio para no atacar las estructuras del organismo –es lo que sucede en el caso de las enfermedades autoinmunes–.

Para ello, dispone de la inmunidad innata o inespecífica, formada por barreras naturales (piel, mucosas...) que son un escudo físico protector, apoyadas por defensas naturales como el pH del jugo gástrico, el manto ácido de la piel, las enzimas de las lágrimas o de la saliva y la microbiota o flora intestinal.

Esta respuesta inespecífica es innata y constituye la primera línea de defensa. Un segundo sistema defensivo, más sofisticado y complejo pero también inespecífico, es la respuesta vehiculizada por células que se activan de forma inmediata cuando un cuerpo extraño o antígeno penetra en el organismo.

Incluye la reacción inflamatoria y la intervención de diferentes tipos de células, como leucocitos o glóbulos blancos, macrófagos y células NK que se movilizan al encuentro del antígeno invasor, al que reconocen y destruyen con reacciones tóxicas, para eliminarlo posteriormente por fagocitosis. En este tipo de respuesta interviene el denominado sistema de complemento constituido por proteínas presentes en el plasma.

Todas estas células y sistemas actúan en estrecha colaboración, intercambiándose mensajes celulares y potenciando su capacidad gracias a una acción combinada y sinérgica. Otro nivel de intervención sería la denominada inmunidad específica o adquirida.

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1. La importancia de cuidar el intestino

El sistema inmunitario no se estructura como un órgano único centralizado, sino que se encuentra repartido por todo el organismo en distintas estructuras y formaciones que interaccionan entre sí, poniendo en juego gran número de células y sustancias diferentes.

El sistema denominado MALT (siglas en inglés de tejido linfoide asociado a las mucosas) está constituido por los sistemas inmunitarios locales presentes en las mucosas respiratorias, urogenitales, piel y sistema digestivo fundamentalmente centrado en el intestino.

Se encargan de identificar como nocivo un antígeno o una sustancia extraña e iniciar rápidamente el proceso para destruirlo y eliminarlo. De todos ellos, el sistema intestinal constituye la parte más extensa y compleja del sistema inmunitario.

El intestino está formado por estructuras que impiden el acceso de las sustancias lesivas hacia el interior del organismo. Para ello dispone de una barrera constituida por el epitelio o capa de células que lo recubre, por enzimas digestivas y por la población bacteriana que constituye la microbiota.

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Pero también posee sus propios órganos inmunes que responden al acrónimo GALT. Se trata de un grupo de órganos linfoides que actúan induciendo y activando la respuesta inmunitaria intestinal.

A su vez, al intestino llegan antígenos que proceden de los alimentos que no son nocivos, por lo que una de las funciones básicas de este sistema es permitir la tolerancia inmunitaria frente a estos antígenos favorables que llegan con los alimentos.

Esta tolerancia se expresa mediante una reacción de permisividad frente a los compuestos "amigos" sin atacarlos y permitiendo su viabilidad. El modelo alimentario es determinante de este equilibrio. Las implicaciones del intestino en el sistema inmunitario se resumen en:

  • La presencia de una microbiota intestinal que mantiene el equilibrio ecológico bacteriano impidiendo el acceso a invasores externos.
  • La barrera epitelial que impide el paso de antígenos nocivos.
  • El sistema inmunitario intestinal formado por células de defensa especializadas y capaces de producir anticuerpos

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2. Pautas alimentarias básicas

El estudio de los efectos de determinados nutrientes y modelos alimentarios sobre el sistema inmunitario constituye la inmunonutrición. Si bien la salud depende de múltiples factores, sabemos que la alimentación se correlaciona estrechamente con la prevención inmunitaria y metabólica de muchas enfermedades.

Los déficits nutricionales condicionan negativamente la capacidad del sistema inmunitario, ya que la producción de células es un factor esencial para generar y vehiculizar una respuesta defensiva eficaz, por lo que son necesarios sustratos nutricionales que actúen como materias primas a partir de las cuales generar y mantener las diferentes estructuras y células del proceso.

El papel de una alimentación equilibrada es importante para mantener la máxima funcionalidad y capacidad de respuesta de nuestras defensas naturales frente a las agresiones.

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3. El papel de los aminoácidos

Los aminoácidos que forman parte de las proteínas alimentarias participan en las principales funciones inmunitarias. Intervienen como sustrato material de linfocitos e inmunoglobulinas, son fuente de energía para los linfocitos, precursores de intermediarios implicados en la respuesta inmunitaria y resultan esenciales en la integridad de estructuras de barrera.

Por ello es importante asegurar la ingesta de todos los aminoácidos esenciales ya sea con la adecuada combinación de alimentos proteicos de origen vegetal o con la incorporación moderada de alimentos de origen animal. Las mejores proteínas que se pueden consumir están presentes en legumbres, frutos secos y pescado.

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4. Grasas moderadas y saludables

Las grasas tienen una importancia clave en el sistema inmunitario. Hay que tener en cuenta que las grasas ingeridas acaban siendo componentes de las células del sistema inmunitario, lo que determina su funcionalidad y respuesta.

Diversos estudios experimentales han observado que dietas elevadas en grasas disminuyen la producción de linfocitos y la actividad de determinadas células de defensa y afectan tanto a la inmunidad natural como a la adquirida.

Lo adecuado es mantener una ingesta adecuada de grasas con un predominio del aceite de oliva y un correcto equilibrio entre las grasas poliinsaturadas procedentes de la familia omega-6 y de la familia omega-3. Así pues, el pescado azul, las nueces, la soja y los aceites ricos en omega-3 son alimentos "inmunosaludables".

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5. Hidratos de carbono con fibra

Se sabe a ciencia cierta que el exceso de harinas refinadas deprime el sistema inmunitario. En cambio los hidratos de carbono complejos, ricos en fibra, básicamente cereales integrales sin refinar y sus derivados, estimulan moderadamente el sistema inmunitario por su contenido en fibra y la presencia del germen del cereal, que es rico en grasas insaturadas de alta calidad biológica.

Entre los hidratos de carbono refinados más usuales se encuentra el azúcar. La glucosa es el componente esencial para las células inmunitarias. La hipoglucemia y la hiperglucemia alteran las funciones inmunitarias, tal como se observa en pacientes diabéticos mal controlados.

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6. Minerales imprescindibles

El cinc

Es un cofactor para la acción de diversas enzimas y su deficiencia afecta al sistema inmunitario. Se encuentra sobre todo en el pescado, la yema de huevo, las ostras y las carnes. Dentro de los vegetales, son ricos en cinc el germen de trigo, las semillas de sésamo y calabaza, los cereales integrales y las legumbres.

El selenio

Interviene en el mantenimiento de la estructura de las células inmunitarias estabilizando sus membranas, forma parte de enzimas que participan en la activación de determinadas células inmunocompetentes y participa en el proceso de liberación de numerosos factores implicados en la respuesta defensiva.

Es probablemente el oligoelemento más influyente en la función inmune. Se encuentra en los cereales integrales, carnes y pescados.

El hierro

Ejerce diversos efectos sobre el sistema inmunitario. Su déficit se asocia a una disminución de la capacidad bactericida de los neutrófilos. También afecta a la síntesis de proteínas y algunas de ellas son fundamentales en la respuesta defensiva.

Su exceso incrementa el poder patógeno o lesivo de los gérmenes, lo que eleva el riesgo de infecciones y disminuye el número de linfocitos T y la actividad de otras células citotóxicas.

El cobre

El déficit de cobre, que no suele ser muy usual, puede conllevar también alteraciones en los linfocitos, en la producción de anticuerpos y en la eficacia de los mecanismos de destrucción de microorganismos.

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7. Plantas con poder inmunitario

Los metabolitos de las plantas pueden aportar compuestos inmunomoduladores, lo que constituye la base para los tratamientos con fitoterapia. Por ejemplo, la Uncaria tomentosa, planta originaria de la Amazonia peruana conocida como uña de gato, en cuya corteza se ha encontrado presencia de alcaloides a los que se atribuye la capacidad de aumentar la fagocitosis. Se han estudiado también sus propiedades antitumorales y antiinflamatorias.

Los compuestos fenólicos pueden actuar como antioxidantes e inmunomoduladores, propiedad que presentan los flavonoides. Plantas inmunomoduladoras son la equinácea, el ajo, la rodiola, la espirulina, el astrágalo y el arándano.

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