Alexander

Gana soltura

Conoce mejor tu cuerpo gracias a la técnica Alexander

Algunas posturas habituales "castigan" el movimiento genuino del cuerpo y con el tiempo pueden causar dolores y rigideces. Reconócelas y ¡cambiálas!

Xavier Ortiz

Hace tiempo padecía muchos dolores, sobre todo en la espalda y el cuello. Mi espalda, tal como la definió un amigo, era "un campo de minas". Si alguien la tocaba, fuese donde fuese, yo saltaba de dolor… Acudí a terapeutas, masajistas y un sinfín de profesionales, hasta que alguien me recomendó la técnica Alexander. No sabía nada de ella y, un poco a ciegas, acudí a un profesor.

En mi primera clase me sorprendió la calidez de las manos del profesor. Invitaban a relajarme, amables, tranquilas. Parecía que, poco a poco, sutilmente, iban guiando mi cuerpo hacia un lugar desconocido, pero confortable.

Mi espalda y mis hombros se relajaban, se ensanchaban, mi cuello se soltaba y se alargaba, sentía las piernas y la cadera más sueltas y me podía mover con más ligereza y casi sin esfuerzo… Me sentía como flotando, más enraizado y sereno, como si me hubieran dado un masaje interior... Y lo más sorprendente fue que mi dolor empezó también a remitir.

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Una vía de aprendizaje para sanar el cuerpo

Ya había recibido masajes convencionales y otras técnicas para aliviar mis problemas, pero este tacto, este calor, esta sensación tan agradable que tanto me relajaba no la había sentido nunca. "¿Qué haces con las manos?", le pregunté al profesor. "No hago nada –respondió–. Deshago".

En nuestra cultura, añadir, sumar, poner energía en nuestras actividades, ser competitivo, está muy bien visto, hasta premiado. Si tienes que mejorar, debes sumar, debes emplear más energía, correr más, hacer más… Nadie te pide que "deshagas", que quites, que sueltes el lastre que te sobra.

La paz del "ahora"

La nuestra es una filosofía basada en conseguir objetivos sin atender demasiado a los medios necesarios para alcanzarlos. Más dirigida al final, al futuro, que orientada a los medios, al camino, al ahora… Por algo dicen que el pasado te lleva a la depresión, que el futuro te lleva a la ansiedad y el presente, el "ahora", te lleva a la paz.

Sin ser muy consciente de ello, creas tensiones que se manifiestan de muchas maneras: unas veces con dolor, otras porque adoptas malas posturas, y otras veces porque andas más irritado de lo normal, más cansado, más desconcentrado, estresado.

Cuando esto ocurre, intuyes que algo anda mal, porque el cuerpo ya hacía tiempo que te lo venía advirtiendo, pero no supiste interpretar bien sus señales, no lo supiste escuchar, aunque te lo estuviera diciendo o, incluso, "gritando".

Ayudarse a uno mismo

Mis manos –me dijo el profesor que me inició en la técnica Alexander– te ayudan a estar atento a ti, la persona más importante del mundo, y a tu "ahora". Te enseñan a aprender cómo escuchar y observar tu cuerpo, cómo redirigirlo para saber cuándo lo estás perjudicando y cuándo no…

Aprendes a ayudarte a ti mismo, aprendes cómo estar mejor.

La técnica Alexander es una herramienta pedagógica. Los profesionales de esta técnica somos profesores, no terapeutas. Esto es muy importante y se debe tener en cuenta.

Enseñamos a los alumnos a tener una percepción más real de lo que hacen con su cuerpo, a notar cuándo lo tensan o relajan, si la energía fluye o está bloqueada... Es una herramienta pedagógica, pero con unos resultados terapéuticos.

"Conducir" el cuerpo

Imagínate que el cuerpo es tu vehículo (evidentemente es mucho más, tiene sensaciones, sentimientos, está vivo… Toma el ejemplo simplemente como un símil). Los médicos, fisioterapeutas, masajistas, osteópatas… serían los mecánicos del cuerpo. Y los profesores de la técnica Alexander serían, más bien, los profesores de autoescuela.

Tienes un dolor, por ejemplo, en las rodillas y vas a la consulta. El terapeuta hace un diagnóstico e intenta quitarte el dolor. El profesor de la técnica Alexander no intenta quitar ningún síntoma, no pretende arreglar tu coche, no está preparado para ello. El profesor te enseña a conducir mejor tu vehículo.

Te dice, por ejemplo: "Mira, estás conduciendo el coche a demasiada velocidad y al tomar las curvas las ruedas se desgastan en exceso y, además, conduces con el freno de mano puesto… No me extraña que las pastillas del freno y las ruedas estén tan gastadas y te duelan."

Tratar bien el cuerpo

Este proceso de conocer mejor tu cuerpo, de aprender a tratarlo mejor, con más cariño, conduce a aliviar ese malestar provocado por el exceso de tensión y, a menudo, los dolores que lo acompañan, desaparecen. Aunque, repito, el propósito del profesor no sea "curar", sino "educar".

La técnica Alexander –desarrollada hace ya más de cien años por el actor australiano Frederick M. Alexander– nos descubre la posibilidad de recuperar la soltura y la coordinación que hemos perdido, y volver al camino de la salud para no perderlo nunca más.

Porque, al fin y al cabo, es un verdadero placer estar dentro de tu cuerpo y disfrutar de él, de verdad… Y para ello, solo tienes que conocer tu cuerpo un poco mejor.

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