El alma familiar

Los ancestros nos influyen: las constelaciones familiares

Patricia Cano

Sentir amor y agradecimiento hacia los ancestros es un gran capital para gozar de la propia vida. La terapia de las constelaciones familiares pone orden en el pasado y restablece la armonía de esas relaciones.

La terapia de las constelaciones familiares, creada por Bert Hellinger, ha ganado difusión en estos últimos años. Los mecanismos por los que actúa no acaban de comprenderse, pero los resultados asombran. Las sesiones suelen realizarse en grupo. En ellas, alguien plantea brevemente un problema personal. A continuación el terapeuta le invita a elegir las personas que representarán a los miembros más significativos de su sistema familiar y a ubicarlos de la forma que crea adecuada.

Los representantes escogidos permanecen de pie, generalmente en círculo, silenciosos, sin saber nada de las personas cuyo papel encarnan. Al poco rato empiezan a sentir emociones, sensaciones o impulsos de movimiento que pertenecen a la persona a la que están representando, en cuyo caso deben seguirlos.

Empiezan a realizar entonces movimientos pausados, no guiados por el intelecto, que suelen reflejar el trasfondo del problema. El terapeuta observa qué sucede, quién mira a quién, qué disposición adoptan en el espacio, hacia dónde se dirigen.

Puede solicitar que alguien realice un movimiento dado o pronuncie alguna frase curativa que facilite el fluir de la constelación. El objetivo es sacar a la luz las dinámicas internas que ayudan a perpetuar el conflicto y conseguir que cada miembro de la familia pueda ocupar un buen lugar, tanto para él como para el grupo.

Dos ejemplos

Luis cuenta cómo la primera vez que hizo de representante en un taller de constelaciones empezó a sentir un hormigueo en la pierna izquierda que fue aumentando hasta sentirla completamente rígida y como paralizada. Al concluir supo que aquella persona había perdido esa pierna en la guerra.

Inés representaba a la hija adulta de una mujer que constelaba: "Sentí que debía ponerme detrás de mi madre y sostenerla, ya que ella parecía incapaz de sostenerse sola. Me sentía vulnerable, pero era lo que tenía que hacer". La madre real había perdido a sus padres de niña y había tenido carencias afectivas y falta de apoyo toda su vida.

Cuando el terapeuta introdujo a sus padres y los colocó en su sitio, esto es, detrás de ella, la representante de Inés pudo abandonar un lugar que no le correspondía y volver a su lugar de hija, donde se sintió mejor y más fuerte, con su madre y sus abuelos a su espalda.

Bert Hellinger, fundador de la terapia de constelaciones

Bert Hellinger (1925) estudió filosofía, pedagogía y teología en Würzburg, Alemania. Vivió en Sudáfrica durante 16 años, en los cuales trabajó como sacerdote, profesor y director de una gran escuela para estudiantes africanos. Cuando abandonó su orden religiosa regresó a Alemania y se hizo psicoanalista; luego aprendió terapia primal en California con Arthur Janov y análisis transaccional con Eric Berne y se formó además en terapia familiar sistémica.

Esa rama de la psicología ha inspirado en buena medida las constelaciones familiares. Puede también que la cultura y el animismo zulúes, cuya lengua aprendió en Sudáfrica, influyesen en una terapia que concede suma importancia al reconocimiento hacia los antepasados.

Según Hellinger, existe una transmisión de conflictos, preocupaciones familiares y comportamientos a través de las generaciones que determina los conflictos psicológicos actuales. Hellinger afirma que cada persona forma parte de un sistema familiar y está unida a todos sus miembros por sólidos vínculos.

¿Quién forma parte del sistema familiar?

Según Bert Hellinger, el sistema familiar de una persona lo componen:

  • Ella y sus hermanos.
  • Padres, tíos y abuelos.
  • Sus parejas y ex-parejas, hijos y nietos.
  • Las personas que al perder su lugar permitieron que ella lo tuviese. Por ejemplo, una primera mujer del abuelo que falleció dando a luz. También las parejas anteriores de los padres o de la propia persona, en especial si la relación generó descendencia.
  • Personas que tienen un vínculo de agresión. Por ejemplo quien causó la muerte de un familiar o quien murió a manos de un familiar propio.
  • Todos ellos –tanto si están vivos o muertos, murieron al nacer o fueron abortados voluntariamente– merecen un reconocimiento y que interiormente se les dé un buen lugar.

El alma de la familia

Existe así una consciencia grupal o colectiva que opera a nivel inconsciente y que él denomina "alma familiar". Cualquier desorden o problema que afecte a un miembro de la familia tiene repercusiones en los demás. De ahí deriva el nombre de la técnica: constelaciones familiares, ya que todos estamos unidos a los otros miembros de nuestro sistema como las estrellas de una constelación.

Antiguamente la familia y el clan resultaban cruciales para sobrevivir y sus intereses estaban por encima de los de sus miembros. Si estos no daban prioridad al beneficio del grupo, el rechazo o la culpa podían acosarles.

La sociedad actual es más elástica, pero según Hellinger esos patrones o fuerzas siguen operando a nivel inconsciente. El objetivo de las constelaciones familiares es sacar a la luz las dinámicas internas de la familia que impiden que el amor pueda fluir adecuadamente.

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Las leyes del orden del amor familiar

Para ello en los sistemas familiares se precisa un orden que, según Hellinger, responde a unas leyes muy simples. Son las siguientes:

Primera ley: Los miembros anteriores tienen prioridad sobre los posteriores. Es decir, los ancestros tienen prioridad sobre los padres y estos sobre los hijos, los hermanos mayores tienen prioridad sobre los menores, etc.

En cambio, cuando se trata de sistemas, siempre tiene prioridad el sistema actual sobre el de origen. Por ejemplo, cuando una persona presta más atención a su familia de origen que a la familia que él mismo ha creado, pone en peligro a esta.

Los padres son los mayores y dan, los hijos son los pequeños y toman. Los hijos no deben inmiscuirse en los asuntos de sus padres y ancestros.

A veces, por amor, hay hijos que pretenden solucionar asuntos o reparar carencias de sus padres o abuelos haciéndose cargo de ellos. Según Hellinger esta actitud es arrogante, ya que la forma más sana de amar es respetar el destino de la persona amada, dejando que se haga cargo de sus asuntos a su modo. Si respeta el destino de su padre y lo honra tal cual es, vuelve a su lugar de hijo y se queda más descansado y dispuesto para su propia vida.

Nadie puede ser excluido

Segunda ley: todos los miembros del sistema familiar tienen derecho a la pertenencia. No se puede excluir a nadie sin consecuencias. Hay dos maneras de excluir a un miembro del sistema:

  • La primera es que los demás consideren que sucomportamiento es erróneo y no se adapta a las reglas. Las ovejas negras, que tanto abundan (inadaptados, delincuentes, enfermos mentales...), son excluidos por este motivo. Pero si no se les da su lugar en la familia, aunque no se apruebe su comportamiento, probablemente algún miembro posterior desarrollará conductas o patologías que se encargarán de "recordar" a ese miembro excluido. La solución pasa por volver a incluir a la persona en la "foto familiar" interna.
  • La segunda forma de exclusión es olvidar a alguien, normalmente un bebé o un niño, fallecido prematuramente. Recordarlo causa un extremo dolor a los padres y familiares, por lo que hacen como si no hubiera existido. Dar a esa persona un lugar en nuestro corazón y pedirle internamente que nos mire con buenos ojos si nos va bien en la vida es una buena medida.

Equilibrio entre dar y tomar.

Tercera ley: En las relaciones entre padres e hijos, los padres deben dar (amor, sustento, atención, tiempo…) y los hijos tomar. El hijo restablecerá a su vez el equilibrio dando a sus hijos.

En las relaciones igualitarias, como por ejemplo las de pareja, conviene que ambos den en una medida similar para que la relación pueda florecer y prosperar.

Los terapeutas realizan "movimientos facilitadores"

Cuando la constelación está desplegada, el terapeuta, aparte de observar la dinámica general, también puede realizar una serie de movimientos facilitadores:

  • Dar continuidad al movimiento incipiente del participante, sea acercarse a alguien, alejarse, descender hacia el suelo, etc. Si el movimiento es dudoso, puede sugerirlo y ver qué pasa. Rectificar educadamente siempre es posible.
  • Proponer al representante que mire a alguien, que lo toque, que se apoye o que respire.
  • Introducir figuras de apoyo o refuerzo, normalmente uno de los padres o ambos.

En ocasiones hay que interrumpir el trabajo cuando falta información importante, cuando la energía no "fluye" y la constelación se estanca o cuando la persona no quiere ver ni aceptar las dinámicas que muestra la constelación. Problemas de pareja o de falta de ella, de salud psíquica o física, laborales o de falta de realización personal pueden tener su origen en la red de relaciones familiares, por lo cual puede ser útil una constelación para ganar claridad.

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Asentir a la realidad

Uno de los aspectos más difíciles de explicar es por qué los representantes de las constelaciones familiares sienten como las personas a las que representan. Aunque se ha constatado en múltiples ocasiones que esto sucede así, no hay una explicación completamente satisfactoria. Lo que sí parece claro es que información muy sustancial –incluso secretos celosamente guardados por la familia– se transmite de forma inconsciente entre el cliente y las personas que él ha elegido para que representen a sus allegados.

A veces, tras realizar un taller de este tipo los participantes suelen preguntar: "¿y ahora qué tengo que hacer?". Mi respuesta suele ser: "nada", ni siquiera hablar de ello con la familia y los amigos.

Una constelación suele ser como una semilla que se planta en el alma y es mejor dejar que vaya creciendo sin estar mirándola ni tocándola a ver cómo va. Hacer un poco de silencio interior y respetarse uno mismo y a su proceso suele ser la mejor opción.

Transcurrido un tiempo, quizá la persona se sienta más en paz con un asunto que durante años la había atormentado, tal vez mejore de alguna dolencia o constate cómo una relación enturbiada durante años parece aclararse. O quizá no pase nada de todo esto.

Pero, en último término, lo más difícil y heroico de este trabajo es ser capaces de asentir a la realidad tal como es, tal y como ha sido, con toda su carga y todo su dolor. Ese sí interno, el cese de la batalla por cambiar el pasado, porque las personas de nuestro entorno sean diferentes, porque lo que nos ha dolido tanto no haya sucedido… esa rendición, es con frecuencia un requisito para encontrar la paz.

Frases para sentirse en paz

Según el caso, en las constelaciones familiares existen diversas frases sanadoras que pueden decirse internamente.

  • Ante una separación matrimonial o de pareja, para dar un buen lugar a la otra persona y quedar libre, se puede decir internamente: "Tomo todo lo que me has dado; puedes quedarte con lo que yo te he dado. Te devuelvo tu libertad. En nuestros hijos seguiremos vinculados".
  • Un hijo de padres separados puede mirar a sus padres y decirles: "Lo que sucede entre vosotros es asunto vuestro. Ambos sois mis padres y yo soy vuestro hijo: no puedo ni debo decidirme por ninguno".
  • Ante el destino trágico de un antepasado, para evitar cargar con culpas en vano, es posible inclinarse ante su imagen interna.
  • Si se ha sido víctima de malos tratos o abusos por un familiar u otra persona, puede ser útil mirar fijamente al representante del agresor y decirle: "Te dejo a ti la culpa y todas las consecuencias. Y yo quedo libre". Ya que la víctima a menudo se siente culpable de lo sucedido.
  • Los hijos que no terminan de asumir su lugar de adultos porque están implicados en dinámicas inconscientes con los padres pueden mirarles y decirles: "Gracias por la vida y por todo lo que me habéis dado. Es mucho y basta. El resto lo hago yo solo", antes de volverse y orientarse hacia su propia vida y su futuro.

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