Aromaterapia vibracional

Olfato y salud

La aromaterapia vibracional: una puerta curativa revolucionaria

El ser humano es un organismo electromagnético, sensible a frecuencias de los aceites esenciales que podrían modificar estados vibratorios patológicos.

Juan Serrano

Llevo unos 20 años impartiendo talleres y conferencias sobre aromaterapia con base científica –primero con Phytosun Aroms y posteriormente con Esential´Arôms–, y en todo este tiempo la explicación de la fisiología del olor siempre ha tenido un papel destacado.

He hecho esta labor pedagógica tal y como me enseñaron mis profesores en la universidad. Pero este modelo clásico se ha visto superado por una explicación cuántica que recurre a las vibraciones como medio de transmisión y acción de los aceites esenciales sobre el organismo.

De la aromaterapia clásica a la aromaterapia vibracional

La teoría clásica decía que una molécula de limoneno contenida en la esencia de cualquier cítrico, por ejemplo, era reconocida por unas determinadas proteínas que se encontraban en los receptores olfativos.

Estos convertirían la información de esta biomolécula en señales eléctricas, que serían enviadas a la corteza olfativa del cerebro y, una vez procesadas, experimentaríamos el olor y su correspondiente reacción, tanto física como emocional.

Recordemos que el olfato es el más sensible de todos nuestros sentidos y que el reconocimiento del olor es inmediato. Basta oler algo determinado e instantáneamente recordamos algún aspecto del pasado que teníamos prácticamente olvidado.

Sin embargo, había una cosa que me llamaba poderosamente la atención: ¿cómo es posible que, existiendo solo un número relativamente pequeño de receptores, estos puedan ser capaces de reconocer la extremada cantidad de moléculas odoríferas, billones de olores que existen?

También hay que tener en cuenta las vibraciones

Podemos afirmar que entendíamos cómo estaba formado el sistema olfativo, pero desconocíamos realmente cómo funcionaba. En otras palabras, era como si conociéramos las piezas que componen un ordenador pero nos faltase el conocimiento de su software, de su sistema operativo o modo de acción.

No estoy solo con mis interrogantes. Varios investigadores han intentado darles respuesta, principalmente un biofísico del University College de Londres llamado Luca Turin.

Es uno de los mayores expertos del mundo en perfume y hace unos años se publicó un libro sobre él que llevaba por título El emperador del perfume (Chandler Burr, RBA, 2004).

El poco tiempo libre que le dejaba su actividad académica lo dedicó Turin a escribir una guía de perfumes que alcanzó un gran reconocimiento en Francia y le permitió abrirse camino en la siempre impenetrable industria del perfume del país vecino.

Turin era consciente de que, pese a todos los avances y los millones invertidos, nadie sabía cómo olemos.

Y halló la respuesta en la mecánica cuántica. Para este investigador, además de la forma de las moléculas, influyen también las vibraciones de las mismas, en función del llamado «efecto túnel », descrito por la física cuántica.

El efecto túnel permite que un electrón (o partícula cuántica) atraviese una zona que, en principio, estaría prohibida según la mecánica clásica. De este modo, los electrones en los receptores de la nariz desaparecen en un lado de una molécula olfativa y reaparecen en el otro, dejando una especie de "firma electromagnética" en el proceso.

Esa energía en forma de vibración es lo reconocible por el olfato, lo que al ampliar la gama olfativa, daría una adecuada respuesta a nuestra cuestión. Llegados a este punto, se abren apasionantes líneas de trabajo que merecen destacarse.

La aromaterapia vibracional nos abre a nuevas posibilidades

Las experiencias de Turin, al margen de las consideraciones fisiológicas y terapéuticas, tienen un especial interés en el mundo de la perfumería. Mediante ellas, los aromatólogos explicarán por qué unas esencias con estructuras moleculares muy similares huelen de forma diferente, y al contrario, cómo moléculas con estructuras diferentes tienen olores muy similares.

Otros estudios parecen confirmar la hipótesis de Turin. Para comprender la base más elemental del proceso olfativo en un cerebro tan complejo como el humano, investigadores del Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona estudiaron modelos animales mucho más simples, concretamente el de la mosca del vinagre.

Averiguaron que una sola neurona olfativa de una larva de la mosca era capaz de tomar decisiones de navegación para desplazarse hasta un alimento. Consiguieron incluso crear realidades virtuales olfativas en sus cerebros mediante estímulos luminosos que producían el mismo efecto que un olor.

Estas investigaciones abren la puerta a la creación de "narices robóticas" muy eficientes, capaces, por ejemplo, de detectar explosivos o de "oler" sustancias contaminantes y hallar su origen. Pero sobre todo muestra el carácter vibracional del mensaje oloroso.

Este tipo de investigaciones nos permite dar la bienvenida a la frontera donde, en estos momentos, se encuentra la nueva ciencia: ¡la biología cuántica o biología de sistemas! Dicho de otro modo, la coherencia cuántica ha entrado en la biología.

Aceites esenciales con vibraciones definidas

Si queremos realizar una aromaterapia científica, debemos utilizar aceites esenciales de calidad, determinada por el método de extracción o la descripción botánica y bioquímica del aceite en cuestión.

Las técnicas modernas –como son la cromatografía de gases y la espectometría de masas– permiten establecer una ficha técnica precisa de cada uno de los aceites esenciales, garantía de la pureza del aceite esencial, exigible a fabricantes y proveedores.

Pero añadido a esto, se abre además una nueva era para la aromaterapia. No sería extraño que, en un futuro no muy lejano, también podamos medir las frecuencias de los mismos, de forma que tengamos que trabajar con aceites esenciales, botánica, bioquímica y vibratoriamente definidos. ¡Bienvenida la aromaterapia cuántica!

Cómo actúa la aromaterapia en el cerebro

El sentido del olfato está ligado al sistema nervioso central, por lo que los aromas actúan directamente sobre las emociones y los centros que controlan los procesos fisiológicos.

La información llega primero al sistema límbico y al hipotálamo, regiones cerebrales responsables de los sentimientos y los impulsos instintivos. Tales regiones también participan en el acceso a la memoria y regulan la liberación de hormonas. De esta manera los aceites esenciales pueden modificar la conducta y las funciones corporales.

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Al oler un aroma, el sistema límbico capta una molécula en el aceite y desencadena desde el hipotálamo un movimiento vibratorio molecular por los centros nerviosos, a los que relaja o estimula, por lo que puede acabar incidiendo en muchos aspectos del comportamiento, como la sensibilidad, la tendencia al optimismo, la sensualidad o la capacidad para recuperar sensaciones del pasado.

Ciertos aceites también ayudan o predisponen a la meditación, la exploración interior o las visualizaciones, y favorecen la capacidad de memoria.

La unión entre rito y ciencia

Si, como han sostenido muchos filósofos, uno de los problemas fundamentales del ser humano en las sociedades modernas es la desconexión entre la mente y el cuerpo, este tipo de conocimiento debe permitir ascender un peldaño evolutivo en el que volvamos a resincronizar, de nuevo, ambas entidades.

Lo mismo que está pasando con la microbiota intestinal (de pronto se ha descubierto su potencial) podría ocurrir con la aromaterapia. Podría ser el alimento del alma, como sabían las religiones que han empleado el incienso y otros aromas como elemento de ritos y rezos.

Un estudio realizado en el 2008 por un grupo de biólogos concluyó que administrar de forma aérea determinados compuestos de gomorresina afecta a las áreas del cerebro implicadas con las emociones, así como en los circuitos del sistema nervioso en los que las drogas antidepresivas ejercen sus efectos activos.

Ello abre las puertas a la comprensión de milenarias prácticas espirituales que han persistido durante siglos, donde mente y cuerpo estaban íntimamente interrelacionadas.

Si consideramos que el ser humano es también un organismo electromagnético cuyo funcionamiento se puede alterar mediante señales de ondas a frecuencias determinadas, la previsible medición de las frecuencias de los distintos aceites esenciales podría modificar un "estatus vibratorio patológico".

Estas "firmas energéticas o vibracionales" fueron determinadas por Turin, de forma que, con un medidor de frecuencias de su invención, pudo determinar el espectro vibracional de varios aceites esenciales. Lamentablemente, su experiencia no está indexada en las principales bases de datos científicas, pero podría dar lugar a innovadoras investigaciones.

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