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Meditación activa

¡Camina! Las mejores ideas se te pueden ocurrir andando

Algo tan sencillo como pasear cerca de casa es un medio ancestral de promover la salud, de mejorar el ánimo y de estar conectados.

Jesús García Blanca

El músico Mike Oldfield decía que sus mejores composiciones las había creado caminando por los alrededores de su casa de campo; no es que compusiera mientras caminaba, sino que lo hacía con el caminar mismo, con el ritmo de sus pasos, de su respiración.

Caminar es nuestro medio de desplazamiento ancestral, pero es mucho más que eso, es una poderosa herramienta de comunicación con el entorno y con nuestro mundo interior así como una técnica de meditación que potencia la salud física, mental y espiritual.

Los efectos de caminar son físicos y mentales

Para empezar, numerosos estudios –publicados, por ejemplo, en el American Journal of Clinical Nutrition o por el American College of Sports Medicine– han demostrado los beneficios que puede producir algo tan aparentemente simple como caminar treinta minutos diarios.

Entre esos muchos beneficios para la salud encontramos unos pulmones más fuertes, tonificación de los músculos de las piernas, prevención de enfermedades cardiovasculares e infartos, mejora del estado de ánimo y de la salud de los huesos en la postmenopausia.

Asimismo, caminar diariamente mejora la digestión, disminuye el riesgo de cataratas, mantiene controlado el peso, aumenta la flexibilidad y la agilidad.

La terapia del buen caminar

Meditar en la naturaleza

La terapia del buen caminar

Y eminentes podólogos como el doctor St. John consideran que los beneficios del caminar sobre órganos internos se extienden al feto en el caso de embarazadas.

Caminar incluso mejora la memoria y combate el insomnio.

Un análisis realizado sobre 42 estudios de 14 países publicado en el British Journal of Sports Medicine (enero 2015) muestra también los beneficios de caminar en grupo para mejorar el estado de ánimo y combatir la depresión.

Inspirarse al ritmo de los pasos

El caminar a solas o en compañía nos pone en contacto no solo con el exterior, con la naturaleza –conviene hacerlo descalzo para conectar con los elementos, pisando sobre hierba, arena, piedras o el agua de los arroyos–, sino, y aún más importante si cabe, con nuestro interior.

Por ello las antiguas tradiciones conocían y practicaban de modo consciente las peregrinaciones a lugares sagrados y de ahí la costumbre de muchas órdenes religiosas de andar descalzos. Numerosos ritos relacionados con la naturaleza tienen que ver con una concepción de la vida y la salud ligada a posturas y movimientos primigenios que están en el origen de la humanidad como especie.

Caminar nos pone en conexión con la tierra y el cielo, las fuerzas telúricas y las influencias cósmicas. Y a pesar de que nuestra moderna civilización ha relegado el desplazamiento a pie, sabios llenos de sensibilidad como los filósofos Nietzsche y Kierkegaard, el escritor Thomas Mann o el estadista Thomas Jefferson declararon que sus mejores ideas se originaron caminando.

El escritor y mítico ambientalista estadounidense Edward Abbey decía: "Caminar hace que el mundo sea mucho más grande". Quiero pensar que no se refería solo al mundo exterior.

Meditar caminando

El zen no solo se practica sentado. La técnica Kin Hin –que puede traducirse como "tan solo andar"–, consiste precisamente en una meditación caminando.

Esta técnica parte del conocimiento de la anatomía del pie y puede practicarse en cualquier lugar. Basta con concentrarse en el movimiento preciso y detallado de los pies mientras se camina sumamente despacio, al ritmo de medio paso por cada respiración abdominal.

Humanizar el espacio urbano

Ahora bien, las ciudades modernas se han construido bajo la tiranía del automóvil privado. Nos queda mucho camino hasta lograr revertir esta situación y transformar las ciudades en espacios verdaderamente habitables, saludables y sostenibles donde poder disfrutar verdaderamente del placer de caminar y aprovechar todos sus beneficios.

Según un informe de Ecologistas en Acción, solo una cuarta parte del espacio público en calles y plazas está destinado al peatón, e incluso esa parte sufre el ruido, la contaminación y los peligros de los diversos medios de transporte motorizados.

El automóvil es el medio de transporte que más contamina, más accidentalidad produce, más energía requiere y más espacio público necesita; todas estas desventajas empeoran cuanta más gente lo utilice. ¿Cómo podemos conseguir comunidades con movilidad sostenible? Como en todo problema ecológico, debemos aplicar un doble enfoque: social e individual.

Por una parte hay una responsabilidad institucional y de voluntad política para mejorar el transporte público, restringir el uso de automóviles y promocionar los medios no motorizados que no contaminan, tienen un bajo coste y son saludables.

Todo ello puede lograrse mediante una serie de medidas o normativas que amplíen las aceras, establezcan límites de velocidad de 30 km/hora, restrinjan el aparcamiento en ciertas zonas o establezcan peajes disuasorios. Paralelamente deberían ampliarse los espacios de circulación y aparcamiento de bicicletas, y sobre todo las áreas peatonales.

Pero hay también una responsabilidad individual, la necesidad de tomar conciencia y actuar en nuestro día a día, algo que no puede imponerse por decreto.

Etiquetas:  Salud Meditación Deporte

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