Enfermedades autoinmunes y microbiota

Mejorar las defensas

Cada vez sufrimos más enfermedades autoinmunes. ¿Qué hacemos mal?

El sistema inmunitario, en vez de protegernos, ataca a las propias células y nos enferma. La clave puede ser una alteración de la microbiota.

Susana Muñoz

Las enfermedades autoinmunes son procesos patológicos en los que el sistema inmunitario, nuestro sistema de defensas, ataca componentes normales de la propia persona.

Su incidencia se ha triplicado en las últimas décadas: artritis reumatoide, lupus, esclerosis múltiple, diabetes tipo 1, enfermedad inflamatoria intestinal, psoriasis, vitíligo, hipotiroidismo… son enfermedades autoinmunes cada vez más frecuentes.

Algo hacemos mal. ¿Cómo puede ser que una maquinaria tan perfecta como nuestro sistema inmunitario presente cada vez más alteraciones? Se han descrito más de 80 tipos de enfermedades autoinmunes en el momento actual, pero es posible que el número no deje de crecer.

Es una enfermedad cuyo origen es el sistema inmunitario: ataca a las células sanas del propio organismo. Ser mujer es un claro factor de riesgo. Si bien las enfermedades autoinmunes afectan al 8% de la población, entre las mujeres la prevalencia llega al 20%. Más del 75% de los casos se producen en mujeres. Se piensa que es debido a que tienen una reacción inmunitaria más potente.

Además, algunos genes que predisponen a estas enfermedades están en el cromosoma X, y las mujeres poseen dos cromosomas X.

La microbiota intestinal en clave en las enfermedades autoinmunes

Nuestro sistema inmunitario es un complejo de células y señales moleculares que nos protege frente a agentes patógenos externos (virus, bacterias, hongos, parásitos…) y frente a patógenos internos (células tumorales).

Pero debe reconocer y respetar a las células sanas del organismo. Se le permite colaborar en la eliminación de moléculas y células dañadas o agotadas (un nivel sano de autoinmunidad), pero no debería tocar las células sanas.

El sistema inmunitario actúa, en ocasiones, por defecto (inmunodeficiencias, congénitas o adquiridas), por exceso (hipersensibilidad como las alergias), o contra la diana equivocada (ataca a las células sanas del organismo, dando lugar a las enfermedades autoinmunes).

Recientes estudios señalan que, en la formación de esta tolerancia inmunitaria (el respeto por lo propio), es importantísimo el papel de las bacterias intestinales (microbiota intestinal) ya en el recién nacido.

La prestigiosa revista Science considera esta función uno de los diez descubrimientos más importantes de la primera década del siglo XXI.

Cada persona tiene una microbiota única

Los aproximadamente 2 kg de bacterias con las que convivimos habitualmente se conocen como microbiota. Y al ADN de esas bacterias se le llama microbioma.

Se encuentran en la piel y en la vagina femenina, pero principalmente colonizan el aparato digestivo, desde la boca hasta el ano. En total, suman más de 100 billones de bacterias.

Cada uno de nosotros tiene una microbiota exclusiva, tanto como nuestra huella digital, y esta microbiota afecta a nuestra predisposición a enfermar. En la maduración de los sistemas inmunitario y endocrino influyen todas estas bacterias.

Las bacterias intestinales se consideran un órgano más de nuestro organismo. Son responsables de metabolizar los residuos no digeribles de la dieta, el moco endógeno y los detritus celulares; producen vitaminas: K, B12, biotina y ácido fólico; sintetizan aminoácidos a partir del amoniaco y la urea.

Nos protegen de la implantación de bacterias externas y desempeñan un papel esencial en el desarrollo del sistema inmunitario, siendo muy importantes en la conformación del estado de inmunotolerancia activa mediado por las células T reguladoras.

Todo comienza en el vientre materno

Cuando estas bacterias se alteran, se produce lo que conocemos como disbiosis o desequilibrio intestinal.

Según los estudios más recientes, la colonización bacteriana de nuestro intestino comenzaría dentro del vientre materno, a través de la placenta y el líquido amniótico, pero tendría su mayor desarrollo durante el parto vía vaginal.

En ese momento, las bacterias presentes en la vagina y la zona perianal de la madre se introducen por la cavidad bucal del bebé y comienzan su viaje y su colonización intestinal, en una relación armoniosa que debe durar toda la vida. Es por ello que la flora tiende a ser similar a la materna.

Si esto no ocurre así, por ejemplo en los niños que nacen por cesárea, en los que no hay contacto con las bacterias de la madre a través del canal del parto, existe la posibilidad de que, en el futuro, estos niños padezcan distintas enfermedades, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, obesidad, asma, alergias, diabetes tipo 1 y autismo.

Alrededor de 2 años después, la flora bacteriana es similar a la del adulto. La flora estaría determinada entonces por la vía de nacimiento (parto o cesárea), el tipo de alimentación (lactancia materna o leches comerciales) y el contacto con bacterias ambientales.

A este respecto, se habla mucho de la "hipótesis de la higiene", que postula que, en las sociedades occidentalizadas, la incidencia cada vez mayor de atopias (eczema, asma, rinitis, alergias), enfermedad inflamatoria intestinal y trastornos autoinmunes (esclerosis múltiple, diabetes tipo 1) podría explicarse por una disminución de la carga microbiana en los primeros meses y años de vida.

Por eso, se considera muy saludable para la inmunidad tener hermanos, vivir en una granja, tener mascotas y jugar con otros niños desde temprana edad.

El sistema inmunitario se confunde

Tenemos ya los componentes principales de las alteraciones inmunitarias: la genética y las bacterias intestinales. Combinadas, podrían hacer que el sistema inmunitario dejase de reconocer a sus células sanas como tales.

Estas alteraciones producirían un mecanismo conocido como "mimetismo", por el que el sistema inmunitario confundiría a células sanas con agentes externos que se le parecerían, y las atacaría.

En esta confusión estaría implicada la genética (predisposición individual de cada persona) y el estado de salud del sistema inmunitario, algo estrechamente relacionado con el estado de salud de la microbiota.

No debemos olvidar que el estrés es también un componente importantísimo en estas enfermedades, porque es uno de los principales factores desencadenantes de los brotes. Actuaría a través de la secreción de la hormona cortisol y la disminución de la acción de los linfocitos T reguladores, encargados de ordenar este caos autoinmune.

¿Qué enfermedades autoinmunes hay?

Entre los más de 80 tipos de enfermedades autoinmunes que se han descrito en el momento actual, algunas son muy infrecuentes y se engloban dentro de las llamadas "enfermedades raras" (que agrupa a unas 7.000 patologías).

Pero otras son muy frecuentes en nuestra sociedad las siguientes enfermedades:

  • Esclerosis múltiple. Es una enfermedad inflamatoria crónica del sistema nervioso central, que afecta a unas 46.000 personas en España, en la que se produce una destrucción autoinmune de la mielina.
  • Artritis reumatoide. Hay entre 200.000 y 250.000 afectados en España. Esta enfermedad destruye el líquido sinovial de las articulaciones.
  • Tiroiditis de Hashimoto. Se producen anticuerpos antitiroideos que causan inflamación y destrucción de la glándula tiroides. Es la afectación autoinmune endocrina más frecuente y afecta hasta un 10% de las mujeres mayores de 60 años.
  • Diabetes tipo 1. Es la diabetes conocida como insulinodependiente. Se producen anticuerpos contra las células beta-pancreáticas, lo que provoca un déficit de insulina.
  • Espondilitis anquilosante. Es una enfermedad autoinmune crónica y progresiva que, a diferencia de otras enfermedades autoinmunes, afecta más al sexo masculino, y en la que se dañan las articulaciones, sobre todo las axiales (columna y sacroiliacas). Se calcula que en España afecta a unas 500.000 personas.
  • Lupus eritematoso sistémico. Afecta al tejido conjuntivo y puede atacar a cualquier órgano y sistema (40.000 afectados en nuestro país). Autoinmunes son también la psoriasis y el vitíligo, que afectan a la piel.
  • Enfermedad celiaca. Se produce una intolerancia permanente al gluten que termina destruyendo las células intestinales. Hay hasta un 75% de personas que la padecen y que están sin diagnosticar debido a que puede presentar manifestaciones diferentes a las de su forma clásica (intolerancia al gluten no celiaca o síntomas neurológicos, lo que se conoce como neurogluten), o incluso ser asintomáticas.
  • Problemas intestinales. La enfermedad inflamatoria intestinal engloba hoy tres trastornos: enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa y colitis indeterminada (entre 84.000 y 120.000 afectados en España).

Pueden ser enfermedades autoinmunes

La lista de las enfermedades que pueden tener una causa inmune o derivada de ella sigue aumentando.

Hay una enfermedad, la narcolepsia (más de 3 millones de afectados en el mundo), de la que hoy sabemos su origen autoinmune. Y algunas afectaciones osteomusculares inespecíficas (fascitis, hombro congelado…) parecen tener también origen autoinmune.

Uno de los últimos candidatos a entrar en esta lista de enfermedades autoinmunes podría ser el Parkinson: algunos estudios parecen sugerir ya esta posibilidad. Se han identificado autoanticuerpos que serían los responsables de la pérdida neuronal. En España lo padecen unas 150.000 personas.

Y hay también otras enfermedades que, aunque su patogenia no es autoinmune, sí presentan una alteración inmunitaria clara de base que podría estar muy relacionada con el estado de nuestra salud intestinal: la fibromialgia, el síndrome de la fatiga crónica y la sensibilidad química múltiple. Son enfermedades de base inmune en las que también tienen un papel importante las bacterias intestinales. 

Etiquetas:  Microbiota Salud

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