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Vida natural

Instintoterapia: el camino sanador del instinto

Nuestro cerebro primigenio guarda el recuerdo de lo instintivo: el alimento, el sueño, el cuidado maternal o el placer sexual. Estas son las claves de la salud desde el punto de vista de la instintoterapia.

Jesús García Blanca

Los instintos son nuestra conexión con la Naturaleza, con nuestra parte animal. Son impulsos inconscientes que nos recuerdan que somos mamíferos por debajo del privilegiado cerebro racional que nos individualiza como humanos.

El neocórtex nos ha permitido construir culturas de enorme complejidad y sofisticadas tecnologías, pero también nos ha alejado de la Naturaleza y ha distorsionado nuestra sexualidad, provocando numerosos problemas de salud en nosotros y en el entorno. Pero es posible encontrar caminos para conciliar estas dos naturalezas.

Cómo nos guían y nos cuidan los instintos

El doctor Enric Costa –médico internista, especialista en homeopatía, medicina china y acupuntura– nos recuerda que los instintos son funciones automáticas inconscientes que tienen como objetivo conservar al individuo y la especie.

Se ponen en marcha para satisfacer necesidades primarias, como el hambre, el sueño, la procreación o el amamantamiento de las crías. Pero tienen también un componente emocional y están relacionadas con impulsos como el odio, la rabia, la venganza o la obsesión.

Los instintos, explica Costa, cuidan de nosotros sin que nos demos cuenta, actuando desde el cerebro primitivo y el sistema nervioso autónomo. Fluctúan en función de nuestras necesidades más recónditas y nos impulsan, por ejemplo, a comer ciertos alimentos en unos momentos del año y otros cuando cambia la estación.

El problema es que los instintos son influenciables y gran parte de la industria de consumo que domina las sociedades modernas se basa en esa capacidad de influencia para distorsionarlos y empujarnos hacia necesidades artificiales.

Curación emocional con base científica

Pero esa conexión con lo emocional también nos abre puertas para actuar terapéuticamente, para devolver el equilibrio a nuestra "alma vegetativa", como llamaba Aristóteles a los instintos.

El médico y psiquiatra David Servan-Schreiber, tras investigar durante décadas la neurobiología de las emociones, escribió el libro The instinct to heal ("el instinto para curar"), publicado en español como Curación emocional (Ed. Kairós), donde recogió las técnicas más eficaces.

Servan-Schreiber explica que el cerebro emocional posee una organización diferente y propiedades bioquímicas distintas a las del neocórtex. Funciona de modo independiente y controla todo lo relacionado con el bienestar psicológico, y con gran parte de la fisiología del cuerpo: los impulsos del corazón, la tensión arterial, el sistema digestivo, el hormonal, el inmunitario…

Los trastornos emocionales tienen su raíz en las disfunciones de este cerebro, originadas muchas veces por traumas vitales pasados que continúan ejerciendo influencia sobre nuestras percepciones y vivencias presentes.

Las terapias mentales y corporales que actúan sobre los instintos

Podemos intervenir sobre el cerebro emocional mediante técnicas psicofísicas con mayor efectividad que con razonamientos y lenguaje. Terapias tradicionales como la acupuntura y modernas como la EMDR o la coherencia cardiaca aprovechan los mecanismos naturales para actuar sobre el cerebro emocional y ayudarnos a recuperar la salud.

Con el nombre de "instintoterapia" no nos referimos a un régimen alimentario ni propiamente a una técnica terapéutica. Es un modo de vida, o mejor dicho, el retorno a un modo de vida. Solo que el cambio es tan grande, sus consecuencias tan potentes, que produce inmediatamente reacciones en el organismo: de limpieza, desintoxicación, liberación emocional… De ahí que se le considere una terapia.

Para comprender la instintoterapia, debemos tener en cuenta los artificios que el ser humano ha desplegado para transformar los alimentos y forzar su consumo.

Procedimientos térmicos como la cocción a altas temperaturas o la congelación modifican las estructuras bioquímicas de los alimentos y, en consecuencia, sus propiedades. También son alteradas por procedimientos como el uso de abonos, pesticidas y aditivos.

Una clasificación instintiva de los alimentos

De acuerdo con los criterios de la instintoterapia, los alimentos se pueden clasificar en tres grandes grupos:

  • Originarios: son aquellos que los primeros homínidos encontraron en el medio donde se desarrollaron.
  • Progenéticos: no han sufrido modificaciones significativas; mantienen una correspondencia genética con el organismo humano y siguen vinculados a los instintos.
  • Inadecuados: como los lácteos o los preparados industrializados (pan, pastas, sopas y todo tipo de alimentos elaborados y cocinados a altas temperaturas).

De acuerdo con esta clasificación, los alimentos "permitidos" por la instintoterapia abarcan los dos primeros grupos y serían, por ejemplo, frutos locales o exóticos, verduras sin aliñar, setas, plantas aromáticas, tubérculos, frutos secos y semillas... todos ellos consumidos en su estado bruto y por separado.

Cultivar de la manera más correcta

No podemos volver atrás y partir de cero, pero se pueden hacer muchas cosas, entre ellas, cultivar correctamente. ¿Qué significa eso? Es cierto que el cultivo forma parte –como su nombre indica– de la cultura, pero es posible llevarlo a cabo de tal modo que obtengamos alimentos equivalentes a los que produce la naturaleza.

Esto se realiza mediante distintas técnicas de cultivo biológico, ecológico o respetuoso, que descarta totalmente el uso de productos químicos de síntesis y respeta los ciclos de la naturaleza.

La agricultura natural

Las ideas de Masanobu Fukuoka pueden ser muy interesantes en este sentido. El agricultor, biólogo y filósofo japonés expuso en sus obras La revolución en una brizna de paja (Ed. Ecohabitar) y La senda natural del cultivo, cómo reproducir fielmente las condiciones naturales en que viven las plantas, de manera que el suelo se enriquezca progresivamente y la calidad de los alimentos cultivados aumente sin ningún esfuerzo, cuidado o manipulación añadidos.

Cómo curarse con el instinto

Una vez que hayamos hecho lo posible por obtener alimentos tanto originarios como progenéticos, el siguiente paso es abandonarnos al instinto como estrategia fundamental de conservación de la salud y para la autocuración si es necesario.

El olfato y el gusto son los dos sentidos claves para guiarnos a la hora de rechazar o de elegir los alimentos que realmente necesitamos. Cualquier alimento originario que resulte atrayente para el gusto y el olfato es útil para el organismo y viceversa: si un alimento es nocivo o inútil será rechazado por nuestro instinto a través de su sabor y su olor.

Es sabido que las mujeres embarazadas tienen una sensibilidad especial ante los alimentos. Es probable que su instinto se agudice cuando el desarrollo de una nueva vida está en juego, pero todos podemos cultivar esta sensibilidad instintiva.

Terapias detox

En caso de enfermedad nos servirá, por ejemplo, para poner en marcha los mecanismos de desintoxicación que regeneran nuestro medio interno e impulsan la curación de numerosos trastornos.

La razón fundamental para que estos mecanismos biológicos funcionen es que existe una adaptación de los instintos y de las funciones digestivas y metabólicas a las biomoléculas originarias presentes en los alimentos. En cambio, no están adaptados a la cantidad de sustancias extrañas presentes en muchos alimentos modernos y precocinados.

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