Verano saludable

Si vas a la playa, disfruta y potencia tu salud

Cecilia Nova

La talasoterapia o curación mediante el mar combina las propiedades del agua, el aire puro, las algas e incluso la arena. En conjunto es una fórmula que te estimula y renueva. Descubre cómo aprovechar al máximo las propiedades del mar.

Somos hijos del mar. Esa incalculable masa de agua viviente nos hipnotiza, quién sabe si porque nos sentimos acunados por su rítmico arrullo como el recién nacido con el latido del corazón de la madre.

No se trata de una imagen meramente poética. El marforma parte de nuestra propia fisiología, ya que alrededor del 70 por ciento del cuerpo humano está compuesto de agua y, como intuyeron algunos lúcidos científicos hace ahora más de un siglo, es asombrosamente similar en composición a la del mar.

La talasoterapia: el mar te cura

Podríamos pensar que el mar es un recurso curativo reciente porque lo asociamos con la época esplendorosa de los balnearios de finales del siglo XIX y principios del XX, pero lo cierto es que se conoce y utiliza desde la Antigüedad.

Se atribuye a Platón la frase "lava el mar las dolencias de los hombres", expresada después de someterse a baños por recomendación de médicos egipcios. Fenicios, griegos y romanos conocían su poder salutífero.

En 1869, el médico francés Joseph La Bonardière le pone nombre a este nuevo método curativo: talasoterapia, un neologismo creado a partir de la palabra "thalassa", que significa mar, y "therapeia", tratamiento.

Actualmente, y más en la península Ibérica, es fácil gozar de unos días de salud junto al mar. La naturaleza brinda verdaderos agentes terapéuticos: el agua, la presión, el movimiento de las olas, el sol, el aire, la arena, los limos, las algas e incluso las piedras. Todo ello estimula las funciones orgánicas, así como fortalece los músculos y calma la mente.

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Los regalos saludables del mar

El mar puede corregir la deficiencia de minerales, puesto que los contiene de forma abundante y biodisponible, y en la proporción y combinación adecuadas para nuestro organismo. Gracias a los baños y los tratamientos de la talasoterapia, los minerales son absorbidos a través de la piel.

Aparte del sodio, que alcaliniza el medio humoral y es fundamental para numerosos procesos orgánicos, aporta los otros elementos básicos para el organismo –magnesio, potasio, azufre, cloro– y, además, oligoelementos, que se precisan en cantidades muy pequeñas pero que son necesarios para el funcionamiento óptimo del cuerpo.

Si tenemos en cuenta que las deficiencias más habituales entre la población suelen ser de yodo, hierro, cromo, cobre, cinc y selenio, entenderemos la importancia de realizar baños marinos llegado el buen tiempo.

En general, la talasoterapia trabaja con la acción reparadora de los minerales y con el cambio térmico del agua de mar y su presión, que ejerce un masaje continuo.

El hecho de que la temperatura marina sea más fría que la del cuerpo permite que se dé un efecto vasoconstrictor de los pequeños vasos sanguíneos. Al mismo tiempo, se dilatan las venas y arterias interiores por el aumento de presión que ejerce el volumen de sangre. Con ello el corazón late con menos frecuencia y descansa, se reduce el ritmo respiratorio y aumenta la tensión arterial.

Una vez en el agua, el cuerpo se acostumbra y es el sistema circulatorio el que reacciona, permitiendo que las venas de la piel se dilaten nuevamente, mientras que los vasos sanguíneos profundos y los órganos se contraen. Se logra así un masaje interno muy estimulante del sistema circulatorio y de los órganos.

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El masaje del mar, el relax mental y el oxígeno

El agua empuja el cuerpo hacia arriba. Este empuje compensa el peso del cuerpo de forma que dentro del agua es como si pesara un 90% menos: esta descarga favorece la movilidad de las articulaciones. Se benefician también la circulación sanguínea y el sistema linfático.

La ventaja de estar a orillas del mar y no en un centro cerrado es que podemos respirar el aire marino, cargado de iones negativos. Los iones son unas partículas que forman el átomo y cuya carga eléctrica puede ser negativa o positiva. Los iones negativos se generan en entornos naturales con corrientes de agua: el mar, los ríos, las cascadas, etc.

Tienen un efecto muy saludable sobre las personas, ya que relajan y favorecen la producción de serotonina, un neurotransmisor cerebral necesario para dormir bien y mantener el buen humor. Se ha comprobado que, a solo cien metros del mar, la cantidad de iones negativos es de 50.000 por metro cúbico, cien veces más que en un ambiente contaminado.

El aire marino está cargado de oxígeno pero también es rico en ozono y diferentes sustancias minerales que absorbemos a través de la respiración.

Ejercicio de respiración oxigenante en la playa

Una buena oxigenación ayuda a mantener el equilibrio emocional y psíquico, ya que ralentiza el ritmo respiratorio y favorece la recuperación de los tejidos. En la playa se pueden realizar ejercicios respiratorios como el siguiente, muy sencillo:

  • Se inspira llenando los pulmones mientras se tira la cabeza hacia atrás y se juntan las escápulas, lo que abre el tórax.
  • Con los pulmones llenos, se retiene el aire durante entre dos y cinco segundos.
  • Se vuelve a bajar la cabeza y se relajan los omóplatos, mientras se espira lentamente para vaciar por completo los pulmones. La espiración debe durar de cinco a diez segundos.
  • Se pueden realizar 20 respiraciones al menos dos veces al día.

Renovación sanguínea

Las sesiones de talasoterapia ejercen un efecto positivo sobre la sangre. Se ha demostrado que en estancias largas, tras al menos un par de meses, la composición sanguínea mejora y se consigue que los glóbulos rojos –los principales portadores de oxígeno a las células y tejidos del cuerpo– aumenten, lo que permite una mayor nutrición celular y una mejora del sistema inmunitario.

Por ello el mar se ha recomendado desde siempre a las personas anémicas, que veían cómo además de mejorar su composición sanguínea se producía un fortalecimiento de su sistema inmunitario.

Cómo se toma un buen baño de mar

La mejor manera de disfrutar de las bondades del mar consiste en seguir unas pautas pata aprovechar al máximo la estancia:

  • Se recomienda empezar los primeros días con baños muy cortos. Lo ideal sería no permanecer en la playa más de cuatro horas.
  • Antes del baño, es conveniente hacer un poco de ejercicio suave y también tomar algo de sol.
  • La entrada al mar debería ser rápida y decidida, no andar pensándoselo con medio cuerpo introducido. Lo idóneo es entrar a zancadas y hundirse varias veces.
  • Duración del baño. Cuanto más frío y agitado esté el mar, más breve será el baño. En aguas templadas, con sol y aire cálido, se puede permanecer en el agua hasta 15 o 20 minutos. Y en las sesiones veraniegas, incluso más. En verano, para potenciar la salud son suficientes de uno a tres baños marinos al día.
  • Al salir del mar conviene practicar otra vez algo de ejercicio, como una caminata o algunos movimientos vigorosos. Es importante secarse al aire libre. De esta forma, las sales minerales depositadas en la piel en forma de pequeños cristales se absorben y estimulan el sistema nervioso.

Caminar dentro del agua

Además de nadar, se pueden realizar en el agua ejercicios que activen casi todos los músculos.

  • Una práctica habitual en nuestras playas es caminar largo rato por la orilla del mar, dejando que el agua rompa a la altura de los tobillos. Sin embargo, como tratamiento terapéutico, lo mejor es hacerlo en el mar, adentrándose en el agua y luego volviendo a la orilla.
  • Nos podemos internar hasta que el agua llegue al pecho o incluso al cuello, lo que activará sobre todo los músculos abductores, abdominales y de los glúteos. Se puede caminar con el agua a esa altura, dar pequeños saltos cuando llegue una ola y, en total, permanecer dentro del agua unos 10 minutos. Luego se sale y se toma el sol otros 10 minutos. Los paseos se pueden repetir tres veces.
  • Las articulaciones y el sistema venoso salen beneficiados de estos paseos, ya que la presión hidrostática del agua favorece el retorno venoso y combate la pesadez de las piernas, algo habitual en verano y en las mujeres. Igualmente sale reforzado el sentido del equilibrio, se fortalece la musculatura de pies y tobillos, y se realiza un suave masaje a la planta. Además, se experimenta una sensación placentera que favorece el equilibrio energético del organismo.

Un bálsamo para la piel

La talasoterapia resulta de gran ayuda para disminuir el dolor y mejorar una amplia variedad de afecciones, pero sobre todo es una medicina preventiva. Se trata de un recurso de gran valor en problemas de fatiga por su gran aporte de magnesio, que aumenta las defensas del organismo. Asimismo, el acné, el lupus, los eccemas y, sobre todo, la psoriasis mejoran notablemente con los baños de mar.

Están muy indicados en personas que padecen estrés, puesto que el agotamiento de determinadas reservas de micronutrientes es responsable de una actitud de tensión constante en la vida. Y, sobre todo, la talasoterapia es muy valiosa en la artrosis y la artritis, ya que se actúa sobre el tejido conjuntivo.

El efecto de la arena

La arena de la playa está formada por partículas de un diámetro inferior a los 3 mm y está cargada con los elementos químicos del agua de mar e incluso del aire, ya que es altamente porosa.

La temperatura que puede alcanzar la arena como consecuencia de la incidencia de los rayos solares varía entre los 40 y los 60 ºC. Cubrir la piel con arena (una capa de 30 a 40 centímetros) se considera una terapia recomendable para las afecciones reumáticas y otras dolencias de los huesos y las articulaciones.

Tratamientos en los centros de talasoterapia

En los centros especializados en talasoterapia disponen de instalaciones para realizar tratamientos específicos y más profundos. Las duchas son un elemento imprescindible.

  • La ducha de agua marina general. Si la ducha es caliente, entre 38 y 40 ºC, se dilatan los vasos sanguíneos periféricos. Sobre los 35 ºC resulta calmante. Cuando es fría, estimula y tonifica. Las duchas alternas de agua caliente y agua fría constituyen un tratamiento energizante.
  • Chorros dirigidos a zonas específicas. Se usan para regular la circulación, descongestionar, calmar y reducir el dolor. También se emplea una manguera que lanza el agua a gran presión, recomendable en el tratamiento de contracturas y la falta de tono muscular.
  • Duchas subacuáticas. Realizan un masaje que mejora el tono muscular y estimula la asimilación de nutrientes de los alimentos. Para la ducha jet submarina es necesario introducirse en una piscina. Se enfoca un chorro de alta presión que efectúa un intenso masaje sobre los músculos y las articulaciones.
  • Baños. Pueden hacerse con agua de mar calentada a unos 37-40 ºC, con lo que se consigue mejorar la circulación, favorecer la eliminación de toxinas a través de la piel y aliviar el reumatismo.
  • Aplicaciones de algas. En polvo, conservan todos sus principios activos y permiten realizar envolturas, baños y mascarillas para cuidar la piel del rostro y tonificarla. Las algas son depurativas, antioxidantes y antivirales, y aportan gran cantidad de yodo y oligoelementos. Son muy adecuadas para los problemas de piel (flacidez, estrías, arrugas y celulitis), como cosmético natural excepcional, ya que regeneran los tejidos.
  • Recubrimientos con limos o fangos marinos. Es un tratamiento clásico en lugares como el mar Muerto y supone mezclar agua marina, algas y sedimentos arcillosos y arena. Con esta mezcla se consigue un fango muy rico en calcio y magnesio, además de otros minerales. Al cubrir el cuerpo con este fango, la penetración de estas sustancias es muy efectiva y se logra un efecto desintoxicante del cuerpo.

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