Mindfulness

Meditar modula los genes

Las disciplinas y terapias mente-cuerpo, como la meditación, el yoga y las diferentes técnicas de relajación, también son capaces de influir sobre la expresión genética.

Algo que hemos aprendido en la era de la genómica es que el ADN en solitario no marca nuestro destino.

Aunque no es posible controlar completamente la actividad de nuestros genes a través del nuestro comportamiento y nuestro estilo de vida, la buena noticia es que podemos predisponerlos a dar lo mejor de sí para promover la salud y ayudar a prevenir enfermedades.

Hoy sabemos que numerosas prácticas de tipo cuerpo-mente (por ejemplo la meditación, el yoga, el tai chi, el qigong y la regulación de la respiración) tienen la capacidad de cambiar los patrones de actividad cerebral relacionados con la atención, la autorregulación y la percepción del estrés.

A través de estos mecanismos, dichas técnicas regulan diferentes procesos fisiológicos que controlan la expresión de los genes.

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En particular, las prácticas basadas en la atención plena regulan las vías del estrés oxidativo, el metabolismo celular y el sistema inmunitario mediante modificaciones epigenéticas.

En los últimos 10 años, numerosos estudios científicos han demostrado que diversos tipos meditación, yoga y otras prácticas relacionadas, tienen la capacidad de disminuir la actividad de genes implicados en procesos proinflamatorios, en particular los que dependen del factor de transcripción NFkappaB, un mediador clave de la inflamación en situaciones de estrés psicosocial.

Estos nuevos descubrimientos destacan el potencial de estas técnicas para ayudar a prevenir y tratar de patologías como trastornos cardiovasculares, metabólicos, inmunológicos y otras afecciones crónicas causadas o agravadas por la inflamación.

En los últimos 20 años, la investigación científica se ha interesado en cuatro tipos de prácticas de tipo cuerpo-mente que actualmente se aplican en contextos clínicos y comunitarios: taichí, chikung, yoga y meditación.

Estas prácticas cultivan la atención consciente en la respiración, los movimientos físicos y en el momento presente, poniendo mayor o menor énfasis cada uno de estos elementos según la técnica.

Una compilación de 26 ensayos clínicos aleatorizados revela que todas estas prácticas se relacionan con la modulación de la expresión génica y la disminución de biomarcadores de inflamación en respuesta a períodos de práctica de entre 8 y 16 semanas.

Aunque algunos estudios también han demostrado cambios en la expresión de genes en cuestión de horas o de unos pocos días de práctica, lo interesante no son los efectos agudos sino aquellos que se mantienen en el tiempo y ofrecen mejoras estables en el bienestar y la salud.

Para ello, lo ideal es elegir el tipo de técnica que nos resulte más agradable y se adapte mejor a nuestra condición física para lograr integrarla en nuestra vida diaria y obtener sus beneficios a largo plazo.

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