Microexpresiones

Sentirse mejor

Microexpresiones: la cara es el espejo del alma

Aunque queramos, las microexpresiones nos delatan. Pero es un sistema flexible y, si interiorizamos expresiones positivas, el ánimo se adapta a ellas.

Bibiana Badenes

La capacidad de reconocer el estado de ánimo de otras personas resulta primordial para la convivencia. El cerebro maneja los canales perceptivos que permiten darnos cuenta de qué emociones sienten los demás.

Y para eso nos basamos en la mímica, los gestos y la voz. Es decir, en la cara, que es fundamental en el sistema de involucramiento social.

La cara transmite información respecto al estado visceral, el ánimo, las emociones y los sentimientos. Cuando una persona adopta una expresión facial negativa, interioriza esa expresión y su estado de ánimo se adapta a ella.

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Las microexpresiones hablan de nosotros

Paul Ekman, investigador de las emociones y su expresión facial, descubrió la relación entre los gestos y el estado de ánimo. Las microexpresiones, dice Ekman, son universales, fruto de la expresión de ciertos genes que hacen que determinados grupos musculares de la cara se contraigan a la vez siguiendo un patrón cada vez que aparece un estado emocional básico.

En su estudio, Ekman y su equipo dedujeron que las microexpresiones aparecen siempre de la misma forma en todas las personas, independientemente de su cultura, y que también existe un grupo de emociones universales básicas ligadas a estos breves gestos de la cara.

En esta última década, otros investigadores han estudiado cómo repercuten nuestros gestos en el día a día y en nuestra interacción con los demás, y de qué manera codifica nuestro cerebro las emociones.

Si existen una serie de emociones bien definidas y un modo predefinido de expresarlas, eso significa que otros miembros de la especie pueden reconocerlas y utilizar esta información a modo de código entre sus iguales.

Se ha descubierto, por ejemplo, que los gestos de manos y brazos no están relacionados con una emoción concreta, sino que son más flexibles y pueden expresar mensajes diferentes en función del contexto. Seguramente, los gestos surgieron más tarde en la evolución que las expresiones faciales.

Son innatas y automáticas

Las microexpresiones faciales de las personas invidentes son iguales que las que realizan las personas que pueden ver, lo cual quiere decir que son innatas y no aprendidas, ya que las personas ciegas no han podido aprenderlas a través de la observación.

Y si son innatas es porque nos han dado alguna ventaja evolutiva. En las situaciones de peligro o que requieren estar emocionalmente muy activados, los demás pueden saber al instante que algo está pasando y reaccionarán ante esta situación, primero aparece una reacción automática y estereotipada ante estímulos emocionales, y justo después cada uno toma el control sobre sus gestos.

Al imitar una expresión facial nos es más fácil reconocer la emoción del otro. Lo cual explicaría por qué, de manera inconsciente, cuando alguien nos sonríe, nosotros también lo hacemos; o por qué adoptamos un gesto de pesar cuando vemos sufrir a alguien.

Las microexpresiones son automáticas y no puedes ocultarlas o fingirlas, de ahí que digamos que nuestro rostro no miente. Sin embargo, si realizas las microexpresiones aunque no sientas la emoción, acabarás activando los mismos circuitos que si estuvieran ocurriendo y tu interlocutor se verá obligado a reaccionar.

En ello se basa la serie americana Miénteme, que muestra las investigaciones de especialistas capaces de detectar mentiras y analizar la conducta de las personas mediante la interpretación de los gestos producidos por los músculos de la cara. Está inspirada en el trabajo científico de las expresiones faciales emocionales de Paul Ekman, quien fue, de hecho, consultor durante la realización de la serie.

Sonríe y te sentirás mejor

Varias veces al día realiza un gesto interno como si quieras esbozar una sonrisa, busca algo en tu pensamiento que te haga sonreír y, si no lo encuentras, haz el gesto de sonreír igualmente.

Si te relajas, sentirás que tus ojos sonríen con tus labios, que se arrugan en las esquinas. Toda tu cara se verá totalmente implicada en la sonrisa. La sonrisa que surge es la verdadera sonrisa, la que hace participar a tus ojos, y se llama "sonrisa de Duchenne", en honor al doctor que la definió.

La sonrisa desencadena endorfinas y dopamina, que relajan los músculos tensos, calman la respiración y nos hacen sentirnos mejor. El cuerpo entiende que no estás en peligro y hasta puedes sentir menos dolor físico cuando sonríes.

Al expresar facialmente la sonrisa, es más difícil enfadarse y tener reacciones agresivas. Es un lenguaje tan interiorizado en la fisiología que el sistema hormonal cambia rápidamente dependiendo de nuestra postura.

Etiquetas:  Emociones

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