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Musicoterapia

Puedes sincronizarte con el ritmo musical de la salud

Los ritmos que marcan la vida en el planeta interactúan con los de nuestro organismo desde que estamos en el vientre materno. Tan importante es sentirlos como armonizarlos y la música es una gran herramienta para conseguirlo.

Jordi A. Jauset, músico e ingeniero

El ritmo es un orden acompasado en la sucesión de cosas y, como tal, es inherente a la vida. Sin ritmo, la vida no existiría. La respiración y el latido cardiaco son un claro ejemplo de ritmos vitales, pero hay otros.

Existen también otras funciones biológicas rítmicas que están gobernadas por el hipotálamo, una glándula fundamental que coordina el sistema endocrino y regula los ciclos hormonales del organismo. Controla, además, funciones vitales como la temperatura corporal, la presión sanguínea, la sed, el hambre, el metabolismo energético, el sueño y la reproducción sexual.

Este reloj interno biológico se "ajusta" o se "sincroniza" con los ritmos del entorno a través de la luz que capta nuestra retina.

La música sincroniza los ritmos internos del cuerpo

El ritmo es, además, un rasgo básico que forma parte de todas las artes y, en especial, de la música. Quizá por ello existen interacciones con nuestros ritmos internos. El ritmo cardiaco, por ejemplo, puede alterarse tanto por factores endógenos (emocionales, orgánicos) como exógenos (estímulos físicos externos como los sonoros o musicales).

Fácilmente podemos comprobarlo: basta escuchar durante 15-20 minutos una obra musical muy rítmica y medir la diferencia de pulsaciones antes y después. Observaremos que se han incrementado. Y, viceversa, si la obra musical es rítmicamente tranquila, las pulsaciones disminuirán.

Esta capacidad de sincronización tiene sus aplicaciones terapéuticas y algunos centros hospitalarios se sirven de ella para que los bebés prematuros puedan ganar peso.

Es el caso del Hospital Materno Infantil de Granada y del Hospital Universitario de Nuestra Señora de la Candelaria (Tenerife). A los pocos días de que los bebés prematuros reciban audiciones de música (clásica) se observa que su aumento de peso es superior al de aquellos que se recuperan con protocolos más convencionales.

La explicación, según los especialistas, es simple: la música –adecuadamente elegida– les relaja, su consumo basal energético disminuye y esa diferencia energética es la que el propio organismo invierte para la pronta recuperación del peso.

La percepción del ritmo comienza antes de nacer

La vida en el útero materno ayuda a comprender por qué somos tan sensibles al ritmo y cómo aprendemos a percibirlo. La estimulación acústica del feto es más diversa y contiene más información que la visual, táctil, olfatoria o gustativa.

De hecho, el sistema auditivo comienza a desarrollarse a los 22 días de gestación. Algunos autores (Panthuraamphorn, 1993) indican que el feto puede percibir estimulación auditiva ya en el primer trimestre aunque no sea capaz aún de responder e interactuar.

Los primeros estímulos sonoros que percibe son las vibraciones transmitidas por el líquido amniótico. Y uno de ellos es el sonido rítmico del latido del corazón: en total, ¡unos 28 millones de latidos! No es de extrañar, pues, que este sonido esté almacenado en nuestras redes neuronales y que su reproducción ayude a calmar al bebé.

Los recién nacidos ya tienen el ritmo en el cuerpo

En la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) se publicó un estudio de un grupo de investigadores de Hungría y de los Países Bajos en el cual se afirmaba que los recién nacidos ya eran capaces de detectar secuencias rítmicas de sonido.

Dichas conclusiones se obtuvieron tras registrar la respuesta encefalográfica a bebés de tan solo tres días mientras dormían y escuchaban, a través de auriculares, determinadas secuencias rítmicas de rock. Cada cierto tiempo se omitía el primer golpe de ritmo del compás y el cerebro de los bebés ofrecía una respuesta bioeléctrica asociada a una contradicción en sus expectativas sensoriales.

De alguna forma percibían la ausencia de "algo" previsto que ocurriera e inconscientemente su cerebro emitía esa señal de disconformidad.

La misma prueba efectuada a un grupo de 14 adultos ofreció idénticos resultados. Se dedujo, pues, que el sistema auditivo del recién nacido era ya sensible a las periodicidades de forma innata, dado que era capaz de crearse expectativas sobre el comienzo de un nuevo ciclo.

El ritmo de la música mejora el movimiento corporal

El ser humano es la única especie del planeta capaz de sincronizar, en grupo, los movimientos al ritmo de la música. Esta es una de las razones que se alegan para explicar la función evolutiva de la música y su conservación a lo largo de cientos de miles de años, aun cuando se supone que no es esencial para sobrevivir.

Volviendo a aspectos más cotidianos, seguramente habremos comprobado que cuando ejecutamos un movimiento, especialmente si es repetitivo, nos resultará más fácil y ameno si estamos escuchando música. Pero no sirve cualquier obra, sino aquella cuyo ritmo se adapte mejor a nuestro movimiento.

Es fácil experimentarlo cuando se practica ejercicio físico: además de que la sesión resulta más agradable, nos supone menos esfuerzo.

Esta respuesta sincrónica motora del organismo resulta menos costosa en términos energéticos: se desarrolla el mismo trabajo consumiendo menos oxígeno. Así se constató en un estudio de la Universidad inglesa de Sheffield Hallam dirigido por C. J. Bacon.

Quizás ahora podamos entender por qué, en las galeras romanas, los esclavos eran inducidos a remar al son de un tambor. O, según se cita en algunos libros de historia, que en el antiguo Egipto los trabajos manuales en el campo fueran amenizados con música para facilitar el movimiento repetitivo de los campesinos en las labores de cosecha.

La música cumple una importante función social, ya que facilita las relaciones entre grupos o colectivos de personas. ¿Qué ocurre en los conciertos multitudinarios o en los eventos políticos al son de los himnos nacionales? Nos inundan sentimientos de hermandad, compañerismo, confianza... Son respuestas que los psicobiológos explican a partir de los cambios bioquímicos cerebrales experimentados bajo estas situaciones multitudinarias inundadas con estímulos musicales.

Comunicar un ritmo sano durante el embarazo

La música es una poderosa herramienta que puede ayudar mucho. El ritmo musical, bien utilizado, resulta útil en diversidad de situaciones a lo largo de la vida.

Los profesionales de la salud recomiendan, en general, que el "ritmo" de las embarazadas sea tranquilo en todos los aspectos, tanto físicos como psíquicos. Esta actitud, no siempre fácil de lograr en la vida actual, repercutirá positivamente en el feto.

La mujer alberga a un ser vivo que "capta" sus movimientos a través de las vibraciones, así como su estado de ánimo mediante las hormonas que le transfiere por el cordón umbilical. Lo que sienta la madre lo percibirá el futuro bebé. Y, para que su desarrollo sea más armónico, la madre deberá cuidar su propio "ritmo".

Por las interacciones que se producen, la música es una forma sencilla y amena de hacerlo.

El ritmo favorece un buen desarrollo de los niños

Incluir el ritmo en los juegos es muy aconsejable para el desarrollo motriz del niño. Sencillamente, a través de divertidos ejercicios de percusión corporal, aquellos que antes practicaban los niños cuando aún no existían ordenadores ni móviles y que son habituales en otras culturas que no han sido invadidas por tanta tecnología.

La neurociencia explica las ventajas de su práctica, pues mejoran la coordinación física (lateralidad) y la cognición (atención, memoria).

... y también en los adultos

En etapas adultas, ante problemas de movilidad, como ocurre en el Parkinson o tras un ictus, el uso de estímulos sonoros rítmicos favorece la recuperación de movimientos así como su cadencia o armonía, muy importantes para prevenir las caídas.

El simple sonido de un metrónomo marcando un compás basta para activar las motoneuronas y facilitar una respuesta motora, según sea la gravedad de la enfermedad. Existen técnicas, como la llamada "musicoterapia neurológica", reconocidas por la Federación Mundial de Neurorehabilitación.

Son muy usadas en trastornos motores de la marcha, dada la íntima relación entre ritmo y movimiento, y para recuperar habilidades cognitivas tales como la atención, imprescindible para el aprendizaje.

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