Las plantas silvestres crecen como "malas hierbas" en los jardines, bosques y prados. Muchas de ellas ni siquiera las conocemos. Estas plantas silvestres de fácil acceso a menudo son muy saludables o incluso tienen efectos curativos.
Las siguientes ocho plantas silvestres crecen en otoño y quedan bien en una deliciosa sopa, en un pesto o se pueden preparar en infusión o añadir a una ensalada.
8 plantas silvestres de otoño
1. Berro de prado o mastuerzo
El berro de prado (Cardamine pratensis) es amargo y se caracteriza por un alto contenido en vitamina C. Estimula la actividad hepática y biliar y tiene un efecto depurativo y digestivo.
Las hojas comestibles son adecuadas como toque crujiente para la ensalada, cocidos en una sopa o tomados en infusión.
Estas plantas prefieren crecer en suelos húmedos, ricos en nutrientes y arcillosos. Se pueden encontrar cerca de pantanos, acequias y otras fuentes de agua durante todo el otoño.
2. Berro de agua
El berro de agua (Nasturtium officinale) a menudo se confunde con el berro de prado. Dado que ambos son comestibles, eso no es un problema. De todos modos si buscas el berro real presta atención a las anteras amarillas durante el período de floración; las del berro de prado son de color púrpura.
Fuera del período de floración, se pueden distinguir las dos plantas silvestres por el tallo, ya que el del berro de agua es hueco. Crece en estanques, arroyos y manantiales limpios durante todo el año.
Aporta vitamina C y, gracias a sus propiedades depurativas, también se utiliza para curas y en el tratamiento del reumatismo. Además posee un efecto antibacteriano, diurético y expectorante.
El berro de agua tiene un sabor agradablemente picante y ligeramente ácido y es muy adecuado para ensaladas o como aderezo de un paté vegetal para untar. Para asegurarse de que conserva sus ingredientes activos, conviene consumirlo lo más fresco posible.
3. Hierba de la moneda
La hierba de la moneda (Lysimachia nummularia) con sus flores amarillas seguramente ha sido vista por todos, aunque de manera inconsciente. Crece mejor en suelo húmedo, en acequias o terraplenes hasta noviembre.
Aporta mucho potasio, ácido silícico, tanino y mucílagos. Tiene efecto antibacteriano, antiinflamatorio y diurético.
Las hojas de la hierba de la moneda tienen un sabor ligeramente amargo y son buenas crudas en ensaladas y para aderezar todo tipo de platos.
4. Hiedra terrestre
La hiedra terrestre (Glechoma hederacea) se puede cosechar prácticamente todo el año, porque incluso bajo el manto de la nieve produce hojas frescas.
Es rica en vitamina C, potasio y sílice y tienen efectos antiinflamatorios, analgésicos y estimulantes del metabolismo. También es efectiva en afecciones urinarias.
Es muy aromática. Combina bien con queso crema aderezado con aromáticas, y también en platos dulces.
Las hojas también se pueden tomar en infusión. Crece tanto en prados como en pastos y en los bordes de los árboles.
5. Pamplina
La pamplina (Stellaria media) es un talento polifacético: se puede utilizar en su totalidad hasta finales de otoño y es adecuada tanto cruda como cocida.
Es muy saludable ya que contiene mucho potasio y magnesio, hierro y vitaminas A y C.
Esta planta combina bien con ensaladas, sopas y patés vegetales para untar. Su sabor es suave y aromático y recuerda a los guisantes. La pamplina se puede encontrar en campos y tierras en barbecho.
6. Semillas de ortiga
La ortiga (Urtica dioica) difícilmente puede ser superada en términos de propiedades saludables. Sus hojas se utilizan de primavera a verano, después de lo cual aparecen las semillas de ortiga que son un auténtico superalimento.
Las semillas de ortiga tienen un alto contenido de proteínas y muchas vitaminas A, B, C y E, así como potasio, hierro y calcio.
Las semillas de ortiga son un remedio probado contra el cansancio y el bajo rendimiento. También ayudan con la gota y el reumatismo, la presión arterial alta y los trastornos del tracto digestivo.
Las semillas se pueden recolectar hasta noviembre. Con un sabor que recuerda a la nuez, son ideales como complemento de sopas o batidos. También desarrollan sus propiedades curativas tomadas en infusión o como especia en la cocina.
Al recolectarlas, asegúrate de coger solo las semillas amarillas, pues son las maduras.
7. Llantén menor
Incluso los niños aprecian el efecto del llantén menor (Plantago lanceolata), por ejemplo, como remedio para las picaduras de mosquitos.
Contiene potasio, ácido silícico, vitaminas A y C. Sus propiedades curativas van más allá de la aplicación externa, ya que ayudan con la tos, las enfermedades pulmonares, la bronquitis y el asma, entre otras cosas.
Las hojas de llantén menor también son adecuadas para usar en la cocina, por ejemplo, crudas como complemento para ensaladas o cocidas como las espinacas. También se pueden tomar en infusión o hervir haciendo un almíbar que sirve como jarabe contra la tos.
Crece en los bordes de carreteras caminos y en prados durante todo el año.
8. Galio blanco
El galio blanco (Galium album) también se puede encontrar a finales de otoño. Crece en lugares húmedos, prados, bordes de carreteras y bosques dispersos.
Se utiliza toda la parte superior de la planta siempre que sea blanda e incluya las flores y los tallos. Su sabor suave es ideal como base de ensalada. Las puntas frescas van bien en batidos o cocidas como espinacas.
El galio blanco contiene mucha vitamina C. Se utiliza en infusión para ayudar a combatir el nerviosismo, la depresión y la inquietud, pero también está indicado para la diarrea y las molestias gastrointestinales.
Recuerda que cuando se recogen plantas en el campo se debe hacer con mucho respeto. La norma es: no se debe apreciar que has pasado por allí.