Espalda recta postura de poder

Posturas de poder

Cuanto más erguidos, más positivos. ¡Ponte recta!

Adoptar una postura de poder aumenta nuestra sensación de seguridad, aleja los pensamientos negativos y disminuye los niveles de cortisol.

Bibiana Badenes

Según Amy Cuddy, psicóloga social de la Universidad de Harvard (EE. UU.), el lenguaje corporal moldea nuestra identidad. Cuddy ha contribuido a divulgar el papel que juega la postura en el estado de ánimo.

Si sabemos que la mente puede inducir cambios en el cuerpo, ¿podría también el cuerpo cambiar la mente? Me refiero a pensamientos, a sentimientos y a los componentes fisiológicos que los moldean, como las hormonas.

Una postura de poder mejora el ánimo

Los gestos de poder implican una amplia ocupación del espacio, una señal clara de ausencia de miedo. Por lo contrario, la postura de estar colapsado implica un encogimiento, inseguridad, tristeza e incluso miedo. Es algo que todos hemos experimentado o vivido, y ratificado por los estudios.

Amy Cuddy nos cuenta que los humanos, igual que el resto de los animales, expresan poder con sus posturas corporales. Se repliegan sobre sí mismos cuando se sienten inseguros, haciéndose más pequeños, encorvándose, cruzando los brazos sobre el pecho y reduciendo los movimientos. Por el contrario, cuando se sienten fuertes se expanden y ocupan más espacio.

Cuddy y su colaboradora Dana Carney– esta de la Universidad de Berkeley (EE. UU.)–, se preguntaban si adoptar estas posturas podría cambiar el estado interno de una persona y hacerla sentir más poderosa.

Más testosterona, menos cortisol

A fin de averiguarlo, Cuddy y Carney llevaron a cabo un experimento relacionado con la testosterona y el cortisol. La testosterona es la hormona del poder –a niveles altos crea sensación de seguridad–, mientras que el cortisol es la hormona asociada al estrés.

Sabemos que las personas con capacidad de liderazgo suelen caracterizarse por un alto nivel de testosterona y un bajo nivel de cortisol.

En el experimento, se pedía a las personas que adoptaran una postura de poder o una postura de bajo poder durante dos minutos.

A continuación, se les preguntaba si querían apostar. Un 86% de los que habían adoptado la postura de poder, eligieron apostar, mientras que únicamente un 60% de los que habían mantenido la postura de bajo poder optaron por hacerlo, con una diferencia significativa del 26% entre un grupo y otro.

Pero no solo averiguaron esta información durante la investigación, sino que extrajeron conclusiones aún más interesantes. Descubrieron diferencias fisiológicas entre los dos grupos del estudio, basándose en muestras de saliva.

Mientras los de la pose de poder mostraron un 8% de incremento en sus niveles de testosterona, en el grupo que experimentó la pose de bajo poder se produjo un descenso del 10% en esta hormona.

La reacción inversa se produjo con el cortisol, la hormona del estrés. Las personas que mantuvieron la pose de poder experimentaron una reducción del 25% en sus niveles de cortisol, mientras que las que mantuvieron la pose de bajo poder tuvieron un incremento del 15% en sus niveles de estrés.

La postura condiciona los pensamientos

Otros estudios, como los del profesor Erik Peper, de la Universidad de San Francisco (EE. UU.), muestran que, en una posición erguida, nos resulta más fácil elegir nuestros rasgos personales positivos, mientras que cuando estamos encorvados lo que nos viene a la mente son ideas negativas, y concluye el investigador que nuestra postura corporal acaba influyendo en nuestra autoconfianza.

Encorvados, ¿más depresión? Peper y su equipo creen que la postura también contribuye a estar bajos de energía y con depresión.

Tal vez debiéramos plantearnos que el tiempo que pasamos encorvados y sentados en el ordenador o mirando al teléfono puede influir en el aumento de la depresión de los últimos años.

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