¿Qué es la diafreoterapia? Reconoce tus emociones a través del cuerpo

Para alcanzar el equilibrio físico y emocional, la diafreoterapia invita a realizar un viaje hacia el propio cuerpo, descubrir las emociones dolorosas enquistadas en sus tejidos y liberarlas.

Diafreoterapia
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Cada cuerpo es único y está compuesto por mucho más que un montón de células. Refleja la historia de cada persona con más fidelidad que una autobiografía escrita. La forma del cuerpo y la manera de sentirlo es el resultado de las actitudes a lo largo de la vida. Inevitablemente se inhiben determinadas expresiones emocionales y se potencian otras, pero pueden fijarse patrones en el subconsciente que se mantienen en el tiempo, aunque ya no sean los adecuados a las circunstancias actuales. La diafreoterapia ayuda a reconocer estos patrones, a descubrir su origen emocional y a liberarse de restricciones innecesarias.

Los terapeutas que trabajan con la terapia corporal de integración-diafreo (también llamada diafreoterapia o simplemente diafreo) acompañan a sus pacientes en un viaje de autoconocimiento. A través de técnicas como estiramientos de las cadenas musculares, masajes y ejercicios de respiración, se van reconociendo las tensiones y los bloqueos físicos donde se aíslan las emociones que no se quieren sentir con la mente y con el corazón. Porque rechazarlas no las elimina, sino que las confina en las estructuras físicas. A medida que se deshacen los nudos, el cuerpo recupera libertad para moverse con armonía y para responder a las situaciones de la vida con espontaneidad y eficacia.

Diafreoterapia: deja que fluyan las emociones

Es interesante estudiar la definición etimológica de la palabra diafreoterapia. La palabra «diafreo» procede del verbo griego diafrein, que significa «dejar pasar». Ese es el objetivo: dejar que la emoción fluya para permitirse sentir y expresar.

Se trata de recuperar fragmentos de nuestra identidad que han sido enterrados. El proceso de ocultamiento puede remontarse a los primeros años de vida. La satisfacción de las necesidades vitales (alimento, amor, seguridad, etc) lleva al equilibrio y la salud. Pero si estas no se satisfacen, la musculatura se contrae, la percepción se reduce y el caudal respiratorio se debilita. Como consecuencia los movimientos corporales son limitados, rígidos y carentes de naturalidad. Pueden aparecer dolores tensionales diversos (en la cabeza, las extremidades, la espalda, el cuello o el abdomen) o trastornos del sueño y digestivos, entre otros síntomas físicos y psicológicos.

Por supuesto, una molestia puede tener un origen puramente mecánico. Una de las misiones del terapeuta, por lo tanto, es descubrir si el síntoma tiene una causa emocional. Si es así, se puede acceder a ella a través de la musculatura, especialmente a través del diafragma, que funciona como un puente entre la emoción y las estructuras físicas.

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Trabajar sobre las cadenas musculares

Los diafreoterapeutas toman como referencia los principios de fisiología muscular establecidos por la fisioterapeuta Françoise Mézières en la década de 1940. Según Mézières, los músculos se asocian en cadenas, como la cadena posterior, que va del cráneo a los pies, o las cadenas laterales. Los músculos de estas cadenas tienden a acortarse y a estar en tensión, lo que produce diferentes compensaciones y molestias. Mezières se quedaba en lo físico, pero los diafreoterapeutas afirman que los procesos de acortamiento y contracción también se deben a los procesos de adaptación y a traumas psíquicos.

Las impulsoras de la diafreo, Malén Cirerol (alumna de Françoise Mézières) y Linda Jent, integraron en la nueva terapia las teorías del doctor Wilhelm Reich y su discípulo Alexander Lowen. Reich describió la coraza muscular o coraza caracteriológica, resultado de los sentimientos y emociones no expresados, que se plasman en la postura corporal y limitan nuestra manera de sentir y actuar en el presente.

Reich también definió la pulsación vital, que alterna movimientos energéticos de contracción y expansión en el organismo. La contracción se asocia al dolor y activación del sistema nervioso simpático (respuesta al estrés). La expansión se relaciona con el placer y el sistema nervioso parasimpático (respuesta de relajación). Lo saludable es que a la contracción siga la expansión, pero si esta no se produce, si se retiene, pueden aparecer diferentes limitaciones físicas y bloqueos de la espontaneidad. Para Reich, la represión del impulso sexual es un aspecto esencial en el origen de la formación de las coraza muscular.

Otras referencias para la diafreo son la obra de Thérèse Bertherat, creadora de la antigimnasia y autora del influyente libro El cuerpo tiene sus razones, el psicólogo humanista Carl Rogers y la psicoanalista Alice Miller.

Mediante el trabajo corporal y respiratorio, la diafreo llega al dolor oculto que es a la vez físico y psíquico. A través de estiramientos de las cadenas corporales se deshace la coraza y se corrigen las compensaciones físicas. Pero tan importante o más que el trabajo físico es el acompañamiento empático, presente y libre de juicios del terapeuta, que favorece que la persona pueda expresar por fin todo aquello que no se había permitido antes.

Conseguir la armonía corporal

El cuerpo se organiza en función de movimientos hacia fuera (impulsados por la alegría o la rabia) o hacia dentro (promovidos por la tristeza y el miedo). Si un patrón predomina lleva al cuerpo a adoptar una forma. Un ejemplo es la chica tímida con rodillas hacia dentro y hombros y cabeza encorvados hacia delante. El ejemplo contrario es el hombre de piernas separadas y pecho saliente. En diafreoterapia se trata de aflojar patrones y buscar un punto de equilibrio, actuando tanto a nivel físico sobre la musculatura, como sobre la emoción, favoreciendo su reconocimiento y expresión. Al conseguir una armonía en la estructura corporal y la experiencia desinhibida de las emociones, se reduce el estrés interno y todos los órganos y sistemas del cuerpo tienen su espacio para funcionar correctamente.

¿Cómo es una sesión de diafreoterapia?

  • Cada terapeuta tiene su protocolo, pero es muy posible que comience pidiendo al paciente que explique cuáles son sus sensaciones corporales. Puede ayudarle llevando su atención a distintas partes del cuerpo: los pies, la nuca, las lumbares, el pecho, etc. También puede describir cómo siente su respiración y cómo actúa en situaciones que le producen conflicto.
  • El terapeuta realiza masajes y propone ejercicios adaptados a cada persona para estirar los músculos contraídos y corregir compensaciones. El trabajo sobre el diafragma es esencial porque es un puente entre el consciente y el subconsciente y está implicado en la respiración y en la estabilidad del cuerpo.
  • El terapeuta puede recurrir a diferentes dinámicas, visualizaciones, juegos y ejercicios para trabajar la respuesta del paciente a distintas situaciones. Por ejemplo, puede dibujar un rectángulo en el suelo, pedirle al paciente que se coloque dentro y que defienda su posición frente a los intentos suaves del terapeuta para sacarlo fuera.
  • Es característico de la diafreoterapia que el paciente evalúe cómo se siente física y emocionalmente antes y después de cada técnica. Uno de los objetivos de la diafreoterapia es desarrollar la sensibilidad y la autoobservación del cuerpo, considerándolo como la expresión del propio ser.

Respiración Mézières liberadora

La respiración Mézières se puede realizar durante los estiramientos para desbloquear y favorecer el movimiento espontáneo del diafragma. Se puede hacer este ejercicio al despertarse, tumbado en la cama, o en cualquier momento del día sobre una esterilla.

Consiste en llevar el aire que se inspira hacia la zona alta del tórax, sintiendo cómo se elevan las clavículas. Mientras se espira, se empuja el aire hacia abajo. Se siente cómo se hincha la zona del estómago y se bascula la pelvis hacia atrás, de manera que las lumbares se estiran y se pegan al colchón o a la esterilla. Las cervicales también se estiran y se acercan al colchón. Se puede respirar de esta manera durante cinco minutos. Después de unos días se aprecia mayor espacio y relajación interior, así como más libertad de movimientos.

Eres el único protagonista

Siguiendo las enseñanzas de Carl Rogers, es el paciente el que lleva el peso de la terapia y no el terapeuta, cuyo papel es aceptar al paciente de manera positiva e incondicional, creer en su capacidad para transformarse, y ser auténtico, congruente, nos dice la diafreoterapeuta Celia Lledó, con consulta en Barcelona.

En el proceso que promueve la diafreo, se produce una reconexión con espacios internos profundos donde reside la fuerza para recuperarse. El paciente puede utilizar su resiliencia, su capacidad natural para desarrollarse de manera constructiva.

El aprendizaje es paulatino, la persona se va haciendo cargo de sí misma, va entrando en el conocimiento de sus necesidades y también de sus logros, explica la fisioterapeuta y diafreoterapeuta Pilar Alarcón, de Madrid. Así pues, la diafreo ofrece un viaje apasionante para sumergirse en la comprensión del lenguaje del cuerpo, descubrir herramientas para habitarlo de la mejor manera y crecer física y emocionalmente.

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