Vitamina D, protectora frente enfermedades autoinmunes

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Vitamina D, protectora frente a las autoinmunes

Investigaciones recientes han confirmado que la vitamina D modula la inmunidad. Esta propiedad es muy interesante para las Personas Altamente Sensibles.

José Carlos Tutor

Según el doctor Michael Hollick, uno de los expertos de mayor prestigio en el estudio de la vitamina D, la alteración médica más común en el mundo es su deficiencia.

En este contexto, las denominadas "Personas Altamente Sensibles", que representan un 20% de la población general, constituyen un grupo especialmente afectado al presentar un mayor riesgo para el desarrollo de trastornos autoinmunes y síndromes psicosomáticos.

Poseen, además, un bajo umbral de percepción para el dolor, tanto físico como emocional, lo que podría ser un factor clave en el momento de explicar su condición de grupo de alto riesgo.

La denominación de Personas Altamente Sensibles" (PAS) fue propuesta por la psicóloga Elaine Aron para designar a personas con una elevada sensibilidad neurosensorial, que se mueven, sobre todo, en el mundo interior de las emociones.

El término "sensibilidad" se refiere aquí al hecho de una mayor receptividad a los estímulos del sistema nervioso. El carácter PAS, posiblemente un rasgo hereditario, está presente en aproximadamente el 20% de la población y puede ser reconocido mediante sencillas pruebas de evaluación.

El efecto protector de la vitamina D

La vitamina D es un factor nutricional de gran importancia en la optimización de la salud, y esta importancia se maximiza en los PAS.

La vitamina D3 (colecalciferol) se obtiene principalmente mediante la exposición de la piel a la luz solar. Además hay un aporte de vitamina D3 con alimentos de origen animal y de vitamina D2 con otros alimentos como algunas setas.

La vitamina D3 se forma a nivel cutáneo a partir del 7-dehidro-colesterol por acción directa de la luz solar ultravioleta y, junto con la vitamina D aportada con los alimentos, es transportada al hígado; allí es metabolizada a 25 hidroxi-vitamina D (calcidiol), que posteriormente es transformada en los riñones en 1,25-dihidroxi-vitamina D (calcitriol), que presenta el carácter de una verdadera prohormona.

Esta última es la forma activa para la regulación del metabolismo cálcico, que juega un papel crucial en el desarrollo y mantenimiento del sistema esquelético.

Sin embargo, investigaciones recientes han ido poniendo de manifiesto la existencia de funciones extra-esqueléticas realmente inimaginables hace unos años.

Casi todas las células de los mamíferos presentan receptores para la vitamina D, con efectos sobre la expresión de más de 2.000 genes (un 10% del genoma) sin modificación de la secuencia del ADN (epigenéticos).

Esto le proporciona un mayor o menor grado de control sobre aproximadamente 30.000 funciones celulares relacionadas con el propio metabolismo celular, con la aparición de células cancerosas y también con la inmunidad.

La vitamina D tiene un efecto protector frente a un amplio espectro de trastornos: músculo-esqueléticos (dolor, debilidad, agarrotamiento, parestesias), infecciosos, autoinmunes, cardiovasculares, síndrome metabólico, el asma, las diabetes 1 y 2, varios tipos de cáncer (especialmente de mama y colorrectal), disfunción neurocognitiva, enfermedad mental, ansiedad, depresión, trastornos afectivos, preeclampsia, síndrome premenstrual y otras afecciones.

La deficiencia de vitamina D se ha asociado asimismo con mayor mortalidad por cualquier causa.

Regula tu inmunidad tomando el sol

Desde hace tiempo se sabe que la exposición al sol y, por tanto, la obtención de vitamina D, es una forma de prevenir y tratar algunos trastornos inmunitarios.

Distintos estudios han demostrado el importante papel de la vitamina D en la activación de las células inmunitarias especializadas en la defensa contra virus y bacterias.

Su capacidad para apuntalar el sistema inmunitario la convierte en uno de los aportes nutricionales más fiables para mejorar la inmunidad integral y muchos científicos la señalan como esencial para reducir el riesgo de padecer enfermedades degenerativas.

Modificaciones epigenéticas pueden ser responsables de la iniciación y perpetuación de las enfermedades autoinmunes, y la vitamina D podría ejercer sus efectos protectores a este nivel.

La esclerosis múltiple, el lupus, la diabetes tipo 1, la psoriasis, el vitíligo, la artritis, la miastenia gravis, y también la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica, son algunas de las enfermedades que se han relacionado con deficiencia de vitamina D.

Recientemente se ha comprobado que la vitamina D puede moderar la sobreestimulación del sistema inmunitario y con ello favorecer la reducción tanto de respuestas alérgicas como autoinmunes.

Este efecto moderador podría producirse al inhibirse la activación del factor nuclear kappa beta (Nf-kB), que controla la cascada inflamatoria en el organismo.

La vitamina D "borra" información inmunitaria falsa

Según el doctor Cicero Coimbra, profesor de neurología en la Universidad Federal de Sâo Paulo, en las enfermedades autoinmunes la vitamina D actuaría como un verdadero inmunomodulador que "borraría" de la memoria inmune la información falsa por la que un tejido u órgano del cuerpo no es reconocido como propio y es agredido como si de un agente invasor se tratara.

El denominado "Protocolo Coimbra" asume que, una vez instaurada la enfermedad autoinmune, se requieren dosis diarias muy elevadas de vitamina D (aproximadamente 1.000 UI/kg), para compensar la resistencia parcial a la vitamina D y "borrar" la memoria inmune falsa.

Aunque no sea aceptado de forma unánime, el "Protocolo Coimbra" es seguido por un creciente número de médicos en América y Europa, y es defendido con entusiasmo por asociaciones de pacientes (sobre todo de esclerosis múltiple), pues muchos que lo siguen están presuntamente asintomáticos o al menos presentan una notable mejoría clínica.

Estrés, posible factor desencadenante de enfermedades autoinmunes

En las enfermedades autoinmunes se produce una respuesta anómala del sistema inmunitario, que identifica y ataca como ajenos y potencialmente peligrosos distintos tejidos u órganos del propio organismo.

Aunque sus causas son complejas y multifactoriales, en aproximadamente un 80% de los pacientes un alto nivel de estrés podría haber actuado como factor desencadenante. Una vez instaurado el trastorno autoinmune, se producen más estrés y ansiedad que agravan los síntomas, estableciéndose un círculo vicioso.

El estrés crónico hace que el sistema nervioso se inunde de las hormonas del estrés, principalmente adrenalina y cortisol, que provocan ansiedad, angustia, depresión, miedo, ira, rabia, agresividad, cansancio, dolor físico, falta de concentración y memoria, insomnio, zumbido de oídos y, a más largo plazo, debilitamiento del sistema inmunitario.

La ansiedad y las emociones negativas son factores desencadenantes y agravantes de los síndromes dolorosos psicosomáticos. La ansiedad y el dolor crónico se procesan en la misma parte del cerebro, son esencialmente la misma cosa.

Mientras que el dolor agudo activa el centro del dolor, el dolor crónico activa únicamente el centro emocional.

Las PAS son más vulnerables

Las PAS pueden percibir como graves problemas emocionales acontecimientos o situaciones vitales que personas no-PAS manejarían más fácilmente.

Esto hace que las PAS sean proclives a desarrollar altos niveles de estrés y ansiedad que podrían actuar como desencadenantes y agravantes de trastornos autoinmunes y síndromes psicosomáticos.

Esta explicación fue en cierto modo sugerida por Carla Sodi cuando en un grupo de personas con enfermedades autoinmunes halló que el 97% eran altamente sensibles y, a su vez, que en un grupo de PAS el 51% había presentado en algún momento síntomas o trastornos psicosomáticos o con un posible componente autoinmune.

En un grupo de personas elegidas al azar, la doctora E. Aron encontró que en un 20% de los casos eran sumamente o bastante sensibles, y en un 22% eran moderadamente sensibles, mientras que un 42% no eran sensibles en modo alguno.

El hecho de encontrar asociaciones más o menos estrechas entre rasgo PAS y trastornos autoinmunes podría estar condicionado por el distinto grado de sensibilidad de las personas incluidas en el ensayo.

Quizá las personas sumamente sensibles sean más propensas a desarrollar enfermedades autoinmunes, mientras que las personas bastante o moderadamente sensibles lo sean al desarrollo de síndromes más benignos.

En las PAS, la evaluación del estatus de vitamina D y la corrección de su posible deficiencia tiene evidentemente una especial importancia clínica, ya sea como medida preventiva o como coadyuvante de los tratamientos médicos establecidos.

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