Fortaleza cardiovascular

7 alimentos amigos del corazón

Rosa Guerrero

Por su riqueza en potasio, magnesio y otras sustancias que regulan el colesterol, estos siete alimentos resultan muy beneficiosos para el corazón y el sistema circulatorio.

Una alimentación con una buena selección de alimentos es la principal estrategia para prevenir el colesterol alto y otros problemas que amenazan la salud del corazón y de las arterias. Si tus análisis ya muestran cifras elevadas, también son adecuados para revertir la situación junto con el tratamiento que te indique el médico.

Estos alimentos solo pueden ser eficaces en el marco de una dieta vegetal equilibrada y unos hábitos saludables. Si no existe una contraindicación, es importante que realices suficiente ejercicio físico: al menos 30 minutos, tres veces a la semana, con cierta intensidad.

Alimentos que bajan el colesterol y protegen las arterias

Estos alimentos se aconsejan por diferentes motivos. Algunos te aportan buenas dosis de magnesio, un mineral imprescindible para el buen funcionamiento del músculo cardiaco; otros son muy buenas fuentes de potasio, ácidos grasos omega-3 o vitaminas antioxidantes, o bien contienen sustancias que ayudan a regular los niveles de colesterol:

 

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NUECES

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Nueces

El contenido graso de las nueces es muy cardiosaludable: es el único fruto seco que contiene una cantidad significativa de ácido alfalinolénico, el omega-3 esencial, y una proporción equilibrada con los omega-6.

Cinco o seis nueces diarias constituyen la dosis óptima para prevenir las enfermedades coronarias. Además aportan el 30% de la antioxidante vitamina E que se necesita al día.

PERAS-OK

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Peras

Las peras constituyen un gran aliado frente a la hipertensión arterial dadas sus propiedades diuréticas, que deben a su abundante potasio (128 mg) y su escaso contenido en sodio (2 mg/100 g).

Su fibra soluble, además, mejora los niveles de glucosa en la sangre y reduce la absorción del colesterol.

Remineralizantes y refrescantes, las peras están constituidas por agua en un 85% y, por tanto, resultan muy ligeras (46 calorías/100 g).

ANACARDO

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Anacardo

El anacardo es un fruto seco muy rico en vitaminas del grupo B, que ayudan a combatir el estrés y sus efectos negativos sobre el sistema cardiovascular.

Destacan los 267 mg de magnesio por cada 100 g, un nutriente imprescindible para la relajación de la musculatura cardiaca.

Sus grasas insaturadas –mejor tomarlos crudos– ayudan a reducir el colesterol, protegen el corazón y previenen las enfermedades coronarias.

ACEITE

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Aceite de oliva

El consumo habitual de aceite de oliva de primera presión en frío reduce la formación de coágulos en la sangre, controla el nivel de colesterol al incidir en el aumento del HDL (colesterol beneficioso), evita la oxidación de las lipoproteínas, previene el estreñimiento y favorece el buen funcionamiento del hígado.

Se ha demostrado su eficacia en la reducción de la arteriosclerosis y del riesgo de sufrir una angina de pecho o un infarto.

POMELO

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Pomelo

Rico en potasio y pobre en sodio, resulta interesante para personas que padecen hipertensión.

Contiene además vitamina C y el flavonoide naringina, de propiedades fluidificantes de la sangre, antioxidantes y anticancerígenas.

Ejerce una acción protectora sobre las paredes de las arterias al evitar que se endurezcan a causa de los depósitos de colesterol.

Su fibra, sobre todo si se come la fruta entera, ayuda también a reducir la absorción de las grasas. Y su suave efecto diurético contribuye a descongestionar el sistema circulatorio.

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Salvado de avena

Nutricionalmente muy completa, la avena supera con creces a otros cereales más populares, tanto por su aporte de proteínas (13,8%) como de grasas saludables. Además, contiene betaglucanos, una fibra de tipo soluble que reduce la absorción del colesterol.

Consumir 40 g de salvado de avena (la cáscara) al día baja el colesterol en unas semanas. Lo hay muy fino para disolverlo con facilidad.

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Cebolla y ajo

Tanto la cebolla como el ajo auténticos tesoros para la salud cardiovascular: fluidifican la sangre, previenen la arteriosclerosis y mejoran la circulación en las arterias coronarias.

Destacan las propiedades del ajo para combatir la hipertensión y reducir el colesterol. La cebolla posee flavonoides antioxidantes, es diurética y ayuda a disminuir los triglicéridos.

Ambos bulbos deben comerse crudos para aprovechar mejor sus propiedades medicinales.

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