Aliviar los síntomas

3 ayudas naturales para cuidar a los niños con resfriado

Los niños pueden superar sin grandes dificultades los resfriados y gripes típicos del invierno, pero podemos ayudarle a reducir molestias y acelerar la recuperación con sencillos remedios naturales y caseros.

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Claudina Navarro Walter

Fisioterapeuta y periodista

Los niños gozan de un sistema inmunitario con una enorme potencia. Pero además de confiar en su capacidad para hacer frente a los virus que causan resfriados, también podemos ayudarles a superar la enfermedad con algunas sencillas medidas caseras y naturales.

Los resfriados son infecciones contagiosas de origen viral que afectan a las vías respiratorias superiores. Es normal que un niño contraiga hasta ocho o más resfriados al año. La mayoría son provocados por rinovirus, que se encuentran en gotas que exhalamos y que flotan en el aire (aerosoles) antes de depositarse en las superficies.

Los síntomas de resfriado más típicos son picor de garganta, congestión o moqueo nasal, estornudos, dolor de garganta, tos, dolor de cabeza, fiebre, cansancio, dolores musculares y pérdida del apetito. Mientras duren los síntomas el niño no debe ir al colegio ni a otras actividades donde se relacione con otros niños y personas.

1. Agua: hidratación

Lo primero que hay que hacer es mantener al niño bien hidratado. “Cuando los niños enfermos se mantienen hidratados, sus pequeños cuerpos pueden satisfacer mejor las demandas metabólicas que exige combatir una infección o superar una fiebre”, afirma la pediatra Syeda Amna Husain.

No esperes a que el niño te diga que tiene sed. Adelántete y ofrécele una una infusión de melisa u otra con sabor agradable, un zumo casero diluido en agua o agua con unas gotas de limón. Recuerda que se trata de proponerle una bebida agradable, no de obligarle a beber.

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2. Miel: descongestionante

Puedes preparar una bebida descongestionante con un vaso de agua caliente en el que diluyes dos cucharaditas de miel y un par de cucharadas de zumo de naranja. Esta bebida, que se puede tomar sorbito a sorbito durante un rato, ayudará a abrir los senos nasales congestionados y aliviará las molestias de la garganta. Además la miel posee propiedades antibacterianas.

La miel también es un supresor de la tos eficaz. En un estudio, los investigadores encontraron que dar a los niños 10 gramos de miel antes de acostarse reducía la gravedad de los síntomas de la tos. Según los informes, los niños durmieron más profundamente, lo que también ayuda a reducir los síntomas del resfriado.

Recuerda que los bebés menores de 12 meses no deben tomar miel.

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3. Vapor templado: buena respiración

Las vías respiratorias sufren cuando el aire que respiramos está demasiado seco, y esto sucede a menudo en nuestras casas durante el invierno cuando mantenemos encendida la calefacción.

Puedes poner un humidificar por ultrasonidos al lado de donde esté acostado o sentado el niño. Al aumentar la humedad en el aire favorecemos que las secreciones nasales se diluyan y sean expulsadas. Es importante limpiar y secar el humidificador a diario para que no se reproduzca el moho.

Si el niño es mayor de dos años puedes poner unas gotas de aceite esencial de menta o de eucalipto en el humidificador para estimular la inmunidad y facilitar la respiración. Es mejor idea que inhalar vapor caliente sobre una olla pues se corre el riesgo de que por accidente el niño sufra quemaduras. Además, realizar vahos calientes puede estar contraindicado en caso de COVID-19.

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Recuerda que el dolor de garganta y la fiebre son síntomas que pueden indicar la realización de una prueba PCR del virus SARS-CoV-2 de la COVID-19. Hacerla es muy importante para el seguimiento médico adecuado del caso y para tomar las medidas adecuadas con el fin de romper la cadena de contagios.

¿Cuándo llamar al médico?

Conviene llamar al médico cuando tiene dificultad para respirar por mínima que sea, cuando la fiebre supera los 39 ºC, cuando el niño expulsa mucha mucosidad al toser, cuando el cansancio le mantiene quito y apático, cuando le duele el pecho o el estómago, cuando tiene dolor de oídos o cuando se le inflaman los ganglios linfáticos del cuello.

Referencias científicas:

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