Tratamiento natural

Cómo cuidar un menisco deteriorado

Luis Iglesias

Los problemas de menisco pueden afectar a todas las edades, aunque los motivos suelen ser distintos. La mejor manera de evitarlos es tener la musculatura de la rodilla y la pierna en buen estado.

La rodilla es una de las articulaciones más complejas. Consta de varios ligamentos que sostienen y limitan los movimientos así como de los cartílagos (meniscos), ubicados entre el fémur y la tibia. Son como dos gajos de mandarina, uno enfrente del otro, dos semilunas inversas que protegen la articulación.

Es habitual que vayan perdiendo parte de su porcentaje de agua, lo que implica una disminución en su elasticidad, un proceso degenerativo que fragiliza la zona y que facilita su ruptura. Muchas veces el mismo desgaste hace que se rompa uno de los cuernos del cartílago y que se quede un cuerpo extraño entre una de las articulaciones, lo que puede bloquear la rodilla.

Otras veces el desplazamiento de la rótula sobre el cóndilo (cabeza) del fémur por una superficie irregular del menisco provoca un ruido o chasquido, que también podría asociarse a la artrosis. Habría que realizar pruebas complementarias, como una resonancia magnética.

La lesión de los meniscos

En la rodilla existen dos meniscos (interno y externo), que actúan como cojín entre el fémur y la tibia amortiguando la presión del peso corporal y aportando estabilidad a toda la articulación de toda la rodilla. En el menisco externo, la lesión más usual es el desgarro transversal y casi siempre a nivel del tercio medio del cuerpo meniscal.

Las lesiones de menisco pueden afectar a cualquier edad, aunque sus causas pueden ser diversas según las patologías que las provoquen. En personas mayores de 50 años el tejido meniscal tiende a degenerar y se vuelve más débil, lo que facilita su rotura irreversible.

La mejor forma de mantener los meniscos en buen estado es tener los músculos que rodean la rodilla y a lo largo de la pierna en buenas condiciones de flexibilidad y tono muscular.

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Fortalecer la musculatura

Independientemente del diagnóstico médico, conviene potenciar la musculatura del cuádriceps, los isquiotibiales y los gemelos, así como evitar esfuerzos y la máxima flexión y extensión. Esto ayudará a que la carga soportada por el menisco sea menor.

En fase aguda de dolor e inflamación es recomendable aplicar hielo sobre la rodilla: una bolsa de guisantes congelados se acopla bien a la articulación. No es aconsejable utilizar todo el tiempo la rodillera o vendajes compresivos.

Los ejercicios más adecuados

  • Caminar es un buen ejercicio que puedes practicar asiduamente, siempre y cuando se acompañe de un buen calzado blando y adecuado al terreno por el que se anda.
  • La bicicleta estática sería la mejor opción para aumentar el grado de movimiento de flexión de la rodilla. Es importante evitar una actividad física de impacto que produzca dolor, ya que podría inflamarse la rodilla, por lo que se debería abandonar el entrenamiento transitoriamente.
  • El masaje ayuda a recuperar los tejidos y músculos de la pierna oxigenándolos, dándoles flexibilidad y como analgésico natural, mientras que la acupuntura es efectiva ante la inflamación y el dolor, ya que equilibra los canales energéticos que circulan por la pierna.

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