Enfermedades autoinmunes y nutrición

Dieta y alimentos para prevenir los síntomas del lupus eritematoso

Pedro Ródenas. Médico naturista

El sistema inmune puede reforzarse o debilitarse a través de la nutrición. Ciertos alimentos lo hacen trabajar en exceso, ¿cómo evitarlos para prevenir síntomas?

El lupus eritematoso es una enfermedad autoinmune que, entre otros síntomas, puede generar dolores articulares. Estos, a su vez, pueden dificultar el descanso o el ejercicio que la persona que lo padece debe garantizarse para sostener su bienestar.

Las personas que sufren lupus eritematoso y que padecen molestias agudas en sus articulaciones pueden intentar reducir sus síntomas a través de la alimentación. Adaptando la dieta, las personas que sufren esta enfermedad autoinme puede mejorar mucho su calidad de vida.

¿Qué relación hay entre el lupus y la alimentación?

Aunque las causas del lupus no están claras, la medicina naturista relaciona su aparición con las consecuencias de la dieta occidental, en concreto con la sobrealimentación proteica y grasa, rica en sal y productos refinados.

Parece ser que debido a la alteración de la flora microbiana y al contenido de restos metabólicos de la dieta actual, existe en la mucosa digestiva una permeabilidad superior a la fisiológica que permite la entrada de pequeñas fracciones de proteínas (polipéptidos) a la sangre (restos de alimentos, restos de virus o bacterias…).

El sistema inmunitario, a través de sus anticuerpos defensivos, ataca a estos pequeños polipéptidos infiltrados; pero si su composición es muy similar a algunas proteínas humanas y su entrada en la sangre se prolonga, los anticuerpos que nos defienden pueden acabar confundiendo los polipéptidos extraños con los propios, y producir así una autoagresión o ataque autoinmune.

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Por ejemplo, determinadas fracciones de albúmina bovina presentes en la leche de vaca que entran en el torrente sanguíneo difieren escasamente de fracciones de albúmina humana, pero son casi idénticas al colágeno de las articulaciones.

Esto genera un ataque inmune en los propios tejidos, lo que se establece como hipótesis de uno de los factores que producen los dolores articulares en la artritis reumatoide o en el mismo lupus.

Por lo tanto, cuanto más se parezcan las proteínas que consumimos a las humanas y más frecuentemente se tomen, más riesgo se corre de padecer una enfermedad autoinmune.

La mejor dieta para controlar el lupus

Una vez establecida la patología, habría que suprimir al menos durante un año las proteínas de mamíferos (cerdo, ternera, lácteos…), que son las más parecidas a las humanas. Vendrían en segundo lugar de riesgo las proteínas de ave (huevo, pollo, pavo, codorniz…) y luego las de pescado.

Por ello los expertos aconsejan una dieta sin productos animales, rica en fruta, verduras, cereales, frutos secos y legumbres, durante un largo tiempo, con un suplemento de vitamina B12 si la analítica señalara un déficit de ella.

Si hubiera afectación renal habría que suprimir totalmente la sal e incrementar el aporte de proteínas vegetales (muesli, pan integral…) para recuperar las que se pierden por la orina.

Además de la alimentación, suplementos antiinflamatorios como los ricos en omega-3 (aceite de lino o de nuez) y plantas eficaces para el dolor como el harpagofito o la cúrcuma, pueden serte de utilidad.

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Caldo vegetal contra el dolor de articulaciones

Para reducir más rápido el dolor articular puedes tomar veinte minutos antes de cada comida un vaso de este caldo vegetal.

Su efecto diurético, depurativo, desinflamante y de aporte de minerales y oligoelementos, resulta de una gran ayuda. Este reset depurativo, facilita al organismo el olvidar el mecanismo autoinmune de autoagresión y activa los mecanismos internos de autorregulación.

Ingredientes:

  • 6 cebollas medianas
  • 1 rama de apio
  • 3 puerros
  • 1 cabeza de ajo
  • 2 hojas de col
  • 2 litros y medio de agua

Preparación:

  1. Lava los ingredientes y córtalos en trozos.
  2. Échalos a hervir durante una hora a fuego lento, sin aceite ni sal.
  3. Cuela el caldo y sírvelo acompañado del zumo de un limón recién exprimido.

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