En equilibrio

Colesterol, las emociones también cuentan

Lola Cejudo

Si mantienes un estilo de vida saludable, pero sigues con el colesterol LDL elevado, es posible que tengas que prestar atención a tus emociones

Cuando percibimos que las demandas del entorno (responsabilidades familiares, enfermedades, obligaciones profesionales…) sobrepasan nuestra capacidad para hacerles frente, el organismo genera una respuesta fisiológica –el estrés–, en la que participan distintos mecanismos de defensa.

Esta manifestación automática no viene sola: los niveles de activación fisiológica y psicológica aumentan de un modo tan notable que pueden provocar efectos diversos como ansiedad, alegría, satisfacción, enfado o tristeza.

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Del cortisol al colesterol

Ante estas perturbaciones de nuestro equilibrio emocional, el cuerpo (para protegerse) reacciona mediante la secreción de cortisol, conocido como la hormona del estrés. Y esta, a su vez, fomenta la liberación de triglicéridos y ácidos grasos, responsables de elevar el colesterol.

Como explica el psicólogo clínico Carlos Catalina Romero, existe una asociación consistente entre nuestras emociones y los niveles de lípidos en sangre.

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Según los datos arrojados por el estudio MIDUS, publicado en julio de 2014 en la revista Psychological Science, las personas que mantienen unos niveles estables de bienestar durante un periodo aproximado de diez años presentan, una vez finalizada la fase de seguimiento, cantidades superiores de colesterol HDL o colesterol bueno, y más bajas de triglicéridos.

Resultados como estos sugieren, en términos de Catalina Romero, que el metabolismo lipídico se perfile como uno de los mecanismos implicados en la relación entre emociones y salud.

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Mantener el equilibrio

Si bien la respuesta en forma de estrés puede sernos útil, ya que prepara al organismo para actuar rápida y eficazmente ante las exigencias de la situación, cuando el estado de alerta se hace crónico y se convierte en una constante, puede producir un desgaste considerable en la persona, disminuir su rendimiento, desencadenar problemas de salud física como la hipertensión y enfermedades del corazón e, incluso, trastornos psicológicos como la depresión.

El mantenimiento de una buena gestión emocional es, por tanto, imprescindible para evitar que los sentimientos negativos se encapsulen y se traduzcan en síntomas físicos (somatización). Para ello, hay que aprender a establecer límites, tomar decisiones, comunicarnos bien y tener una actitud positiva ante la vida.

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El autoconocimiento es, según Laura Solana, responsable de Psicología Clínica del Centro Integral para el Tratamiento de la Ansiedad y el Estrés, clave para lograr una vida satisfactoria: si somos conscientes de cómo nos relacionamos con la vida, evitaremos que esta nos supere.

Asimismo, las personas que viven las circunstancias a las que hacen frente en términos de oportunidad y no como amenaza, son capaces de manejar el estrés con mayor eficacia.

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4 hábitos para controlar el colesterol

Para mantener el colesterol a raya es necesario seguir una dieta saludable. Pero también hay que prestar atención a otros aspectos de nuestra vida.

  1. Dedica tiempo a todas las facetas de tu vida: familia, trabajo, ocio, amigos. No las descuides. Y aumenta el contacto social y las actividades que más te plazcan.
  2. Cuida al máximo los hábitos de sueño: es fundamental dormir ocho horas cada día para lograr una adecuada recuperación del organismo y poner freno al estrés.
  3. No conviene dejar irresueltas las situaciones o problemas pendientes. Para ello, es básico que establezcas una buena organización y planificación de tu tiempo.
  4. Sigue una dieta equilibrada, mastica lenta y conscientemente, mantén horarios regulares, evita los estimulantes y haz ejercicio aeróbico y vida en la naturaleza.

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