Alimentación hígado graso

Menor inflamación y más energía

4 eficaces estrategias para eliminar grasa del hígado

El hígado graso se desarrolla de forma lenta y silenciosa. Controlarlo mediante una dieta adecuada es fundamental para no sufrir complicaciones.

Rosa Guerrero

Del 20 al 40% de los adultos tienen hígado graso, una acumulación de grasa en el hígado que puede tener complicaciones asociadas y que, si no se debe directamente al consumo de alcohol, se conoce también como esteatosis hepática no alcohólica.

Este trastorno se desarrolla lentamente y, aunque a veces puede dar cansancio, en general no provoca síntomas. Ahora bien, si no se controla, provoca una inflamación del hígado y puede dar complicaciones graves.

Entre los problemas que suelen acompañar al hígado graso destacan la obesidad abdominal, la glucemia basal alterada (> 100 mg/dL) y otras características del síndrome metabólico como la hipertensión y la resistencia a la insulina.

Aunque el consumo de alcohol no ayuda, el sobrepeso suele ser la principal causa de acumulación de grasa hepática. Modificar algunos hábitos dietéticos ayuda a prevenir este trastorno y sus complicaciones.

Mejorar la alimentación para frenar el hígado graso

Además de tratar de reducir el sobrepeso, hay varias medidas que puedes tomar para empezar a atajar el problema:

  1. Controla el índice glucémico de tus comidas: la vida sedentaria junto a una dieta muy calórica o rica en glúcidos de alto índice glucémico (pan, arroz blanco, harinas refinadas, patatas, dulces…) acaba aumentando la producción de insulina por el páncreas, lo que favorece la formación de ácidos grasos en el hígado.
  2. Dieta hipoglucídica: según un estudio publicado en 2011 en American Journal of Clinical Nutrition, reducir el consumo de glúcidos o hidratos de carbono puede disminuir en un 50% la grasa hepática en 3 meses.
  3. Más antioxidantes: en el hígado graso el estrés oxidativo es intenso. Aumentar el consumo de antioxidantes ayuda a reducir la inflamación y prevenir la fibrosis. Incluye en tu alimentación frutas y verduras ricas en pigmentos antioxidantes como carotenoides, flavonoides, terpenoides, isotiocianatos…. Asegúrate también una buena dosis de vitamina E (400 UI al día), vitamina C (1.000 mg), selenio (70 mcg) y zinc (12-40 mg). Te pueden ayudar asimismo los suplementos de superóxido dismutasa (250- 500 mg) y de omega-3 (2 g diarios) de cadena larga (DHA+EPA).
  4. Infusión de romero y jengibre: puedes tomar también cada día dos tazas, pues esta combinación de plantas posee propiedades antiinflamatorias, depurativas y antisépticas.

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