Salud en la naturaleza

¿Mar o montaña? ¿Qué destino de vacaciones es más saludable?

El mar y la montaña afectan la salud de distintas maneras. Puedes tenerlo en cuenta a la hora de elegir tu destino de vacaciones.

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Claudina Navarro Walter

Fisioterapeuta y periodista

Cuando se habla de las vacaciones y de cual es el lugar que ofrece más posibilidades de relajación los gustos se muestran muy divergentes. Para algunos, no hay nada mejor que contemplar los majestuosos valles y paisajes desde el mirador de una montaña.

Otros se sienten más atraídos por el infinito horizonte azul, las olas y la arena. Además de la relajación, mar y montaña tienen muchas cosas que ofrecer para potenciar la salud.

Cómo beneficia el mar la salud

La brisa, la radiación solar, la salud, el calor y la humedad que se dan cerca del mar constituyen una combinación única.

Al pasear junto al mar respiras el aerosol marítimo que contiene gotas de agua salada, que penetran en la nasofaringe hasta los alvéolos donde contrarrestan muchos síntomas de las enfermedades respiratorias, como asma, bronquitis crónica o sinusitis.

Los efectos positivos de la sal también se reflejan en la piel. Ni siquiera tienes que ir a nadar para beneficiarte. Durante una caminata, se acumulan hasta dos gramos de sal en la piel con efectos antiinflamatorios. Las personas con enfermedades de la piel como eccema, dermatitis atópica o psoriasis pueden beneficiarse especialmente.

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Las personas alérgicas también se benefician del hecho de que el aire junto al mar es pobre en polen y otros contaminantes, lo que les proporciona cierto alivio.

En verano, el mar Mediterráneo, con vientos ligeros y temperaturas muy cálidas resulta esencialmente relajante y favorece la reducción de la tensión arterial. En cambio, en invierno o cerca de un mar frío, como el Atlántico, el efecto resulta estimulante, y puede aumentar algo la tensión.

Finalmente la radiación del sol desencadena la formación de vitamina D, que regula la inmunidad.

Las montañas son una fuente de juventud

La altitud respecto al mar explica buena parte de los beneficios de permanecer en las montañas.

Cuanto más alto llegues, más puro y saludable es el aire, pues la concentración de contaminantes disminuye con cada metro de altitud. Esto beneficia a las personas alérgicas y a las personas con problemas respiratorios, ya que el polen, los ácaros del polvo doméstico, el moho y otros alérgenos se reducen significativamente. Una altitud de más de 1000 metros es ideal.

Algunos deportistas se entrenen por encima de los 2.000 metros de altitud porque al reducirse la concentración de oxígeno el cuerpo reacciona con una mayor absorción de oxígeno, una mejor circulación sanguínea en los pulmones y un aumento de las defensas. En terminología médica, este efecto se llama "eritropoyesis".

El número de glóbulos rojos aumenta significativamente y las células sanguíneas transportan oxígeno de manera óptima hacia los tejidos. En consecuencia el cuerpo experimenta un notable fortalecimiento.

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El clima de alta montaña es estimulante y puede resultar estresante para las personas que sufren enfermedades cardiovasculares. La frecuencia cardiaca y la tensión arterial aumentan en la montaña.

Para las personas que no sufren este tipo de problemas, la montaña mejora la calidad y la duración del sueño.

Por otra parte, el clima de montaña se recomienda a las personas con enfermedades cutáneas y pulmonares crónicas y recurrentes.

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