¡Que no te corten el ritmo!

10 aliados contra los calambres musculares

Lola Cejudo

Nos sobresaltan con un dolor severo y nos avisan de un déficit de magnesio o de que algo perturba nuestra vida. Podemos adoptar estrategias como cambiar la dieta o meditar. ¡Descúbrelas!

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Un puñado de almendras al día

Una ración de 20 gramos de almendras cada día pueden ayudarnos a obtener el magnesio que necesitamos, según la doctora Victoria Pons, responsable del departamento de fisiología y nutrición del Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat.

Hoy, un 80% de la población presenta una carencia acusada de magnesio, cuya dosis diaria recomendada es de 275 mg para los adultos. Durante el crecimiento, el embarazo y la lactancia, y en el curso de ciertas enfermedades, la demanda de este mineral es mayor.

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Hidrátate bien

Para asegurar una hidratación adecuada, es fundamental beber antes de experimentar la sed y tomar pequeñas cantidades de agua en intervalos establecidos.

Para recuperarnos adecuadamente después del ejercicio físico, la hidratación puede seguir esta pauta:

  • Antes del ejercicio: unos 400 ml (el primer vaso una hora antes)
  • Durante el ejercicio: de 150 a 200 ml cada 15 o 20 minutos
  • Después del ejercicio: hay que beber más agua de la que tomamos habitualmente cuando tenemos sed, aproximadamente de 1,2 a 1,5 veces el peso perdido.

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Arándanos antioxidantes

Los antioxidantes de los arándanos eliminan los radicales libres que se acumulan en los músculos. Cuécelos con zumo de cítricos y estevia líquida hasta obtener una compota.

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Pon tubérculos en tu dieta

Los alimentos ricos en potasio, como el boniato o la patata, propician que la musculatura sufra lo menos posible tras la actividad física y que no se originen espasmos. Tómalos asados.

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Semillas de apio

Gracias a su acción antiinflamatoria, las semillas de apio reducen las molestias. Su alto contenido en calcio favorece, además, la relajación muscular.

Añade una cucharada a tus cremas y ensaladas.

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Bebe zumo de jengibre

El jengibre mejora la circulación, lo que te puede resultar muy útil para prevenir la aparición de calambres nocturnos.

Puedes tomarlo en zumo: exprime un par de limones, añade endulzante al gusto y un poco de jengibre.

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Estírate... ¡suavemente!

Cuando sufrimos un calambre, lo primero que debemos hacer es intentar estirar el músculo de forma suave y sostenida, aconseja Juan Ángel Ballesteros, ex fisioterapeuta de la Selección Española de Fútbol. Presiona suavemente los dedos sobre el músculo y frótalos haciendo un movimiento circular.

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Un masaje para tus músculos

El masaje es un remedio efectivo, porque aumenta la circulación y favorece el tono muscular. Pero si padecemos calambres de manera frecuente, hay que tratar la musculatura más profunda, lo que exige el cuidado de un fisioterapeuta o masajista.

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Escucha tu dolor "interno"

En palabras de Ardaas Singh, profesor de Kundalini Yoga, un calambre físico es "la manifestación de un dolor interno". Toda preocupación, temor e inquietud que experimentamos es el reflejo de algo más hondo, que debemos tratar.

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Como sentarte para meditar

La alternativa en esos casos es la meditación, para limpiar el subconsciente de tensiones, descargar la ansiedad y conseguir un estado de relajación que pueda ayudarnos a ser más conscientes de nuestro cuerpo y sus dolencias.

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Todos hemos experimentado, al menos una vez en la vida, un dolor muscular intenso y punzante que nos despierta del sueño e impide la movilidad durante unos minutos.

Se trata de un calambre o contracción repentina, involuntaria y dolorosa (de un grupo muscular o de un único músculo aislado), bastante frecuente en piernas (principalmente en los gemelos) y pies, y que solo tiende a desaparecer cuando masajeamos con firmeza la zona afectada.

La práctica deportiva de alta intensidad o cualquier sobreesfuerzo físico que origine situaciones de fatiga y agotamiento muscular está entre las principales causas de su aparición.

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Y ciertos desequilibrios en la dieta y una hidratación insuficiente los favorecen enormemente.

Sin embargo, también suele existir una raíz emocional detrás de todo calambre físico. Circunstancias que generan estrés intelectual, como los temores, preocupaciones y angustias, causan una pérdida considerable de magnesio, un mineral esencial para garantizar la relajación muscular.

Cuando se sufren espasmos de manera recurrente, en la mayoría de los casos basta con reforzar la presencia de ciertos alimentos en nuestra dieta: arroz integral, legumbres, vegetales de hoja verde, germen de trigo, almendras, nueces y perejil, principalmente. También hay algunas cosas que puedes hacer en el momento de sufrir un calambre.

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