Salud de la mujer

¿Qué es un prolapso y como se puede prevenir y tratar?

El prolapso o descenso desde su situación normal puede afectar a varios órganos y generar diversidad de síntomas. La fisioterapia de suelo pélvico ayuda a prevenir o solucionar el problema.

Mireia Grossmann
Mireia Grossmann

Fisioterapeuta experta en suelo pélvico

Prolapso es el nombre técnico que describe el descenso de un órgano en relación a su ubicación habitual. Posiblemente conocerás mujeres a las que se les ha “descolgado” la vejiga, o tienen el útero “bajo”, o se les sale “algo” por la vagina. Es algo demasiado común.

¿Qué tipos de prolapsos existen?

En la zona pélvica puede descolgarse una sola estructura o más de una. Hablemos de los prolapsos más usuales:

  • Cistocele: prolapso de vejiga (el más frecuente). Las vejiga cae hacia atrás y presiona la pared anterior de la vagina (la imagen que más se acerca es el hundimiento del Titanic). Muchas veces la vejiga y la uretra prolapsan juntas.
  • Prolapso de la cúpula vaginal: la vagina se hunde sobre si misma, girando como un calcetín. Es una situación frecuente después de una histerectomía (extirpación del útero)
  • Histerocele: prolapso de útero
  • Rectocele: prolapso de recto
  • Enterocele: prolapso de asas intestinales: el intestino delgado desciendo hacia el interior de la pelvis, presionando la parte superior de la vagina,

¿Hay diferentes niveles de prolapso?

Si, la clasificación de los prolapsos es numérica, según el nivel de descenso.

  • Grado I: descenso ligero del órgano
  • Grado II: el descenso llega a la entrada de la vagina.
  • Grado III: el órgano en descenso traspasa el orificio vaginal hacia el exterior, la mujer puede tener sensación de bulto
  • Grado IV: el órgano sale completamente al exterior, tanto en esfuerzo como en reposo.

Usualmente los grados III y IV requieren de cirugía. El objetivo es recolocar el órgano y volverlo a sujetar con una malla o con algún tipo de anclaje.

¿Qué síntomas generan los prolapsos?

Este es uno de los mayores problemas: los síntomas son variados e inconcretos. A menudo los prolapsos son asintomáticos, es decir, no generan síntomas, sólo sensaciones.

Los prolapsos de vejiga pueden ir asociados a síntomas como urgencia miccional, infecciones de orina recurrentes (debido al vaciado incompleto), pérdidas de orina o dolor durante las relaciones sexuales, a veces dificultad de vaciado de la orina…

Los prolapsos de útero pueden generar dolor en las relaciones sexuales (por ocupación de espacio), sensación de llevar un tampón mal puesto o sensación de peso en el bajo vientre.

Los prolapsos de recto pueden generar estreñimiento. El momento expulsivo defecatorio es difícil y costoso. Genera una sensación extraña, como de tener ganas de ir de vientre pero tener poca fuerza a la hora de la verdad. Muchas veces esta dificultad se traduce también en hemorroides.

Los prolapsos de asas intestinales suelen ser asintomáticos, pero en ocasiones pueden generar una sensación de peso y/o de tirón en el bajo vientre, que mejora al estirarse; dolor en la zona lumbar; y dolor en las relaciones sexuales.

Ya vemos que los síntomas son variados y poco específicos. La dispareunia (dolor en las relaciones sexuales) es un síntoma común, pero también puede ser causada por muchos otros factores.

¿Cuáles son las causas de los prolapsos?

Los prolapsos son básicamente hijos de la presión, pero pueden combinarse perfectamente con debilidad en el suelo pélvico, histerectomía, problemas con los tejidos o estreñimiento crónico, entre otros problemas.

La zona abdominal es como un globo, y el suelo pélvico es la base de este globo. Cuando un globo es apretado desde arriba (aumento de presión) se deforma por abajo, por el suelo pélvico.

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¿Cómo puedes mejorar el estado de tu suelo pélvico?

El suelo pélvico sufre con los incrementos de presión, sin duda, pero todas las estructuras de la pelvis la sufren también.

Todos los órganos y vísceras del cuerpo están sujetas por ligamentos. Los ligamentos no son elásticos, actúan como cuerdas que anclan estructuras.

Volvamos a la imagen del globo siendo presionado. El suelo pélvico se abomba y se debilita, pero todos los órganos pélvicos (que viven dentro del globo) también son empujados hacia abajo. Si esta presión en exceso se prolonga en el tiempo, los ligamentos se deforman y el órganos empieza a descender.

Todas las situaciones que generan incrementos de presión son potenciales generadores de prolapsos:

  • Levantar pesos
  • Partos
  • Estreñimiento crónico
  • Tos crónica
  • Obesidad
  • Saltos repetidos…

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¿Qué puedo hacer si tengo un prolapso?

Fisioterapia del suelo pélvico, sin duda. Aún en el caso de que sea necesaria cirugía porque el prolapso es muy severo, la fisioterapia del suelo pélvico antes y después de la operación será importante para preparar los tejidos y para trabajar la cicatriz, respectivamente.

La operación de prolapso es una de las que más recidivas tiene, es decir, que el problema vuelve a aparecer con el tiempo. ¿Hablamos de cirugía mal hecha? No, en absoluto. Pero la cirugía sólo ha “recolocado” el órgano, no ha corregido el factor que lo ha hecho descender. Es la fisioterapia quien corrige ese factor.

El enfoque terapéutico del prolapso pasa, necesariamente por reeducación postural, por trabajo respiratorio y por trabajo de suelo pélvico, como mínimo. Y este es, sin duda, territorio de fisioterapia del suelo pélvico.

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Nota importante: normalmente los prolapsos son procesos lentos, a menudo detectados sólo con una revisión de suelo pélvico, no por síntomas. Pero las mujeres vivimos un momento especialmente delicado: el postparto. En el postparto es el único momento en el que se puede generar un prolapso súbito, muy rápido. Los tejidos están deformados y son muy vulnerables. En este momento es de vital importancia ser cuidadosa con el sistema de presiones. Los excesos durante estos meses pasan facturas caras. ¡Seguiremos hablando de los prolapsos!

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