Equilibrio sin tensiones

Postura de abrazar el árbol: mejora tu verticalidad

Esta postura, procedente del taichí y el chikung, parece sencilla pero es poderosa. Explórala con sus sutilezas y conseguirás ganar vitalidad.

Xavier Julià Eggert
Xavier Julià Eggert

Fisioterapeuta y posturólogo

El equilibrio corporal, que tan difícil parece a veces, es algo que se ejercita a cada momento sin que uno sea consciente, pues de otro modo no podríamos sostenernos de pie, caminar ni mantenernos sentados con la espalda erguida.

Controlar el equilibrio constituye, de hecho, una de nuestras primeras conquistas como bebés.

Lo que caracteriza precisamente al equilibrio es la ausencia de esfuerzo, el reposo que se consigue por la contraposición de fuerzas contrarias que se anulan y liberan al cuerpo del peso de la gravedad.

Contrarrestar las fuerzas

Para lograr el equilibrio corporal se necesita la participación de todos los músculos del cuerpo, que trabajan en cadena, así como concentración mental: hay que ser consciente del eje corporal, de los puntos de apoyo, de la ubicación del peso, del centro de equilibrio (dos dedos por debajo del ombligo) y de las fuerzas que se contraponen desde el centro hacia afuera.

Todo ello dirigiendo la mirada a un punto fijo, respirando profundamente e imaginando que las extremidades se alargan y se proyectan más allá de su verdadera extensión.

A menudo es más fácil de lo que parece y requiere menos fuerza de la que se emplea. Si el equilibrio ofrece resistencia tal vez se esté poniendo una tensión excesiva.

De igual modo, en el plano emocional el equilibrio se alcanza contrarrestando la tristeza con la alegría, el dolor con el placer..., midiendo las fuerzas sin malgastarlas, y logrando que con apoyos muy pequeños el resto se sostenga.

El equilibrio emocional requiere asimismo ubicar el propio eje sabiendo dónde se encuentra uno y hacia dónde va, conocer los apoyos (propios y ajenos), sostener la mirada hacia el frente, sin bajar la vista, y caminar despacio pero firme, hacia el lugar elegido.

Entrenar el equilibrio: la postura del árbol

Este ejercicio, realizado en una posición estática, desarrolla la conciencia de la verticalidad, el enraizamiento corporal y la elongación de la columna, además de incrementar la vitalidad.

Tradicionalmente se conoce como Zhan Zhuang o la "postura de abrazar el árbol", que está asociada a la práctica del chikung y el taichí.

Desde un punto de vista postural y a pesar de su aparente sencillez, esta postura nos ofrece una vivencia de gran riqueza, que permite explorar la sutileza y los detalles de una postura equilibrada y exenta de tensiones.

Cómo realizar la postura

La práctica:

1. Plántate en el suelo

Con los pies paralelos y separados el ancho de los hombros, exhala mientras flexionas ligeramente las rodillas.

A través del centro de tus pies, siente el peso del cuerpo hundiéndose en el suelo.

2. Muévete suavemente

Con una inhalación y las palmas mirando hacia el suelo, eleva los brazos por delante hasta llegar aproximadamente a la altura de los hombros.

En este momento, gira las palmas hacia ti.

Ten la sensación de estar suspendido del cielo desde el centro de la cabeza, a la vez que los pies se enraízan en el suelo.

3. Visualizarse

Visualízate sentado sutilmente sobre una gran pelota.

Mantén el sacro alargado y la sensación de apertura de las vértebras lumbares.

Entra el mentón con el fin de sentir el alargamiento de toda la columna, la cual debería formar una perpendicular entre el suelo, el sacro y la zona dorsal media. La mandíbula, los hombros y los codos han de estar relajados.

4. Busca la calma

Deja los ojos entrecerrados, con la mirada calmada y enfocada hacia el horizonte.

Imagínate que estás abrazando un árbol y que cada una de tus manos sostiene un vaso con los dedos separados.

La respiración debe ser fluida y pausada.

Aumenta el tiempo de práctica progresivamente.

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