La dieta carnívora es insostenible

Menos carne, más vida

¿Cuánto come una vaca cada día? 30 kg o 30 m2 de pasto. Muchísimo más que nosotros. La demanda de carne a nivel mundial no es sana ni sostenible. ¿Cuáles son las alternativas?

Salvador Nos Barberá

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Las dietas poco saludables y el sobrepeso son los dos factores que más contribuyen a la mortalidad prematura. Y, aunque es cierto que en algunos grupos sociales se está viviendo un cambio hacia una dieta más sana, basada en una mayor presencia de “lo vegetal” en detrimento de la ingesta de proteína animal y de alimentos procesados, también es verdad que globalmente no solo no se avanza en esa dirección, sino que se “exporta” a todo el mundo el modelo totalmente contrario con una motivación única: el interés económico del “negocio” de la alimentación.

El exceso de carne perjudica nuestra salud

Hace ya años que invertimos la pirámide alimenticia y que sabemos que comemos demasiada proteína, y más recientemente, demasiados carbohidratos. Engordamos y tenemos una obesidad que nos hace la vida difícil y “nos mata” en unos lugares, mientras la hambruna arrasa en otros. Gran contradicción. Lo sabemos.

La implantación de una ingesta más racional basada en lo saludable, en lo “verde” sobre la “carne”, podría reducir la mortalidad global entre un 6% y un 10% en el horizonte del 2050, con un impacto económico de tal magnitud que impresiona: varios trillones de dólares de ahorro en el gasto público.

-10% de mortalidad mundial en el año 2050 si se adopta una dieta saludable rica en vegetales y legumbres y pobre en carne.
-70% de emisiones de gases con efecto invernadero en el año 2050 si todos adoptamos una dieta vegana.

Así lo pone de manifiesto la publicación en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences del estudio dirigido por Mark Springman (Universidad de Oxford) en el que se analiza los efectos y beneficios de la implantación de una alimentación más saludable sobre la salud y el cambio climático.

¿Puede el veganismo salvar el planeta?

También en este sentido, cuantos menos alimentos de origen animal, mejor porque se reducirían drásticamente las emisiones de gases con efecto invernadero. Hasta en un 70% si se adoptara una dieta vegana a nivel mundial.

Y si por la vía de promover y extender los hábitos saludables no estamos logrando los objetivos deseables, igual nos convencemos por la vía de… ¿plantarle cara a la deforestación continuada del planeta?

La predicción, convenientemente matizada, es igual de contundente: en el mismo horizonte del año 2050, un modelo matemático de Karl-Heinz Erb, del Instituto de Ecología Social de Viena, revela que en la hipótesis de seguir extendiendo la dieta occidental a todo el planeta hay que destruir más masa forestal de la que ya se ha destruido hasta ahora o de lo contrario “no es sostenible la hipótesis”.

Desde este punto de vista la solución pasa por no comer carne al ritmo que lo hacemos, está claro.

¿Qué alternativas hay?

El estudio en cuestión plantea diferentes escenarios en los que introducen diferentes variables, como los diferentes tipos de alimentación. En realidad, simula “todos” los escenarios, quinientos.

  • La visión optimista es que casi cien de estos escenarios no supondrían la deforestación ni de ni una hectárea más de las que ya se han destruido. Pero eso sí, hay que moderar el consumo de carne en nuestro entorno “occidental” inmediato y, sobre todo, desacelerar drásticamente la exportación masiva al resto del mundo de los hábitos de los países occidentales (procesadores y productores) basados en la ingesta carnívora.
  • La visión pesimista: ninguno de estos quinientos escenarios sería viable si se adoptara la ingesta de carne diaria y proliferaran los establecimientos de comida rápida en todas las comunidades de mil habitantes.

Pero sigamos con los escenarios, si nos empeñamos en exportar el consumo de carne procesada acompañada de kétchup y patatas fritas y no queremos deforestar más, todas las opciones pasan por aumentar notablemente los rendimientos de los cultivos. Habría que eliminar la práctica de la agricultura orgánica y de la ganadería extensiva, de gran calidad aunque consideradas de bajo rendimiento económico.

En definitiva, se iría a utilizar masivamente la agricultura transgénica, con pastos “de marca” sin mermas por “enfermedades” para todas las vacas también de marca (clonadas) que pongamos ahí.

¿Tenemos derecho a elegir qué cultivamos?

Pero recordemos que el hecho de que un insecto se coma una planta no es una enfermedad de la planta, sino el resultado de la voracidad (léase “hambre”) del insecto. Y recordemos también que los insectos son los auténticos pobladores del planeta con sus más de novecientas mil especies. Las especies de mamíferos, en cambio, suman algo más de cuatro mil. Y nosotros, los homínidos, el Homo sapiens, el descendiente del Homo erectus, por poco nos extinguimos junto con el resto de nuestros primos “neandertales” hace treinta mil años; tampoco es tanto tiempo en términos “macro”.

¿De quién es entonces el planeta? Es una buena pregunta cuya respuesta nos ayudaría a poner las cosas en su sitio. Una mirada menos antropocéntrica de la historia nos vendría bien al tratar este tema también.

Por supuesto, el estudio señala todo un abanico de opciones. Pero desde luego, instalarnos en la opción de "deforestar todo para producir carne para todos” a base de la visión miópica que busca el interés económico cortoplacista de unos pocos no se sustenta.

¿Cómo garantizar que nuestra dieta es sostenible?

En el otro extremo: el 100% de los quinientos escenarios son viables si toda la población mundial se vuelve vegana: el veganismo como réplica sostenible a la deforestación y muerte del planeta.

La solución pasa justo por recortar. Hay que recortar, pero no en Sanidad, sino en ganado, para volver a disponer de campos para el consumo humano, a costa de pastos destinados a engordar ganado.

No hace falta ser un visionario ni un gran científico para saber lo que más conviene al planeta y a todas las especies que lo habitamos. Definitivamente, no es el “papel” (los libros) el enemigo de los árboles, si es que lo fue en algún momento. El enemigo de los bosques es la carne “encarnada” (valga el doble significado y la metáfora) en la hamburguesa de macperrinsfriedchicken.

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