La sabiduría de las comadres

Doula: cómo ayuda y cuál es su función durante el parto

Las doulas brindan información y apoyo emocional antes, durante y después del parto, aportando su experiencia como madres, y ayudan a disfrutar más del parto.

Tener un hijo acompañada de una doula fue la forma de conseguir lo que Carolina quería: dar a luz en confianza, en un ambiente de paz e intimidad y sin intervenciones innecesarias.

Su búsqueda comenzó mucho antes de quedarse embarazada: "Había visto un documental sobre el parto en España y lo único que recuerdo es acabar con indignación. Empecé a informarme sobre episiotomías, cesáreas... la información me desbordó: son cosas que dan miedo, que no quieres, que considero injustas e innecesarias", cuenta Carolina.

Informarse sobre el parto resultó un proceso complicado, con informaciones contradictorias e intuiciones que nadie entendía: "La información que reunía sobre prácticas innecesarias en el parto la compartía con mi pareja, familia y amigos, y lo recibían bastante mal. Necesitaba apoyo y me sentía sola".

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¿Por qué ayuda la compañía de una doula?

Carolina encontró pronto una referencia a las doulas, y se abrió un mundo ante sus ojos. Las doulas son madres experimentadas que brindan información, compañía y apoyo emocional durante el proceso del parto y el postparto.

"El planteamiento de las doulas se dirigía a lo positivo, no era un mundo reivindicativo, sino un mundo donde no había que luchar, donde tú decidías y podías encontrar el apoyo que yo, en ese momento, no estaba recibiendo".

Y así, Carolina buscó la ayuda de Montse, la doula que la acompañó en todo el proceso de un parto natural. Para ella, el parto ha sido una experiencia única: "El parto duele, pero ha sido maravilloso".

El acompañamiento en el parto no es nada nuevo. De hecho, es algo que las mujeres siempre habían recibido del entorno femenino no solo en el parto sino también en el posparto.

Los conocimientos se transmitían de madres a hijas y a través de tías, vecinas o amigas, y abarcaban aspectos fisiológicos y emocionales: miedos, incertidumbres...

En la actualidad, ese círculo de acompañamiento se ha perdido, por causas como la medicalización del nacimiento, que aísla a la mujer de su entorno, o la forma de vida actual, que la priva de una red social cotidiana de apoyo mutuo.

Se ha roto así la cadena de transmisión de experiencia en torno a la maternidad y eso se refleja también en unas menores tasas de lactancia materna.

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De que el acompañamiento es útil ya no cabe ninguna duda. Según estudios realizados en los últimos años, contribuye a reducir la duración del parto, el uso de medicación contra el dolor, la probabilidad de sufrir intervenciones médicas y el número de bebés que ingresan en unidades neonatales.

La importancia del acompañamiento en el parto se descubrió de forma casual. En los años ochenta la revista médica New England Medical Journal publicó un estudio realizado por los doctores Klaus y Kennell en un gran hospital público de Guatemala (60 nacimientos diarios), donde el gasto farmacéutico era muy elevado debido al alto índice de intervenciones y cesáreas.

En el estudiouna parte de las mujeres fueron acompañadas en el parto por otras que ya habían sido madres. El otro grupo fue asignado al personal sanitario, como era habitual.

La sorpresa fue que las mujeres del primer grupo precisaron muchas menos intervenciones médicas que las del segundo.

Los doctores eligieron el vocablo griego doula para designar a esas acompañantes. El descubrimiento dio origen a una nueva profesión, que poco a poco se ha ido afianzando.

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Y es que, según el prestigioso obstetra Michel Odent, la figura de la doula responde a una necesidad de la parturienta: "Confiar en una sola figura materna antes, durante y después del parto. Pero no cualquier madre. Idealmente, la doula es madre o abuela, y ella misma ha dado a luz sin medicamentos ni intervenciones".

Carolina lo define de esta manera: "Para mí es una persona que te entiende porque sabe por lo que estás pasando y que te va apoyar en lo que decidas."

Qué hace la doula: apoyo incondicional e intimidad

En la era de la tecnología, resulta difícil creer que la simple presencia de una persona pueda llegar a producir este efecto.

Michel Odent da una explicación basada en la fisiología de la parturienta: "La razón de ser de las doulas -y de las auténticas comadronas en general- puede ser interpretada desde la perspectiva de los fisiólogos, que explican cómo ciertas situaciones pueden inhibir el proceso del nacimiento.

Cuando una parturienta se siente observada, tiende a activarse la parte del cerebro (el neocórtex) que debería estar en reposo durante el parto. En otras palabras, la intimidad aparece como la necesidad fundamental de la parturienta".

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De acuerdo con sus observaciones, una buena compañía en el parto es aquella cuya presencia procura confianza, tranquilidad y seguridad, pero que sabe ser discreta, que está disponible pero no interfiere y actúa de paraguas ante otras interferencias innecesarias en la intimidad de la parturienta; esta se siente tan en confianza que no se ve obligada a guardar la compostura.

Montse Cob, la doula de Carolina, corrobora la importancia de la forma de "estar" de esta figura: "En el parto se queda en un discreto segundo plano para ayudar en lo que sea necesario. Da soporte físico y emocional a la madre ayudándola a encontrar la postura más cómoda en cada momento, proponiendo formas de relajación, sea mediante masajes o la respiración. Pero la doula está, no hace. Se establece una comunicación donde no es necesaria la expresión verbal".

La doula tampoco orienta a la mujer sobre lo que "debe hacer" o "cómo deben ser" las cosas.

"Siempre se habla del apoyo emocional, pero lo que yo he recibido es apoyo incondicional. Que quieres hacer esto, pues esto. Que estás buscando lo otro, pues lo otro. Que tienes miedo, pues tienes miedo. Ese apoyo incondicional es dificilísimo de encontrar", afirma Carolina.

Parir en casa siempre es una opción

Escuchaba el otro día la conversación entre dos mujeres.

Una defendía el parto en casa y la otra hablaba maravillas de poder elegir lo último en partos hospitalarios e incluso que le practicaran una cesárea.

Comparaba el parto en casa y el hospitalario con ir a los sitios a pie o en AVE, coche o avión. Y tenía razón.

Hay actos, como andar o parir, que sirven para realizar cosas fundamentales de la vida, como desplazarse o nacer.

Para desplazarse, la mayor parte de las veces basta con valerse de las piernas, que es quizá el medio más sano y eficaz de que disponemos para hacerlo. Pero para parir tampoco se necesita más que el cuerpo de la mujer, fantásticamente diseñado para ello.

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El coche, el AVE o el avión solo se precisan en desplazamientos excepcionales, del mismo modo que los recursos hospitalarios, solo en partos excepcionales. Y en ambos casos se genera un gran gasto de recursos y energía a los que no todo el mundo tiene acceso.

Pero emplear recursos excepcionales para llevar a cabo actos normales no solo supone un gasto; no es razonable ni fisiológico. Y si bien hay quienes piensan que desplazarse en coche o parir en un hospital resulta más seguro, la vida y las estadísticas demuestran lo contrario.

Utilizar el coche o el tren a diario atrofia las piernas; valerse de medios hospitalarios para resolver situaciones normales de salud acaba acarreando más complicaciones que optar por lo sencillo.

Ahora bien, aunque para parir en casa solo se necesita el cuerpo de la mujer, hay mujeres que a priori confían más en el sistema, prefieren ponerse en manos de otros, ceder su control, su casa y su medio.

Mantener la seguridad de un medio de transporte rápido o de un hospital resulta caro y está fuera de las manos de la mayoría de personas, que no saben conducirlos.

Depender de otras personas para moverse o para parir, en circunstancias excepcionales, es necesario, pero recurrir a ello en la vida cotidiana es actuar sin cabeza ni control, despilfarrando recursos tanto energéticos como sanitarios.

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Algunos me diréis que tenéis dinero y recursos para pagar el AVE o derecho a una sanidad hospitalaria, pero querer usar esos recursos cuando se puede hacer de forma más sencilla me parece un engaño personal y social.

Tomar conciencia de que la mujer está diseñada para vivir un parto normal y que su casa suele ser el mejor lugar, no es descubrir nada nuevo. Muchas holandesas e inglesas hace tiempo que eligen esta opción, sin ningún problema y con apoyo del sistema sanitario.

Animo a las mujeres a aprender del potencial que esconde su cuerpo, a no dejarse engañar con falsas perspectivas, a conectar con su instinto y a dejarse llevar por sus impulsos, eligiendo en libertad, por encima de miedos y limitaciones.

La mujer ha de tomar el poder y, con él, la responsabilidad del parto, pues al fin y al cabo tiene el poder y la fuerza para dar la vida.

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