Testimonio

"Siento que mi vida es un fracaso"

Ramón Soler

Carla era incapaz de mantener un empleo, lo que había afectado a su autoestima. En terapia descubrió que el origen de esa frustración era sacrificar sus deseos.

El testimonio de Carla es muy valioso. Cuando llegó a mi consulta, Carla se veía a sí misma como una fracasada que no había podido mantener ningún empleo durante más de unos meses.

Ella pensaba que nada podía hacerle feliz, no sabía valorarse, tenía su autoimagen muy dañada y hablaba de ella misma utilizando palabras relacionadas con el fracaso y la frustración.

Tras la terapia, comprendió el origen de esta actitud ante la vida y ese fue, para ella, el inicio del cambio.

El caso de Carla en consulta: una crisis existencial sin origen aparente

A sus 38 años, Carla estaba atravesando una profunda crisis existencial. Había abandonado varios trabajos por falta de motivación y comenzaba a mostrar síntomas depresivos. Sentía que en la vida nunca había hecho nada que realmente le gustara.

Acudió a terapia porque no comprendía lo que le sucedía y se había percatado de que necesitaba ayuda profesional para salir del pozo.

Cuéntame, Carla, ¿Cómo explicarías lo que te pasa?
No me quejo por no tener trabajo. De hecho, he tenido la suerte de tener varios buenos empleos a lo largo de mi vida, pero lo que sucede es que nunca me han motivado realmente. Al principio, yo intentaba ilusionarme, pero siempre era forzado. Con el paso del tiempo, me iba desanimando y, al final, lo dejaba yo o eran ellos los que me echaban por falta de rendimiento.

¿Y cómo estás ahora?
Después de varias experiencias de este tipo, me empiezo a preocupar. ¿Es un problema mío? ¿Qué es lo que hago mal? ¿Por qué no consigo centrarme y conservar ningún trabajo? Además, voy cumpliendo años y no tengo una estabilidad laboral. Todas mis amistades tienen sus trabajos, más o menos estables, y yo no sé dónde voy a estar el mes que viene.

"Me parece que todo lo hago mal y que no voy a conseguir nada en la vida."

¿Puedes resumirme qué tipo de trabajos has hecho?
Siempre han estado relacionados con el mundo de la contabilidad. Estudié Empresariales y he ido pasando por distintas empresas, cada vez asumiendo cargos de más responsabilidad. Tenía buenos sueldos, es verdad, pero, al llegar a casa por las noches, no me sentía a gusto. No me llenaban.

¿Y por qué te aburrías en estos trabajos? ¿No te gustaban?
Supuestamente, según todo el mundo, me tendrían que gustar. Soy la envidia de mi familia. “Ojalá yo tuviera la suerte que tú tienes”, me dicen mis primos. Pero la verdad es que yo nunca he estado a gusto y, encima, no puedo ni decirlo.

¿Por qué no puedes decirlo?
Porque se enfadarían conmigo. Quejarme por tener trabajo es un sacrilegio en mi familia. Además, de una forma u otra, mis padres siempre han estado detrás de mis trabajos. Ellos tenían muchos contactos en toda la comarca y me han facilitado la posibilidad de entrar en empresas importantes. Se han enfadado mucho conmigo cuando he dejado algunas de estas empresas y, encima, no he podido quejarme de esto porque sería como no apreciar lo que han hecho por mí.

¿Entonces, comenzabas en trabajos que no te gustaban por tus padres, por cumplir con ellos de alguna forma?
Básicamente, sí. Siempre han ido por delante de mí. No me preguntaban si me apetecía, simplemente me decían que fulanito tenía un hueco en su empresa, que fuera a verle.

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¿Y han sido así siempre?
En realidad, actuaron de una forma un poco contradictoria porque nunca me hicieron mucho caso con los estudios, pero luego empezaron a dirigirme y hasta me presionaron para que estudiara lo que ellos querían. Se basaban en lo que ellos pensaban que tendría más salidas, no en lo que yo realmente quería hacer.

¿Recuerdas cómo te sentías cuando sucedía esto?
Me sentía anulada totalmente. Daba igual lo que yo opinara. Se suponía que ellos eran los que mejor sabían cómo funcionaba el mundo y yo no podía opinar ni oponerme a sus decisiones, por supuesto.

“Mis padres eligieron qué debía estudiar yo, sin tener en cuenta mi voluntad ”

¿Cómo piensas que te afecta todo esto en tu presente?
La sensación que me queda de todo esto es la de que no he hecho nada por mí misma. Siento que soy un fracaso. Siempre me he sentido dirigida, encaminada a ser lo que ellos querían que fuera. Y así me siento hoy: vacía y sin ilusión. Y lo peor es que no sé cómo cambiarlo. No sé cómo salir de este agujero en el que estoy. Ni siquiera sé lo que me gustaría hacer.

¿Qué te parece, ahora que lo ves con perspectiva?
Tengo una mezcla extraña de sentimientos de rabia y de tristeza. Por un lado, me enfada recordar cómo me han manejado desde que era pequeña, sin preguntarme. Antes lo veía normal y ni siquiera pensaba que debía ser de otra manera, pero creo que con el tiempo he ido acumulando mucha rabia.

¿Cómo notas ahora esa rabia?
Cuando pienso en mi situación actual, sin trabajo y sin perspectivas, siento rabia contra mí. Me enfado y me veo como tonta. Pero entiendo que, de pequeña, debí sentir rabia contra mis padres por haberme tratado así, por no haberme preguntado ni respetado.

Me decías que también sentías tristeza...
Sí. Siento mucha tristeza cuando pienso en mi yo de pequeña y en cómo se sentía de sola y de poco escuchada. Fueron muchos años sufriendo esta situación y me da mucha pena pensar en ello.

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¿Has dejado que los demás elijan tu vida por ti?

Tras esta sesión, en la que estuvimos analizando la actitud de sus padres en su vida laboral, Carla comenzó a reflexionar sobre otros aspectos de su vida y se dio cuenta de que sus padres habían interferido también en otras áreas, no dejándola a ella decidir sobre prácticamente nada.

Cuéntame, Carla, ¿en qué otras situaciones has sentido las imposiciones de tus padres y su falta de respeto hacia lo que tú querías?
Por ejemplo, tenía una amiga del colegio con la que me lo pasaba bien. A veces iba yo a su casa y, otras veces, venía ella a la mía. Pero a mi madre no le gustaba que jugara con ella porque decía que sus padres no eran de nuestra clase social y no era una buena influencia para mí. Mis padres siempre han sido muy clasistas en ese sentido.

¿Y qué pasó entonces?
Pues que mi madre empezó a poner excusas para no quedar con esta niña. Ya no la veía fuera del colegio. Y, además, me hablaba mal de ella, sin motivo. Lo interpretaba todo desde su prisma clasista. Me decía: “Mira cómo habla, mira qué ropa lleva...”. Yo me dejaba influir por ella. Al final, poco a poco, me fui distanciando de esa niña y me acerqué a otras.

¿Y cómo ha sido más adelante?
Hasta en la adolescencia, trataban de decidir por mí y elegir ellos mi grupo de amigos. Procuraban que solo me relacionara con las hijas de sus amigos. Yo me lo pasaba bien con ellas. De hecho, aún conservo buena amistad con dos chicas que conocí en esa época. Pero también me acuerdo, de vez en cuando, de Laura, mi amiga del colegio y pienso qué habrá sido de ella y qué hubiera pasado con nuestra amistad si mi madre no hubiera intervenido. La he buscado en las redes sociales, pero no me he atrevido a contactar con ella.

¿Qué sientes hoy en día cuando piensas en ella?
De nuevo, la mezcla de rabia y tristeza. Parecen como dos caras de una misma moneda. Siento rabia contra mis padres, por lo que hicieron, y tristeza por mí, por lo que pudo haber sido pero no fue. Entonces, tus padres interferían en todos los ámbitos de tu vida, en tu infancia y tu adolescencia.

¿Qué secuelas piensas que te ha dejado en tu presente?
Lo relaciono directamente con mi sentimiento de fracaso. Siento que toda mi vida es un fracaso, pero no porque no haya cumplido con lo que se esperaba de mí y no tenga un trabajo estable. Lo noto como algo más profundo. Yo soy un fracaso, pero no frente a mis padres: soy un fracaso conmigo misma (rompe a llorar).

"Siempre he hecho lo que han querido los demás, no lo que a mí me gustaba realmente. Es como si me hubiera traicionado a mí misma, a mi niña. Este es el vacío que siento."

Carla, llora todo lo que necesites. La buena noticia es que, al hacerlo, estás acercándote mucho más a ti misma para conectar con lo que realmente deseas, con lo que de verdad te apetece hacer.
Ya no quiero seguir así. Estoy harta de cumplir y de complacer a todo el mundo, sin que me tengan en cuenta. Ya está bien. No quiero que me dirijan más. ¡Dejadme vivir mi vida! Claro que no sé lo que quiero, ¿cómo lo voy a saber, si me habéis estado diciendo lo que era bueno o malo para mí desde que era pequeña? Lo que sí sé es que quiero que me dejéis en paz y me dejéis hacer mi vida.

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Liberarnos del miedo a no gustar

A partir de esta sesión, Carla comenzó a ocuparse más de sí misma y a escuchar lo que su intuición le decía que era bueno para ella. Recordó que siempre le había gustado la cerámica, pero que nunca se había tomado en serio esta actividad.

Decidida a renovar su vida al completo, se formó sobre este tema y empezó a crear sus propias piezas. Sus amigos le empezaron a comprar algunas y, poco a poco, gracias a las redes sociales, su trabajo se dio a conocer. Hoy en día, recibe encargos de sus diseños desde todas partes del mundo.

4 ideas para tomar las riendas de tu vida

Si, como Carla, deseas salir del vacío existencial y tomar el control de tu vida, debes dejar de estar pendiente de los demás para centrarte en tu mundo interior y en lo que dicta tu intuición.

Estos consejos te servirán de punto de partida:

Complacer a los demás no te hará feliz

En nuestra sociedad se nos educa en el sacrificio y el sometimiento, lo que resulta, desde un punto de vista psicológico, muy pernicioso. Por supuesto que puedes ser amable, pero siempre y cuando salga de ti y con quien tú decidas.

Si complacer a los demás implica sacrificarte tú, las consecuencias para tu equilibrio emocional pueden ser nefastas.

Conecta con tu pasado

Ha llegado el momento de romper barreras mentales impuestas desde fuera y recuperar tus verdaderas pasiones.

Recuerda las actividades de tu infancia, de tu adolescencia, con las que más disfrutabas. Vuelve a pasar horas enteras concentrada en aquellas tareas que tanto amabas, pero que dejaste aparcadas por la presión exterior.

Tú eliges

Si no tienes costumbre, tener la responsabilidad de elegir puede darte cierto vértigo y llevarte a dudar de tus elecciones. Cambia de perspectiva, piensa que cada una de tus opciones representa una oportunidad de crecimiento.

Sustituye la palabra error por otra más constructiva: aprendizaje.

Una clave para ser feliz

Según investigaciones de las últimas décadas, tener la capacidad de decidir sobre uno mismo es una de las bases de la felicidad. Sentir que tenemos control sobre nuestra vida nos hace tener ilusión por vivirla. Planifica, organiza y decide quién quieres ser.

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