Guía de alimentos

Chirimoya

Suave, delicada y cremosa, la chirimoya está entre las frutas que más energía aportan junto con el plátano, la manzana, las uvas o el caqui, debido a su contenido en azúcares. También tiene una buena cantidad de fibra dietética y al mismo tiempo resulta nutritiva, pues vitaminas y minerales están muy concentrados en su pulpa. La chirimoya apenas aporta proteínas, y sus grasas, aunque escasas, son saludables. En cuanto a sus minerales, contiene una buena cantidad de potasio, calcio, fósforo y hierro, y aunque en muy baja proporción, también cinc, yodo, cobre y manganeso. Por otro lado, proporciona abundantes vitaminas del grupo B y vitamina C. Es muy indicada en dietas de adelgazamiento, en caso de anemia y trastornos circulatorios. 

La chirimoya, originaria de Perú, puede recordar a una piña por estar recubierta como por grandes escamas, cada una de las cuales corresponde a un fruto. Si está bien formada, una vez cortada tiene forma de corazón y alcanza un peso de 200 a 500 gramos. En nuestro país, el árbol que da sus frutos, el chirimoyo, encontró condiciones favorables en la costa oriental andaluza y por ello existe desde hace diez años una denominación de origen, la Costa Tropical de Granada-Málaga. Hoy España es el primer productor mundial de chirimoya, con casi el 80% del total.

 

Refuerza la memoria
El consumo habitual de esta fruta, rica en fósforo y hierro, ayuda a reforzar la memoria y ejerce una acción tónica que alivia el decaimiento. Estimula la energía del organismo en parte debido a su aporte de vitaminas del grupo B y de potasio, que favorece la transmisión del impulso nervioso y la actividad muscular normal. Es adecuada asimismo para quienes sufren digestiones pesadas y por su porción de fibra soluble contribuye a proteger la flora intestinal y a regular el peristaltismo y el colesterol.

Además, dicha fibra le confiere a la chirimoya un índice glucémico bajo (35), lo que supone que la asimilación de sus hidratos de carbono y el aporte de glucosa a la sangre sea lento y progresivo. Por ello, incluso las personas con diabetes tipo 2 o síndrome metabólico pueden incluir regularmente en su dieta raciones de media porción. Se trata además de una fruta saciante, adecuada para dietas de control de peso y como tentempié entre horas.

Las vitaminas C, E y los carotenoides que contiene ejercen un beneficioso efecto antioxidante y antiinflamatorio ante los procesos degenerativos del organismo y trastornos reumáticos, artríticos o digestivos.

 

Una joya en la cocina
El gesto más natural con una chirimoya es el de cortarla en dos mitades, retirar el tallo interior y disfrutarla a cucharadas eliminando sus pepitas. Pero también se puede cocinar su pulpa en cocciones cortas para incluirla en rellenos, ensaladas, salteados, cuscús… O bien tomarla como postre triturada, pues la crema resultante es idónea para la base de una macedonia o para bañar una magdalena o bizcocho. Solo dos consejos: retirar antes sus pepitas y rociar su pulpa con zumo de limón, pues se oxida muy rápido.

 

Compra y conservación
La chirimoya es una fruta que después de cosechada continúa madurando, por eso conviene elegirlas bien maduras, cuando su piel cede suavemente al tacto y ha empezado a mostrar zonas marrones. Debe guardarse a unos 10 ºC.