El mar se asocia, normalmente, con el buen tiempo, las vacaciones y el goce del tiempo libre. Sin embargo, son muchas las personas que disfrutan de los beneficios del mar durante todo el año, porque ¿no es de lo más placentero pasear al lado del mar incluso en invierno? ¿Y sentarse en la orilla a observar las olas o adentrarse en sus aguas?

El poder hipnótico que tiene el mar, el que nos lleva a admirarlo sin advertir el paso del tiempo, es el mismo que inspira a toda clase de artistas de todos los tiempos sus mejores obras, como estos 21 poemas sobre el mar de autores famosos que podrás compartir en tus redes sociales.

Es posible que las personas nos acerquemos al mar solo buscando un poco de paz, esa que nos regala el simple hecho de detener el acelerado ritmo del día para observar. Y así, sin pretenderlo, quizá sin saberlo, disfrutamos de una relajante meditación. Por un momento no existe más tiempo que el aquí y el ahora. Por un momento el mar se lleva hacia sus profundidades esos pensamientos que no han parado de arremolinarse en nuestra mente, como las olas al romper en la orilla.

EL MAR, MÁS ALLÁ DE LOS POEMAS

Seguro que has escuchado, incluso dicho, eso de “el mar lo cura todo”, y no es literatura, es una realidad científicamente probada. El mar no solo es medicina para nuestra alma y nuestra mente, sino que también aporta grandes beneficios a nuestro organismo, gracias, entre otras razones, a la alta concentración de sales minerales que tiene tanto su agua como la brisa que se respira.

Es este aire puro del que se disfruta con un simple paseo a la orilla del mar, el que limpia nuestros pulmones y mejora las enfermedades respiratorias, de la misma manera que un baño desinfecta las heridas en la piel y favorece su cicatrización, incluso alivia los síntomas de la psoriasis. Asimismo, tiene un efecto analgésico sobre el dolor de las articulaciones, convirtiéndolo en un efectivo remedio para los problemas reumáticos, y mejora la circulación de la sangre.

Sin lugar a dudas, el mar es fuente de vida, por eso es tan importante cuidarlo y proteger también su biodiversidad, ya que tampoco debemos olvidar que el mar nos aporta alimentos saludables, incluso algunos forman parte de los considerados popularmente como superalimentos por su completo valor nutricional.

LECTURA RECOMENDADA

¿Qué nos transmite el mar?

21 POEMAS SOBRE EL MAR DE AUTORES FAMOSOS

Mientras caminas por la orilla, disfrutas de la brisa sentada en el paseo de la playa o activas tu vitamina D tumbada en la arena después de un relajante baño, disfruta de estos 21 poemas sobre el mar de autores famosos que hemos escogido para ti.

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Poemas del mar

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1. Poemas al mar (Sara Búho)

Espérame, porque volveré.

Espérame nunca quieto,

siempre salvaje,

siempre en movimiento.

Tu caos es mi calma,

tus gigantes son mis pequeñas cosas.

No me ahoga tanta inmensidad.

Conserva sólo mis recuerdos,

que desde aquí yo los cuido

mientras te prometo que volveré.

 

Tú sólo guarda tu olor,

que yo ya viajo a través.

Tú sólo guarda la voz de tu sonido,

que ya hablaremos.

Tú sólo conserva la sal,

que ya veremos las heridas.

Tú sólo guarda tu arena

porque volveré

y te mostraré mis relojes,

y también que sólo era cuestión de tiempo

que me salvaras

otra vez.

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2. El mar (Idea Vilariño)

Tan arduamente el mar,
tan arduamente,
el lento mar inmenso,
tan largamente en sí, cansadamente,
el hondo mar eterno.

Lento mar, hondo mar,
profundo mar inmenso...

Tan lenta y honda y largamente y tanto
insistente y cansado ser cayendo
como un llanto, sin fin,
pesadamente,
tenazmente muriendo...

Va creciendo sereno desde el fondo,
sabiamente creciendo,
lentamente, hondamente, largamente,
pausadamente,
mar,
arduo, cansado mar,
Padre de mi silencio.

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3. El mar. La mar. (Rafael Alberti)

El mar. La mar.

El mar. ¡Sólo la mar!

 

¿Por qué me trajiste, padre, 

a la ciudad? 

¿Por qué me desenterraste 

del mar? 

 

En sueños la marejada 

me tira del corazón; 

se lo quisiera llevar. 

 

Padre, ¿por qué me trajiste 

acá?

 

Gimiendo por ver el mar, 

un marinerito en tierra 

iza al aire este lamento: 

¡Ay mi blusa marinera; 

siempre me la inflaba el viento 

al divisar la escollera! 

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4. Mar distante (Pedro Salinas)

Si no es el mar, sí es su imagen,
su estampa, vuelta, en el cielo.
Si no es el mar, sí es su voz
delgada,
a través del ancho mundo,
en altavoz, por los aires.
Si no es el mar, sí es su nombre
en un idioma sin labios,
sin pueblo,
sin más palabra que ésta:
mar.
Si no es el mar, sí es su idea
de fuego, insondable, limpia;
y yo,
ardiendo, ahogándome en ella.

 

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5. Gota pequeña (Dámaso Alonso)

Gota pequeña, mi dolor.

La tiré al mar.

Al hondo mar.

Luego me dije: ¡A tu sabor

ya puedes navegar!

 

Más me perdió la poca fe...

La poca fe

de mi cantar.

Entre onda y cielo naufragué.

Y era un dolor inmenso el mar.

 

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6. A la orilla del mar  (Salvador Espriu)

A la orilla del mar. Tenía
una casa, mi sueño,
a la orilla del mar


Altas proas. Por libres
caminos de agua, la esbelta
barca que yo guiaba.


Conocían los ojos
el reposo y el orden
de una pequeña patria.

Necesito contarte
qué miedo da la lluvia
en los cristales.
Hoy cae sobre mi casa
la noche oscura.

Las rocas negras
me atraen al naufragio.
Prisionero del cántico,
mi esfuerzo inútil,
¿quién me guía hacia el alba?


Junto a la mar tenía
una casa, mi sueño.

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7. A ti regreso, mar… (José Saramago)

A ti regreso, mar, al sabor fuerte
De la sal que el viento trae hasta mi boca,
A tu claridad, a esta suerte
Que me fue dada de olvidar la muerte
Aun sabiendo que la vida es poca.

A ti regreso, mar, cuerpo tendido,
A tu poder de paz y tempestad,
A tu clamor de dios encadenado,
De tierra femenina rodeado,
Cautivo de la propia libertad.

A ti regreso, mar, como quien sabe
De esa tu lección sacar provecho.
Y antes de que la vida se me acabe,
De toda el agua que en la tierra cabe,
En voluntad tornada, armaré el pecho.

8. El mar  (Jose Luis Borges)

Antes que el sueño (o el terror) tejiera

mitologías y cosmogonías,

antes que el tiempo se acuñara en días,

el mar, el siempre mar, ya estaba y era.

 

¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento

y antiguo ser que roe los pilares

de la tierra y es uno y muchos mares

y abismo y resplandor y azar y viento?

 

Quien lo mira lo ve por vez primera,

siempre. Con el asombro que las cosas

elementales dejan, las hermosas

 

tardes, la luna, el fuego de una hoguera.

¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día

ulterior que sucede a la agonía.

9. El mar (Pablo Neruda)

Necesito del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o solo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navios.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.
No son solo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven
que aquí llegó a vivir con sus incendios,
y sin embargo el pulso que subía
y bajaba a su abismo,
el frío del azul que crepitaba,
el desmoronamiento de la estrella,
el tierno desplegarse de la ola
despilfarrando nieve con la espuma,
el poder quieto, allí, determinado
como un trono de piedra en lo profundo,
substituyó el recinto en que crecían
tristeza terca, amontonando olvido,
y cambió bruscamente mi existencia:
di mi adhesión al puro movimiento.

10. Pausas I  (José Gorostiza)

¡El mar, el mar!
Dentro de mí lo siento.
Ya sólo de pensar
en él, tan mío,
tiene un sabor de sal mi pensamiento.

11. La mujer azul (Yannis Ritsos)

Se mojó la mano en el mar.

Se volvió azul, la mano.

Le gustó.

Se zambulló desnuda en el mar.

Se volvió azul.

Azules también su voz y su silencio.

La mujer azul.

Todos la admiraron.

Nadie la amó.

12. Yo tengo mis amores en el mar (Carolina Coronado)

¡Hijo del mar, espíritu querido!,

alto ingenio inmortal de la poesía,

escucha desde el mar este gemido

que mi amoroso corazón te envía:

yo te adoro en el mar, y yo he venido

a escuchar en sus hondas tu armonía

y en su brisa tu aliento a respirar,

porque están mis amores en el mar.

 

Muchas noches al rayo de la luna

te he visto en la mitad del Océano

maldiciendo el rigor de tu fortuna

y mi sombra hacia ti llamando en vano;

y a las olas que van una por una

a estrellarse en el muro gaditano,

les digo que te lleven mi cantar

cuando se tornen con la aurora al mar.

 

Sobre esa torre que en la noche oscura

brilla como la luz de tu mirada,

muchas veces también subo agitada

a mirar tu bajel desde la altura;

y si está su bandera enarbolada,

mi voz en las borrascas te conjura

para que puedan libres navegar

los amores que tengo en este mar.

 

Pregúntale a la tórtola africana,

si al cruzar por las costas españolas,

no me encontró llorando esta mañana

al pie de las marinas banderolas;

yo le rogué que fuera por las olas

a buscar a tu nave soberana,

y a decirte, poeta, en su cantar

que tengo mis amores en el mar.

 

Tú de mi juventud primer suspiro,

la primera ilusión de mis cantares,

el fecundo laurel del Manzanares,

cuyas hojas perfuman mi retiro;

tú cuya imagen en las olas miro,

porque eres hijo de los bellos mares,

escucha, si me puedes escuchar,

el amoroso adiós que doy al mar...

 

Perdón, amigos, si al sonar mi acento

en el último adiós de despedida,

la mente absorta en su ilusión querida

arrebató mi voz por un momento:

nunca de la amistad el sentimiento

mi agradecido corazón olvida;

pero mirad cuán grande es mi penar

que dejo mis amores en el mar.

 

Vagarosa ilusión del alma mía

es ya la imagen que en las olas veo;

pero es la sola dicha que poseo,

y venturosa en mi ilusión vivía;

y al dejar esa dicha que tenía,

cuando perderla para siempre creo,

sólo deciros puedo en mi cantar

que tengo mis amores en el mar.

 

Perdón, amigos, si empecé mi canto

a una memoria de eternal consuelo,

y por amante respetad mi duelo

si al recordar su nombre sufro tanto;

y por amante respetad mi llanto

si en esta agitación y este desvelo

al deciros adiós vengo a llorar

¡porque dejo su tumba en ese mar!

 

Harto dolor aguarda a mi existencia

lejos del mar que mi tristeza calma,

y harta paciencia necesita el alma

para sufrir, amigos, esta ausencia;

pero si logro al fin con la paciencia

de mi martirio conquistar la palma,

yo volveré después de mi penar

a buscar mis amores en el mar.

 

Más tarde o más temprano mi barquilla

naufragará en la costa gaditana,

y arrojará la mar hasta la orilla

entre la espuma mi reliquia humana;

y esa poetisa, que me nombra hermana,

os dirá con su voz clara y sencilla:

«Aquí vino su sombra a descansar,

porque están sus amores en el mar».

13. Mira al mar infinito  Walt Whitman

Mira el mar infinito.
Sobre su pecho sale a navegar un navío
Que despliega sus velas, incluidas las de gavia.
Su pendón ondea en lo alto mientras aumenta
Su velocidad de manera majestuosa.
Debajo, las olas rivalizan,
Rodean al barco, apiñándose,
Con brillantes movimientos circulares y espuma.

14. Frente al mar (Alfonsina Storni)

Oh mar, enorme mar, corazón fiero

De ritmo desigual, corazón malo,

Yo soy más blanda que ese pobre palo

Que se pudre en tus ondas prisionero.

 

Oh mar, dame tu cólera tremenda,

Yo me pasé la vida perdonando,

Porque entendía, mar, yo me fui dando:

«Piedad, piedad para el que más ofenda».

 

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.

Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.

Hazme tener tu cólera sin nombre:

Ya me fatiga esta misión de rosa.

 

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,

Me falta el aire y donde falta quedo,

Quisiera no entender, pero no puedo:

Es la vulgaridad que me envenena.

 

Me empobrecí porque entender abruma,

Me empobrecí porque entender sofoca,

¡Bendecida la fuerza de la roca!

Yo tengo el corazón como la espuma.

Mar, yo soñaba ser como tú eres,

Allá en las tardes que la vida mía

Bajo las horas cálidas se abría...

 

Ah, yo soñaba ser como tú eres.

 

Mírame aquí, pequeña, miserable,

Todo dolor me vence, todo sueño;

Mar, dame, dame el inefable empeño

De tornarme soberbia, inalcanzable.

 

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.

¡Aire de mar!... ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo!

Desdichada de mí, soy un abrojo,

Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

 

Y el alma mía es como el mar, es eso,

Ah, la ciudad la pudre y la equivoca;

Pequeña vida que dolor provoca,

¡Que pueda libertarme de su peso!

 

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...

La vida mía debió ser horrible,

Debió ser una arteria incontenible

Y apenas es cicatriz que siempre duele.

15. Avería en el mar (Gloria Fuertes)

El mar se acaba en el mar
en su tejado de olas,
que tienen forma de tejas
y forma de caracolas.

En los tejados del mar,
adivinanza adivina,
las brujas son los delfines
y los gatos las sardinas.

En los tejados del mar,
cuando se rompe una teja,
se sale el mar como loco
y se asustan las sirenas;
a esto lo llamo avería,
otros lo llaman galerna.

Y Dios es el albañil
que baja a arreglar las tejas.

16. Hace gimnasia el mar (Miguel Moreno Monroy)

Las olas se levantan:

hace gimnasia el mar;

arriba, niñas blancas,

hacia el azul final.

Ahora, de puntillas,

tocan la inmensidad

sus dedos estrellados

de agua, de luz y sal.

Se inclinan, corren, saltan

como quien va a cazar

celestes mariposas

de espuma y de cristal.

Bajo el sol de la tarde,

hace gimnasia el mar.

17. Donde habite el olvido: VI (Luis Cernuda)

El mar es un olvido,

una canción, un labio;

el mar es un amante,

fiel respuesta al deseo.

 

Es como un ruiseñor,

y sus aguas son plumas,

impulsos que levantan

a las frías estrellas.

 

Sus caricias son sueños,

entreabren la muerte,

son lunas accesibles,

son la vida más alta.

 

Sobre espaldas oscuras

las olas van gozando.

18. Soledad (Juan Ramón Jiménez)

En ti estás todo, mar, y sin embargo,

¡qué sin ti estás, qué solo,

qué lejos, siempre, de ti mismo!

Abierto en mil heridas, cada instante,

cual mi frente,

tus olas van, como mis pensamientos,

y vienen, van y vienen,

besándose, apartándose,

en un eterno conocerse,

mar, y desconocerse.

Eres tú, y no lo sabes,

tu corazón te late y no lo siente...

¡Qué plenitud de soledad, mar solo!

19. Frente al mar  (Octavio Paz)

¿La ola no tiene forma?
En un instante se esculpe
y en otro se desmorona
en la que emerge, redonda.
Su movimiento es su forma.

Las olas se retiran
¿ancas, espaldas, nucas?
pero vuelven las olas
¿pechos, bocas, espumas?.

Muere de sed el mar.
Se retuerce, sin nadie,
en su lecho de rocas.
Muere de sed de aire.

20.  El mar es un olvido - Jorge Guillén

El mar es un olvido,
una canción, un labio;
el mar es un amante,
fiel respuesta al deseo.

Es como un ruiseñor,
y sus aguas son plumas,
impulsos que levantan
a las frías estrellas.

Sus caricias son sueños,
entreabren la muerte,
son lunas accesibles,
son la vida más alta.

Sobre espaldas oscuras
las olas van gozando.

21. Ocaso - Manuel Machado

Era un suspiro lánguido y sonoro

la voz del mar aquella tarde... El día,

no queriendo morir, con garras de oro

de los acantilados se prendía.

 

Pero su seno el mar alzó potente,

y el sol, al fin, como en soberbio lecho,

hundió en las olas la dorada frente,

en una brasa cárdena deshecho.

 

Para mi pobre cuerpo dolorido,

para mi triste alma lacerada,

para mi yerto corazón herido,

para mi amarga vida fatigada...

¡el mar amado, el mar apetecido,

el mar, el mar, y no pensar nada…!