Calabacín

Esta hortaliza ligera y suave de la que se come su fruto y sus flores, es muy saludable y ofrece muchas posibilidades en la cocina.

La naturaleza creó el calabacín para los paladares con capacidad de apreciar lo sutil. Junto a su delicado sabor ofrece nutrientes en gran cantidad, y eso que es una refrescante verdura veraniega.

Los primeros en disfrutar de un alimento que debió ser parecido al actual calabacín fueron los indígenas norteamericanos.

Se sabe que los miembros de la nación Narrangansett, el "pueblo de cabeza pequeña", que vivía en lo que hoy es Rhode Island (Estados Unidos), llamaban al calabacín askutasquash, que significa "algo que se come crudo", palabra de la que deriva el término inglés squash: calabaza.

También existen referencias de su cultivo en América Central hace siete milenios. Estos datos parecen indicar que el origen de la planta debe de ser americano.

No obstante, existe la teoría de que el calabacín (Curcubita pepo pepo giromontiina) que todos conocemos fue fruto de un afortunado cruce genético, ocurrido en algún huerto cerca de Milán a finales del siglo XVIII

A lo largo de la década de 1920, los emigrantes italianos se lo llevaron a América para que no faltara en sus comidas familiares. Así fue cómo volvió un descendiente del calabacín a su madre patria.

 

Propiedades del calabacín

El calabacín se ha beneficiado del interés creciente por la salud y la silueta. Como contiene bastante agua y fibra, llena el estómago y no falta en las dietas de adelgazamiento, siempre y cuando no se consuma frito.

Un calabacín de 250 g aporta solo unas 48 calorías, pero acompañadas de abundante fibra y cantidades notables de nutrientes esenciales: ácido fólico, potasio, hierro, manganeso, vitamina A y vitamina C (teniendo en cuenta que esta última solo se aprovecha si se consume crudo o ligeramente cocido al vapor).

Vitaminas

Siempre que se consuma crudo o ligeramente cocido al vapor, destaca su contenido de vitamina C. Un calabacín mediano crudo (250 g) aporta el 60% de las necesidades diarias.

Es significativa la presencia de vitaminas del grupo B, esenciales para la obtención de energía. Importante es la cantidad de ácido fólico, vitamina decisiva para la salud del sistema nervioso y el sistema inmunitario.      

Minerales

Además del potasio, que contribuye a regular la tensión arterial y la distribución de líquidos en el cuerpo, el calabacín proporciona tres minerales esenciales para el buen estado de los huesos: calcio, fósforo y magnesio.

Otro mineral presente en dosis significativas es el hierro. Un calabacín de 250 g aporta de media 3,8 mg, que supone el 25% de las necesidades diarias, aunque no se asimilen en su totalidad.

Fibra

En comparación con otras hortalizas aporta una proporción menor de fibra, pero es muy rica en mucílagos, unos compuestos que protegen la mucosa del sistema digestivo y favorecen la flora intestinal beneficiosa.

Son responsables de la buena fama del calabacín como alimento digestivo, indicado en casos de alteraciones como gastritis y estreñimiento.

Beneficios del calabacín

La composición del calabacín hace de él un ingrediente ideal en dietas para personas con sobrepeso, hipertensión, problemas digestivos, estreñimiento o retención de líquidos.

También las madres son grandes defensoras del calabacín. Su suavidad, sabor, textura y calidad nutritiva hacen del calabacín la primera hortaliza en la vida de muchos niños, normalmente en forma de crema, puré o pastel.

Gracias a los pequeños, el calabacín ha reconquistado muchos hogares. En algunos hasta se atreven a cultivarlos, pues en una maceta grande su cuidado es sencillo.

Es, además, una gran fuente de antioxidantes. Se recomienda comerlo con piel, pues es ahí donde se encuentran la mayoría de nutrientes.

El calabacín en la cocina

El calabacín se encuentra entre una de las hortalizas más versátiles en la cocina, porque puede ser la base de la preparación, pero también puede convertirse en guarnición de un segundo plato o incorporarse como complemento en arroces, pasta, ensaladas, tortillas o cremas.

Como estrella del plato, se puede presentar relleno, cortado en tronquitos o barquitas. En cambio, si lo cortamos en bastoncitos, rodajas o láminas finas, se complementará sabrosamente con salsas y aliños de todo tipo.

Con el calabacín combinan desde carnes y pescados hasta quesos y otras verduras. En cuanto a las especias, se puede condimentar con comino, cúrcuma o curry y acompañarlo entonces con arroz, cuscús o cereales hervidos.

Y en el caso de las hierbas aromáticas, casa muy bien con la menta y la albahaca, pero también el cebollino, el estragón, el eneldo e incluso el clásico perejil le serán sumamente complementarios.

Conserva todas sus propiedades

Para aprovechar al máximo sus propiedades es mejor no pelarlos (es mejor consumirlos de cultivo biológico por esta razón) y en caso de que se cueza, es aconsejable no tirar el agua resultante.

Esta agua se puede reutilizar para hacer sopas o cremas, ya que una buena proporción de las vitaminas contenidas en la piel del calabacín se disuelven en el agua.

Seguramente la mejor forma de comer el calabacín –especialmente el tierno de pequeño tamaño– sea crudo o con un ligero golpe de vapor.

Para ello, una vez lavados, se puede rallar finamente o pasarlos por un espirilizador que lo convierta en espaguetis vegetales. 

Las flores del calabacín, de sabor dulce con una nota amarga, se pueden consumir crudas en ensaladas, cocidas al vapor con otras verduras, fritas o rebozadas.

Compra y conservación

En el frigorífico es mejor conservar los calabacines en el verdulero, en el que se mantendrán en perfecto estado 3 o 4 días. Después su textura se volverá algo flácida, aunque seguirán siendo aptos para el consumo. En ese caso es mejor dedicarlos a la preparación de sopas y cremas o tortillas.

Al guardarlos, conviene también mantenerlos separados de frutas y tomates, ya que estos últimos desprenden etileno, que puede acelerar el deterioro del calabacín.

Otra opción es escaldarlos entre tres y cinco minutos para destruir su carga enzimática, que puede alterarlo, y a continuación introducirlos en el congelador.

Las seis variedades más comunes

  • Minicalabacines. De cosecha muy temprana, se comen crudos en ensalada.
  • Verdes. Son los calabacines alargados, típicos del Mediterráneo. Aromáticos, de textura firme y aptos para rebozar. La subvariedad «sofía» es de color oscuro, y la «samara», verde brillante.  
  • Claros. Los Grison son verde claro y con puntos grises, y los Clarita, más blancos.
  • Amarillos. Dulces y de textura más blanda. Se utilizan en sopas y cremas.
  • Redondos. Se conocen como zapallos en Latinoamérica. Verdes, se prestan para rellenar.
  • Calabacín con flor. Una delicatessen. Su piel es muy tierna; la pulpa, firme y fundente a la vez.
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