Lo que dice su trazo

Qué reflejan los dibujos de los niños

Lourdes Mantilla (psicóloga clínica)

Todos los niños dibujan y solo a partir de cierta edad la preocupación por "no hacerlo bien" puede desanimarles. Los padres deben estimularles en esa labor, que contribuye notablemente a su desarrollo.

Todos los niños dibujan de forma espontánea desde que pueden sujetar un lápiz o un color y, aunque no todos tienen las mismas capacidades, es importante potenciar y motivar esta actividad lúdica que, además de ser la base de otros aprendizajes, se convierte en un lenguaje a través del cual los niños también se expresan.

Los psicólogos infantiles y también algunos médicos conocen la riqueza de estas producciones y las utilizan y entienden como un medio donde el niño proyecta su personalidad, su fantasía, sus temores y el conjunto de sus emociones.

A lo largo de este artículo ofreceremos una serie de pistas para poder facilitar la comprensión de los dibujos, no tanto con intención de que los padres interpreten los dibujos de sus hijos como para que puedan conocerlos un poco más y acercarse de otro modo a su rico mundo interior.

Aprender a dibujar: un camino de varias etapas

Dibujar requiere, además de la destreza natural, cierto aprendizaje pero sirve, a su vez, como la base necesaria para otros aprendizajes. Así, al igual que se precisa de cierto dominio y maduración de la motricidad para comenzar a dibujar, el propio ejercicio del dibujo estimula y potencia la motricidad fina.

La motricidad fina, que se desarrolla con el dibujo, es la base para poder empezar a escribir, a recortar, etc.

Evidentemente, no todos los niños tienen la misma habilidad para dibujar: unos lo hacen con más soltura y eso puede hacer que por comparación algunos se echen atrás y digan que no quieren dibujar o que no saben.

Por eso es importante que los adultos alienten y favorezcan el dibujo como una actividad que produce diversión y entretenimiento, sin entrar a juzgar o a valorar su calidad.

Es importante que los adultos alienten el dibujo, sin juzgar ni valorar su calidad.

Al mismo tiempo, hemos de tener en cuenta que todos los niños suelen pasar por las mismas etapas en cuanto a la evolución del dibujo. Véamoslas:

  • A partir de los 18 meses, aproximadamente, los pequeños llevan a cabo sus primeros pinitos gráficos. Son los conocidos garabatos, trazos fruto de la motricidad sin ningún tipo de intención figurativa ni de parecido con la realidad, aunque ellos puedan identificarlos como "una pelota, una casa, una mamá". Estos primeros esbozos facilitan la coordinación de la vista con el movimiento.
  • Entre los 2 y 3 años intentan llevar a cabo una representación de lo que ven en su entorno: casas, personas, montañas, árboles, coches... e intentan reproducirlo con la máxima fidelidad posible. Como no son muy críticos consigo mismos, para ellos se trata casi de una copia exacta.
  • A partir de los 3 años los niños ya pueden expresar lo que quieren dibujar antes de realizarlo, con lo que demuestran que el pensamiento precede al propio dibujo. Se abandona el garabato para pasar a una etapa más esquemática y con más interés por reproducir la realidad. Poco a poco veremos que lo interesante del dibujo es que les da pie a explicar historias acerca de él. Ya no ocurre como antes –"esto es una casa"–, sino que a medida que van creciendo lo importante, para ellos, es la aventura que crearán a partir de esa casa. El cuerpo humano es uno de los temas favoritos porque ahora están construyendo la idea de su imagen corporal y la van reafirmando a través del grafismo.
  • A los 5 y 6 años los dibujos siguen siendo muy simples pero cada vez hay más elementos representados en la hoja.
  • Después de los 8 años se amplía la temática y los dibujos no solo expresan la realidad sino su fantasía y pueden convertirse en una verdadera película de dibujos animados, comenzando con un personaje imaginario al que le van pasando cosas que el niño va representando: luchas, ataques, mutaciones... y acabando con la página repleta de personajes e historias. En esta etapa los niños son más autocríticos y muchos comienzan a querer dejar de dibujar por considerarse poco habilidosos.

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Fomentar la creatividad animándoles a dibujar

Es muy importante fomentar la creatividad de los niños en todas sus áreas: plástica, escrita, verbal y también el dibujo. El niño creativo es más abierto, tiene más facilidad de comunicación, se integra mejor en todos los ambientes y acaba teniendo un buen nivel de autoestima.

Conviene, por tanto, que los padres estimulen la creatividad de sus hijos. No se trata de fantasear pensando que se está dando salida a un genio, sino de ayudarles a expresarse más libremente. Para incentivar que los niños sigan dibujando es necesario:

  • Motivarles ofreciéndoles el material adecuado a su edad: ceras, pintura de dedos, colores, papeles grandes, pizarras... En suma, cualquier cosa y lugar que favorezca que en un momento dado se pongan a dibujar o a pintar.
  • Estar atentos a sus interpretaciones. Si para ellos eso es un avión, aunque parezca un submarino debemos dejarles crear y opinar libremente.
  • Olvidarnos de las comparaciones, puesto que cada niño tiene su evolución personal, sus habilidades y sus temas de dibujo predilectos.
  • Reforzar su producción a través de nuestros comentarios y elogios, enmarcando sus dibujos para colgarlos en algún lugar de la casa o utilizándolos como felicitación o tarjeta de visita.
  • Evitar las críticas al coloreado, temas, formas, distribución de los elementos, etc., ya que todos estos factores son así porque expresan el mundo interno del niño. Si queremos acercarnos a ese mundo debemos respetar su expresión

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Psicodiagnóstico a través del dibujo

Los psicólogos infantiles utilizan el dibujo como herramienta diagnóstica partiendo de la idea de que a través del dibujo el niño proyecta buena parte de su mundo interno.

Las pruebas más utilizadas son el Test de la Familia y el llamado HTP. Se le pide al niño que pinte a su familia y se analiza la jerarquía de los distintos miembros y la relación de él con cada uno de ellos.

En el test HTP (siglas inglesas de Casa, Árbol, Persona), la casa reflejaría la visión que tiene el niño de la vida doméstica y de las relaciones familiares; a través del árbol se muestra la imagen más inconsciente que tiene de sí mismo, así como de sus conflictos internos; la persona expresaría cómo se ve el niño a sí mismo y cómo se relaciona con el exterior.

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Señales de alerta en los dibujos de los niños

Los niños pequeños son muy transparentes y expresan cómo se sienten en muchos de sus actos. No conviene interpretar o psicologizar por sistema sus creaciones, pero sí saber qué problemas pueden reflejarse en ellos.

Cuando en los dibujos de un niño aparecen de forma regular determinados elementos podemos pensar que este niño puede estar pasando un mal momento emocional e incluso considerar que tiene algún problema psicológico. Los elementos más importantes para tener en cuenta son:

Inhibición o inseguridad:

  • Dibujos excesivamente pequeños.
  • Tendencia a hacer los dibujos en un rincón de la hoja.
  • Empleo de un trazo muy suave e incluso débil.
  • Contenidos muy pobres y poco variados.
  • Uso frecuente de la goma para borrar.

​Tristeza o depresión:

  • Dibujos muy esquemáticos y con pocos detalles.
  • Poco colorido o predominancia reiterada del color negro.
  • Muchos espacios vacíos entre los distintos elementos.
  • Apatía al empezar o dificultad para acabar el dibujo.

Tensión y ansiedad:

  • Dibujo continuo de monstruos o personajes terroríficos.
  • Aparición frecuente de objetos agresivos: pistolas, espadas, bombas...
  • Tendencia a sombrear siempre los distintos elementos del dibujo.
  • Preferir el tachado al borrado a la hora de rectificar.

Si observamos una tendencia continuada a utilizar los elementos descritos y existen otras señales que puedan reafirmar la impresión de que puede haber algún problema (desgana general, tristeza, enfado permanente, rebeldía, dificultades a la hora de dormir...), es conveniente hablar en primer lugar con el tutor para compartir la preocupación y contrastar el estado del niño en clase.

Si de todo ello se deduce que el niño lo está pasando mal, puede realizarse la consulta a un psicólogo infantil que dé las orientaciones necesarias.

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¿Qué reflejan los dibujos?

Sin ánimo de convertirnos en psicólogos de nuestros hijos, no está de más tener cierta ayuda que nos permita entender un poco más sus dibujos.

El color de los dibujos

El color de un dibujo proyecta el estado de ánimo y la personalidad. En la época de los garabatos el uso del color es indistinto y responde a su atractivo; más adelante irá cobrando sentido aunque solo cabe atribuírselo si se emplean ciertos colores repetida y exclusivamente.

Cada color suele expresar un estado de ánimo:

  • Amarillo. Expresa la alegría, la desinhibición y la felicidad; suele ser utilizado por niños inteligentes y con buen estado de ánimo.
  • Marrón. Muestra el lado más sensitivo y es utilizado por niños con cierta inseguridad.
  • Rojo. Es el preferido de los niños con mucha energía y fuerza vital y que suelen ser muy impulsivos; un empleo excesivo del rojo podría indicar hostilidad y agresividad.
  • Verde. Suele expresar sosiego y autoestima. Si se abusa de él o se aplica a elementos que no corresponden habla de niños que toleran mal la frustración y desean llamar la atención de modo persistente.
  • Azul. Es la expresión de una personalidad serena y estable, y de paz emocional. Suelen usarlo niños tranquilos y ordenados que se encuentran bien consigo mismos y con su entorno.
  • Negro. Si se utiliza con mucha frecuencia puede mostrar tanto un niño triste y depresivo como un niño violento con mucha ira y rebeldía contenidas.

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La disposición de los elementos

El modo en que los niños distribuyen los distintos elementos que configuran el conjunto de un dibujo sobre el papel también responde a unos indicadores emocionales, por lo que es conveniente estar atentos a esa distribución.

  • Un dibujo bien centrado suele mostrar a un niño organizado y seguro de sí mismo, mientras que un dibujo descentrado podría indicar una mayor inmadurez, inseguridad y dependencia.
  • Si el dibujo tiende a situarse en el lado derecho cabe pensar en un niño con buena estabilidad y control emocional, aunque también con cierta tendencia a la introversión.
  • El lado izquierdo, por el contrario, es el preferido de los niños más abiertos, pero con mayor impulsividad y menor tolerancia a la frustración.
  • La parte superior del papel corresponde a la fantasía. Un dibujo ubicado predominantemente en esa zona puede ser obra de un niño muy fantasioso y que podría tener problemas con su entorno, por lo que tiende a evadirse.
  • La parte inferior denota el contacto con la realidad y es utilizada por los niños que tienen pocos problemas y están bien con su medio; aunque si el dibujo parece que se salga de la hoja por abajo y en el centro o arriba no aparece nada podría tratarse de niños muy inseguros, con baja autoestima y problemas de relación con los demás.

El tamaño de los dibujos

El tamaño de un dibujo, en primer lugar, guarda relación con la edad y suele tomar la proporcionalidad adecuada conforme el niño crece y madura psicológicamente. En cualquier caso, el tamaño permite comprender sobre todo el nivel de autoestima, aceptación y relación social.

  • Los dibujos muy pequeños pueden traducir sentimientos de inferioridad y suelen corresponder a niños retraídos, inseguros y vergonzosos; mientras que los dibujos excesivamente grandes hablarían de niños más abiertos pero a su vez con poca aceptación social, tendentes a sobrepasar los límites y las normas.
  • Asimismo conviene tener en cuenta que los niños tienden a expresar la importancia de los distintos elementos del dibujo mediante su tamaño. De ese modo, los personajes u objetos significativos siempre serán mayores que aquellos menos importantes y que aparecerán más pequeños.

Además de lo que hemos descrito acerca de la faceta creativa y expresiva de la personalidad de los niños, no hemos de olvidar que el dibujo cumple también una función muy importante en su proceso de aprendizaje, principalmente en lo que tiene que ver con la escritura.

Así, al mismo tiempo que dibujan, los niños aprenden a dominar el trazo, a controlar los límites del espacio mediante el coloreado y a regular la presión que ejercen sobre la hoja. A todos estos elementos prácticos que serán de gran interés a la hora de empezar a escribir, hay que sumarles la influencia del dibujo en la maduración y coordinación visual y psicomotriz, así como en la organización espacial.

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