Guía de alimentos

Dátil

Como el resto de frutas desecadas, el dátil presenta un elevado porcentaje de nutrientes y calorías (275 por cada 100 g). El 65% de su peso lo constituyen azúcares fácilmente asimilables (glucosa y fructosa) que unidos al aporte de vitamina B5 (responsable de la transformación de grasas y carbohidratos en energía) lo convierten en un preciado reconstituyente en casos de esfuerzo físico e intelectual. En el deporte, ayuda a recuperarse más rápido tras un gran desgaste. Es rico en potasio (650 mg por cada 100 g), por lo que combate la retención de líquidos y su contenido en magnesio y triptófano ayudan a conciliar el sueño. También destaca su aporte en hierro y en niacina o vitamina B3, que disminuye el colesterol y la presión arterial. Por su fibra soluble se recomienda igualmente frente al estreñimiento. 

“Con los pies en el agua y la cabeza en el fuego”. Así describe un proverbio árabe las condiciones ideales para cultivar la palmera datilera (Phoenix dactylifera), exactamente las que se han dado en ciertas zonas desde el Valle del Indo, en Pakistán, hasta Marruecos, la enorme franja que constituye su hábitat natural, aprovechando las vetas subterráneas de agua. Para la mayor parte de nosotros, los dátiles (del griego daktulos, «dedos») no pasan de ser una fruta ligada a la Navidad o a recetas exóticas. Pero aún quedan pueblos cuya dieta se basa casi exclusivamente en cereales, leche y dátiles, y que llegan a consumir hasta 200 kilos por persona y año.

 

Un tesoro por explorar
Aparte de los beneficios mencionados, los dátiles también resultan beneficiosos en afecciones estomacales e intestinales asociadas a inapetencia. Por su riqueza en sustancias mucilaginosas, bien maduros y cocidos en leche, suelen administrarse para ablandar y suavizar las vías respiratorias en caso de dolor de garganta, catarros, faringitis, bronquitis, tos, etc. En naturopatía se prescriben en casos de asma, fatiga ocular o trastornos del hígado.

La medicina tradicional china también los emplea con frecuencia. Por su naturaleza, los identifica con el sabor dulce y los describe como uno de los alimentos cotidianos de mayor poder curativo, como el arroz o el jengibre. Para esta disciplina, los dátiles tonifican la sangre y el chi (energía vital), favoreciendo la limpieza del aparato circulatorio y reduciendo la presión arterial. No se aconseja abusar de ellos en caso de diabetes, obesidad o trastornos gástricos con acidez de estómago. Asimismo, si no se tiene una buena higiene dental hay que ir con cuidado con su consumo, ya que por su riqueza en azúcares y su textura pegajosa pueden provocar caries. El dátil, además, contiene tiramina, una sustancia vasoconstrictora que puede desencadenar migrañas en personas sensibles.
 

Cómo prepararlos
Nuestra relación con los dátiles suele ser bastante vaga, sencillamente porque no disponemos de un recetario que los incluya. Para prepararlos, hay que empezar por deshuesarlos y pelarlos, pues la piel ni sabe a nada ni se digiere. Lo más práctico suele ser remojar los dátiles en agua. Con ello se consiguen dos cosas: facilitar su pelado y deshuesado, e hidratarlos para matizar su dulzor a nuestro gusto.

Tal cual han quedado podemos rellenarlos con queso fresco y menta, o con tofu o lo que nos sugieran. Así rellenos se pueden tomar como aperitivo, como entrante acompañados de ensalada, como guarnición de un segundo plato o como postre. Otra deliciosa presentación es envueltos (rellenos o no) en bechamel, arroz, puré de tofu, de garbanzos, etc. Después se moldean, se empanan y se fríen para obtener nutritivas croquetas.

Rallarlos es práctico para dar a las recetas un toque de sabor y usarlos en rellenos de sándwiches, en canapés o en sopas, ensaladas, sofritos, mojos y pestos, patés, masas de filetes rusos, albóndigas, salsas para pasta y un largo etcétera. En rodajas gruesas sugieren otras preparaciones, como pistos, quiches y empanadas, revueltos, salteados de verduras, arroces y legumbres; creaciones en las que se quiera que este ingrediente se note.